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Arquitectura.Ciencia
que se ocupa de proyectar y construir edificios y monumentos: su sueño
era poder estudiar arquitectura algún día. Estilo artístico
particular que presenta un edificio o un monumento: la arquitectura futurista
busca nuevas formas y diseños. Conjunto de diseños, proyectos
y edificaciones de carácter unitario (por desarrollar una misma
función o pertenecer a un mismo arquitecto, a un área geográfica
determinada o a un monumento histórico concreto): las arquitecturas
del Japón buscan crear un diálogo poético con la
naturaleza.
Arquitectura
civil. Ciencia que se ocupa de la construcción de edificios
no destinados al culto religioso.
Arquitectura
hidráulica. Ciencia que se ocupa de conducir y aprovechar
las aguas o de construir obras debajo de ellas.
Arquitectura
militar. Ciencia que se ocupa de proyectar y construir fortificaciones.
Arquitectura
naval. Ciencia que se ocupa de proyectar y construir embarcaciones.
Arquitectura
religiosa. Ciencia que se ocupa de proyectar y construir edificios
destinados al culto religioso.
Sinónimos.
Edificación, construcción, proyecto, urbanización,
trazado, cimentación, disposición, aspecto, estructura,
forma, orden, software, soporte lógico.
Frente al resto de las artes, la arquitectura integra un fin estético
con un claro fin utilitario; así presenta un aspecto técnico
que sigue unas determinadas reglas, propias de su asociado la construcción,
con el objeto de crear obras adecuadas a su propósito, al tiempo
que como arte debe ser capaz de provocar un placer estético. Atendiendo
a estos dos conceptos no se debe confundir la definición de Arquitectura
como resultado, con la de las técnicas que hacen posible este resultado.
En este sentido cabe preguntarse si toda construcción, por elemental
que sea, es arquitectura, para concluir que por el contrario Arquitectura
es el resultado de una intención consciente de crear, mientras
que el simple conjunto de conocimientos sobre materiales y técnicas,
medio para la ejecución del edificio ideado, es construcción.
Pese a la claridad que aparentemente presenta la palabra arquitectura,
definida como el arte de construir, no existe estrictamente una definición
convincente y que ofrezca una validez universal. Cada etapa o cada corriente
ha producido sus propias definiciones. Como tal, el concepto de arquitectura
como ‘arte de construir’ fue empleado por Alberti en el primer
tratado que existe, estrictamente, sobre teoría de la arquitectura,
De re aedificatoria (1485); este autor, incluso en el propio título,
desdeña, la idea de que la arquitectura fuera una simple aplicación
matemática, como había expuesto Vitrubio. Sin embargo la
denominación de arquitectura como ‘arte de construir’,
procede de la tradición neoclásica francesa y no se incluye
en los tratados escritos hasta después de 1750; pero es en el Renacimiento
donde se empiezan a separar estas cuestiones, hasta entonces raramente
se establece la distinción entre arquitectura y construcción,
la arquitectura como arte y la construcción como técnica,
al igual que es el momento en el que se varía la consideración
del artista, que pasa de ser un trabajador manual a una persona que trabaja
con el intelecto. Una de las características determinantes de la
arquitectura a lo largo de los siglos y que, de alguna forma, la distancia
del resto de las denominadas Bellas Artes, es que está construida
para perdurar; esta idea determina que muchos edificios no siempre hayan
desempeñado el mismo papel que actualmente les atribuimos, y que
por supuesto cuando se construyeron apenas valoraran la función
artística ya que imperaba, ante todo, la función utilitaria.
Éste sería el caso de una gran parte de la arquitectura
doméstica y específicamente de la denominada arquitectura
popular, o los ejemplos, tan de moda, de rehabilitación de edificios
históricos a los que se asignan nuevos usos, palacios convertidos
en museos, conventos utilizados como oficinas, castillos transformados
en hoteles, murallas destinadas a parques, etc. Pero no sólo se
ha alterado su uso, sino también su aspecto, integrándose
dentro de la memoria arquitectónica colectiva, con una imagen distinta
de lo que fue el edificio original. Es difícil imaginar el efecto
que producirían los templos griegos con su pintura original después
de nuestra costumbre de verlos degradados y con sus materiales al descubierto.
Muchos edificios medievales o barrocos no presentaban sus materiales vistos,
especialmente cuando habían sido construidos con ladrillo, sino
que estaban enlucidos y, con frecuencia, encalados. Sin embargo, la moda
por los materiales vistos y el rechazo de los revestimientos de la arquitectura
contemporánea ha determinado que en las intervenciones realizadas
en los monumentos para su conservación se hayan seguido unos criterios
que alteran y modifican sensiblemente la apariencia original de los edificios.
Éstos abandonan la función para los que fueron creados,
y en muchos casos también su aspecto, y adquieren el valor que
les concede la Historia de la Arquitectura y es este valor el que determina
su conservación y, en casos, su adaptación a nuevas funciones.
La historia de la arquitectura ha olvidado durante mucho tiempo una parte
fundamental y muy numerosa de las construcciones realizadas por el hombre,
en realidad se puede decir que la historia de la arquitectura se ha ido
componiendo como una historia de olvidos. Por una parte, ha olvidado un
enorme conjunto de construcciones, enorme en cuanto a número y
en cuanto a repercusión, que fueron reflejo de cada uno de los
estilos artísticos en los que se engloban, pese a no ser obras
sobresalientes de los mismos; a través de estas construcciones
se puede conocer la repercusión real de un estilo artístico,
la adaptabilidad de sus propuestas a las necesidades y a las costumbres
de una determinada comunidad, o la incidencia que la nueva estética
tiene en esa comunidad. Pero la historia de la arquitectura no sólo
ha olvidado esto, sino también el enorme conjunto de construcciones
que quedan englobadas de forma genérica en lo que se denomina arquitectura
popular, pese al sinfín de matices que este conjunto presenta y
a las dificultades que existen para trazar la línea que separa
las construcciones populares de las que no lo son.
Pese a sus limitaciones actuales, la historia de la arquitectura ha permitido
conocer una parte del legado arquitectónico recibido. Sin embargo,
la distinción entre la Historia y la Teoría de la arquitectura
es una invención relativamente reciente, por lo que el estudio
histórico de la arquitectura es también una disciplina incipiente.
Estrictamente, como idea no surge hasta la mitad del siglo XVIII, cuando
en 1758 Julien-David LeRoy publicó Les Ruines des plus beaux monuments
de la Grèce, escrito donde se analizan los edificios de la época
de Vitrubio desde dos perspectivas diferenciadas, la de la historia y
la de la teoría de la arquitectura. Aunque la separación
académica de ambas disciplinas no se produjo hasta 1818, cuando
se establecieron dos cátedras diferenciadas en la Escuela de Bellas
Artes de París; precedente de este hecho es el curso específico
sobre Historia de la Arquitectura que, desde 1750, impartía Jacques-Francois
Blondel, que consideraba la Historia de la Arquitectura como una sucesiva
enumeración de referencias literarias.

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