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Hasta
bien entrado el siglo IX, la iglesia de Roma estimaba los años
transcurridos de acuerdo con la costumbre que provenía del Imperio
Romano, desde la fundación de Roma (ab urbe condita). Sin embargo
a partir del mandato de Diocleciano (283 313) se comenzaron a contar los
años, no desde la fundación de Roma, sino desde el comienzo
de su gobierno: la era diocleciana.
Para los cristianos era muy importante determinar con absoluta exactitud
la celebración de la fecha de la Pascua. Pero esto no era fácil,
ya que tenían que coincidir los cálculos del calendario
judío con los del romano (o juliano). De hecho, las dos sedes más
importantes de la cristiandad de aquellos tiempos, Roma y Alejandría,
discrepaban en la fecha de su celebración.
En el año 526 la diferencia era ya considerable, pues las desigualdades
en el cómputo se habían acumulado durante muchos años.
Con objeto de evitar que la pascua fuera festejada en dos fechas distintas,
el Papa Juan I encargó a Dionisio el Exiguo (470 550) que hiciera
los estudios necesarios para tomar una decisión definitiva. Este
monje escita, que residía en Roma, era famoso por su erudición.
Dionisio el Exiguo, elaboró una tabla de fiestas de Pascua valederas
para 95 años, que entraría en vigor después de que
acabaran en el 531 otras que elaboró el obispo Cirilo de Alejandría.
Ahora bien, el patriarca Cirilo había confeccionado sus fechas
de Pascua utilizando como inicio del cálculo la era de Diocleciano.
Esto puso furioso a Dionisio el Exiguo, ya que este emperador se había
convertido al final de su gobierno en un implacable perseguidor de los
cristianos. Cierto día, tuvo una ocurrencia que le pareció
absolutamente feliz: )porqué había de contar los años
a partir de un emperador pagano, cruel asesino de creyentes? )Porqué
no hacerlo comenzando por el momento en que Jesús, el Salvador,
había iniciado su vida terrena? En su obra Sobre la Pascua escribió
así:
"No hemos querido ligar el cómputo de nuestros ciclos con
la memoria de un perseguidor impío de la Iglesia; más bien
hemos elegido designar la numeración de los años a partir
de la fecha de encarnación de Nuestro Señor Jesucristo".
La idea le pareció muy acertada. Dionisio tomó como día
del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, fijándose en
una tradición firmemente arraigada en su época, aunque esta
fecha se había establecido artificialmente tan sólo tres
siglos antes, de manera que coincidiese con la del dios Mitra. Así
se obligaba a las gentes recién convertidas a olvidarse del dios
pagano y a celebrar en ese día la encarnación del Hijo de
Dios. Pero esa es otra historia...
Por medio del estudio de una tabla en la que aparecerían los emperadores
romanos desde adelante hacia atrás, y contando los años
que habían gobernado cada uno de ellos, Dionisio fijó la
fecha del nacimiento del Salvador en la nochebuena del año 753
"ab urbe condita" (desde la fundación de Roma). Según
la tradición religiosa judía, un varón judío
no es nombrado ni considerado como parte de la congregación hasta
haber sido circuncidado, el octavo día después de su nacimiento,
así que el 1 de enero del año 754 AUC sería el primer
día del primer año de la Era Cristiana.
CALENDARIO GREGORIANO
Es el más adoptado en el mundo occidental. Nace de la reforma introducida
por el papa Gregorio XIII. La reforma anterior, propiciada por Julio César,
había establecido que el año debía conformarse con
once meses de 30 y 31, y febrero de 28. La excepción a la regla
se daba cada cuatro años: febrero se compondría de 29 días
en los llamados años bisiestos. La lógica de este calendario
residía en suponer que la duración del año era de
trescientos sesenta y cinco días y seis horas. En realidad la duración
del año es algo menor: trescientos sesenta y cinco días,
cinco horas, cuarenta y ocho minutos y cuarenta y seis segundos. La suma
de estos once minutos que sobraban cada año alcanzaba en el siglo
XVI un total de diez días. El concilio de Trento se ocupó
de este asunto y puso en manos del Papa la tarea de encontrar una solución.
Fue el papa Gregorio XIII, en el año 1582, quien emprendió
la reforma del Calendario Juliano. Para eliminar los diez días
que sobraban se suprimieron del mencionado año de la reforma (1582)
y en el mes de Octubre los días comprendidos entre el 5 y el 14
(del día 4 se pasó al 15); y para que esta anomalía
no volviera a repetirse, se decretó que los años del principio
de cada centuria no serian bisiestos excepto en el caso de que fueran
múltiplos de cuatrocientos (así, por ejemplo, el año
1900 no fue bisiesto; pero si lo fue el año 2000).
En 1582 el papa Gregorio XIII promulgó el nuevo calendario, llamado
Gregoriano por ser él su promotor. Habían pasado más
de 1.600 años de vigencia del calendario Juliano y los pequeños
desajustes se habían hecho muy ostensibles al cabo de tanto tiempo.
El calendario civil se había retrasado 10 días respecto
al calendario astronómico; por lo que Gregorio XIII tuvo que decretar
en 1583 el salto del día 10 al 20 de diciembre. Ese año,
diciembre tuvo sólo 21 días.
En esencia, la principal aportación de la reforma gregoriana consiste
en que la cuenta de los años bisiestos no es rígida como
en el juliano; así pues, de la regla general del bisiesto cada
cuatro años, se exceptuaban los años múltiplos de
100, excepción que a su vez tenía otra excepción,
la de los años múltiplos de 400, que sí eran bisiestos.
La nueva norma de los años bisiestos se formuló del siguiente
modo: La duración básica del año es de 365 días;
pero serán bisiestos (es decir tendrán 366 días)
aquellos años cuyas dos últimas cifras son divisibles por
4, exceptuando los años que expresan el número exacto del
siglo (100, 200..., 800..., 1800, 1900, 2000...), de los que se exceptúan
a su vez aquellos cuyo número de siglo sea divisible por 4. Asimismo
se corrigió en el calendario gregoriano la duración de los
meses, ya fijada básicamente en el calendario juliano.
El año bisiesto fue ya instituido por el calendario juliano, que
añadía un día cada cuatro años en el mes de
febrero, intercalándolo entre los días 23 y 24. Los romanos
llamaban al 23 de febrero, "sexto calendas Martii" (el sexto
día antes de las calendas de marzo). Al no permitir la peculiar
cuenta y denominación de los días por los romanos "alargar"
el mes, sólo les quedaba la opción de "repetir"
un día. El día elegido para ser repetido fue el 23 de febrero,
el sexto calendas, por lo que a los años en que se repetía
(bis) ese día se les llamó bis sextilis, que nos dio finalmente
el nombre de bisiesto. "23 F bis" es un buen recurso mnemotécnico
para recordar el origen de la palabra "bisiesto".
El Papa Gregorio XIII reunió un grupo de expertos que, después
de cinco años de estudios, implantó el calendario que actualmente
tenemos en vigor en la sociedad occidental, realizando las siguientes
reformas al calendario juliano.
Se excluyeron diez días, disponiéndose que el 5 de octubre
se contase como 15 de octubre.
Se corrigió la duración del año solar, estableciéndose
en 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos.
Se hizo empezar el año el 1 de enero.
Los años seculares se convirtieron en bisiestos sólo si
resultaban divisibles por 400, de este modo se ganaba la fracción
de un día cada cien años, que en 15 siglos había
ascendido a 10 días.
El nuevo calendario fue inmediatamente adoptado en todos los países
católicos, pero el resto del mundo tardó en aceptarlo, siendo
Rusia el último país que lo adoptó en 1918.
Calendario1-
INTRODUCCIÓN
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ICONOGRAFÍA
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