Apócrifos-0

INTRODUCCIÓN

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Escritos completos o fragmentarios que pertenecen al género literario «evangelio», por tratar de los hechos y palabras de Jesús, y que por las más diversas razones no han sido reconocidos por la comunidad cristiana como libros pertenecientes al canon del Nuevo Testamento. Conocemos más de setenta libros, completos o fragmentarios, que caen dentro de esta interesante familia literaria; en conjunto, representan las más variadas ideologías, formuladas por distintos círculos cristianos, o incluso por grupos marginales o heterodoxos (gnósticos, etc.). En general, se escribieron entre los siglos II y IV, tanto en ambiente judeocristiano como en entornos provenientes del paganismo; no obstante, los hay tardíos, compuestos ya al final de la Alta Edad Media. Algunos de los más conocidos son el Evangelio del Pseudo-Mateo, el Protoevangelio de Santiago y otros; aparte, hay noticias indirectas sobre otros Apócrifos que parecen definitivamente perdidos, como el Evangelio de los hebreos, el Evangelio de los doce o de los ebionitas, el Evangelio de los egipcios, el Evangelio de Matías, el Evangelio gnóstico de Tomás, etc. En especial, ha resultado muy enriquecedora la recuperación de pasajes de los Evangelios Apócrifos a partir de fragmentos papiros, que han merecido los esfuerzos de la crítica especializada en las últimas décadas.

El adjetivo apócrifo procede del lat. apocryphus, y éste del gr. apokrufoj ´oculto´. Con este término, se designaba en el pasado a aquellos libros de origen dudoso que servían para el culto de diversas sectas, dentro y fuera de la religión cristiana. Con el paso del tiempo, el término se cargo de connotaciones peyorativas, al indicar que un escrito era lisa y llanamente falso o que correspondía a una desviación herética. En su conjunto, se otorga la denominación de Evangelios Apócrifos a un conjunto de escritos que amplifican el Nuevo Testamento y brindan una información complementaria, a veces muy detallada, respecto de pasajes en los que las Sagradas Escrituras se muestran en extremo concisas; resta decir que la condición de apócrifos se la otorga el hecho de que no hayan conseguido el reconocimiento de la Iglesia y que permanezcan ajenos al Canon Sagrado, constituido por la obra de los Cuatro Evangelistas.

A pesar de ello, estos escritos han ejercido un peso formidable en la tradición cristiana, como vemos en el misterio de la Epifanía, muchos de cuyos detalles proceden, directamente, de los Evangelios Apócrifos, como el hecho de que los Magos de Oriente sean presentados como Reyes. En conjunto, la literatura cristiana apócrifa se estructura del mismo modo que el Canon: Evangelios, Hechos, Epístolas y Apocalipsis. Aparte, contamos con Evangelios Apócrifos alusivos al Antiguo Testamento, que utilizan para referirse luego al advenimiento de Cristo y su paso por el mundo, como los llamados Libro de Henoch, Apocalipsis de Baruc o Ascensión de Isaías.

En conjunto, los Evangelios Apócrifos abordan los siguientes momentos o bloques temáticos del Nuevo Testamento:

(1) La Natividad, como el Protoevangelio de Santiago griego, reelaborado en el texto latino del Pseudo-Mateo o en el De Nativitate Mariae.

(2) La Infancia de Jesús, como el Pseudo-Tomás griego y sus derivados latinos, el Evangelio árabe de la infancia y la Historia de José el Carpintero; aparte, hoy se consideran testimonios principales el Evangelio armenio de la infancia o el Evangelio latino de la infancia.

(3) La Pasión, como el Evangelio de Pedro o el Evangelio de Bartolomé.

(4) La Asunción de la Virgen, como el Libro de San Juan Evangelista, la Homilía de San Juan Evangelista o la Narración de José de Arimatea.

Aparte de los citados, hay otros textos que no encajan en ninguna de estas categorías.

En conjunto, los Evangelios Apócrifos reflejan las inquietudes y deseo de colmar lagunas en la vida de Cristo por parte de las primitivas comunidades cristianas. Las distintas leyendas sagradas que recorrieron el Mediterráneo Oriental (en las que, por lo común, aparecía el nombre de alguno de los Apóstoles para demostrar su autenticidad) cuajaron en textos que, a su vez, se enriquecieron y contaminaron con relatos de una gran variedad y riqueza. Al mismo tiempo, los derroteros seguidos por la Iglesia primitiva, con la formación de grupos desviacionistas y herejías, se puede seguir al menos en parte gracias a este cuerpo de textos; a ese respecto, hay textos que responden al deseo de atajar alguna herejía, como es el caso del Protoevangelio de Santiago, que pretendía acabar con las dudas sobre la virginidad de María.

Evangelio de FELIPE

Evangelio de TOMÁS

Evangelio de VALENTÍN

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