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CALENDARIO
HEBREO
La cultura cristiana, heredera directa de la cultura hebrea, mantiene
en común con ella una fiesta, la Pascua, y su peculiar situación
variable en el calendario. Siendo el nuestro un calendario solar, y el
hebreo lunar, cada año nos cae la Pascua, y la Semana Santa que
la precede, en fechas distintas. Es por tanto la influencia del calendario
hebreo en el nuestro, lo que determina esta peculiaridad no sólo
litúrgica, sino también civil. Hay que estar pendiente,
pues, del plenilunio de marzo, para cuyo cálculo a largo plazo
se han construido diversas tablas o epactas.
El calendario hebreo es eminentemente religioso (todos lo son, pero de
éste tenemos más clara constancia). Tiene instituida la
semana, cuyos días se nombran por ordinales y empezando por el
domingo, para ajustarse a los días de la creación del mundo.
Los seis primeros días son laborables, y el séptimo, que
sí tiene nombre, el Shabbath (reposo), es el día de descanso,
como en el relato bíblico. Obsérvese la coincidencia con
la manera española de contar los días de la semana empezando
por el primer día laborable (en nuestro caso el lunes) y acabando
en el día de descanso; a diferencia de otras lenguas de nuestra
cultura, que empiezan la semana por el domingo (día del Sol). Tal
como la propia denominación indica, toda la semana está
al servicio del sábado, del día de descanso, la gran institución
judía, con raíces bíblicas, en torno a la que se
fundó una nueva civilización que dio el mayor paso de toda
la historia para la abolición de la esclavitud: empezando por el
inmenso lujo del descanso sabático también para los esclavos
("no olvides que fuiste esclavo en Egipto"), y continuando por
las leyes que limitaban el tiempo y las condiciones de esclavitud.
Al ser lunar el calendario hebreo, porque además es la luna la
que marca el tiempo, los meses del año oscilan entre 12 y 13. Con
una frecuencia muy complicada de determinar (en el ciclo de Metón,
de 19 años, son embolísmicos (de un mes más) los
años 61, 81, 91,111, 141, 171 y 191). Esto ya en la reforma del
rabí Samuel (383 a de J.C.), que vino a poner orden en un calendario
absolutamente variable, en el que las fiestas caían fuera de la
estación que les daba sentido. Con esta reforma quedaron los años
regulares en 353, 354 y 355 días; y los embolísmicos (que
llamamos bisiestos para entendernos), eran de 383, 384 y 385 días.
Para ajustar las cuentas hay dos meses, el kislew (del 6 de octubre al
4 de noviembre) y el marjeshván (del 6 de octubre al 4 de noviembre)
que oscilan en un día. Los meses son de 29 días los pares,
y de 30 los impares. Al principio no tenían nombre, sino tan sólo
numeración (recordemos que en el calendario romano antiguo, sólo
cuatro meses tenían nombre; el resto, hasta los diez, eran ordinales);
pero con la deportación de Babilonia se trajeron algunos nombres
de meses. El inicio de las épocas fue también oscilando,hasta
que el rabí Samuel marcó como inicio del calendario judío
el año de la creación del mundo, que siguiendo la cronología
bíblica sería el 7 de octubre del año 3761 a. de
J.C. Sumando este número al del año cristiano, sabemos en
qué año del calendario judío estamos (a día
de hoy, en el 5.762). Y en cuanto a la fecha de inicio del año
nuevo, es de una gran complejidad. Se debe celebrar en el Moled que sigue
inmediatamente al equinoccio de otoño. Pero al tener que caer en
determinado día de la semana, y al contar desde la salida de la
luna, y no desde el inicio del día (a las 6 de la tarde) los desplazamientos
resultantes son considerables. El calendario hebreo está jalonado
por las grandes fiestas: en el mes de Nissán se celebra la Pascua,
con el sacrificio del cordero y la ofrenda de las primicias de la cebada;
en el mes de Iyar, la segunda Pascua; en el de Siván, la ofrenda
de las primicias del trigo (Pentecostés); en el de Tammuz el gran
ayuno en conmemoración de la toma de Jerusalén por Tito;
en el de Abh, el ayuno por la destrucción del templo; en el de
Tishri, el año nuevo la expiación y la fiesta de los tabernáculos;
en el de Kislew, la fiesta de la dedicación del templo.
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