FABULAS-19

JEAN DE LA FONTAINE

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FABULAS DE LA FONTAINE

Escritor francés que produjo las fábulas más famosas de los tiempos modernos. La Fontaine nació probablemente el 8 de julio de 1621, en Château-Thierry, y estudió en la Universidad de Reims. Durante muchos años siguió los pasos de su padre como inspector forestal del ducado de Château-Thierry. A partir de 1659 recibió la ayuda de diversos nobles e influyentes mecenas literarios. Su principal obra publicada fue una adaptación (1654) de Eunuco, del dramaturgo romano Terencio, pero su fama literaria reside en sus Cuentos y relatos en verso (1644). Fue miembro de un destacado grupo literario francés en el que figuraban los dramaturgos Molière y Racine, y el crítico y poeta Nicolas Boileau-Despréaux. Sus obras posteriores, entre las que cabe destacar nuevos volúmenes de Cuentos y relatos en verso (1667-1674) y tres colecciones de sus Fábulas (1668-1694), lo convirtieron en uno de los hombres de letras franceses más eminentes de la época. En 1683 fue elegido miembro de la Académie Française, pese a la oposición de Luis XIV. La obra de La Fontaine influyó en buen número de escritores posteriores. Sus fábulas se distinguen por su agilidad e ingenio narrativo, así como por el amplio y sutil conocimiento que el autor tenía de la vida. Sus Cuentos y relatos están inspirados en el Decamerón de Giovanni Boccaccio, el Heptamerón de Margarita de Navarra, y Los cien nuevos cuentos supuestamente escritos por Antoine de La Salle, pero La Fontaine introdujo numerosas variaciones en estas historias, con una prosa y un ingenio únicos. También escribió poemas, libretos de ópera y obras de teatro. Entre éstas destacan el relato romántico en verso y prosa Los amores de Psique y Cupido (1669). La Fontaine murió el 13 de abril de 1695 en París.
Cuando La Fontaine publicó su primer libro en 1668, entregó varias piezas de costumbres y las dos primeras colecciones de sus Cuentos : estos últimos, aunque provocaron un escándalo, le proporcionaron una gran notoriedad. El 31 de marzo de 1668 lanzó sus Fables choisies et mises en vers, en una edición de lujo ilustrada con grabados del dibujante Chaveau . La obra obtuvo un éxito fulminante por lo que tuvo que ser reeditada ese mismo año . En la primera edición, las Fábulas son descritas como una adaptación enriquecida de las de Esopo y dedicadas a Monseigneur le Dauphin (el Delfín de Francia) que tenía entonces 7 años : en el prefacio se presentan como literatura para niños. Hay que resaltar que, en esa primera edición, no aparece ninguna alusión al editor de las imágenes de Chauveau quien parece haber ilustrado los textos sin haber tenido contacto alguno con el autor.

El bestiario tradicional empleado permite una amable transposición de la sociedad humana y de sus defectos. Sin embargo, los animales no son estereotipos reducidos a un papel constante : el león tan pronto aparece como un ser brutal, injusto, tiránico (Les animaux malades de la peste) como sensato y generoso (Le lion et le rat) ; aunque las jugadas del zorro provocan en ocasiones la risa, no siempre le muestran aventajado ; la tortuga , sagaz en el momento de ganar a la liebre, es necia cuando se confía a los dos patos para que la lleven por los aires. El empleo de animales como protagonistas es, entre otras cosas, una forma de tomar distancia de los comportamientos humanos y sociales y de tomar conciencia de sus mecanismos ; es también una manera de hablar de los poderosos, como el rey, sin desperar sus iras ; un medio, además, de atraer la atención hacia la sensibilidad y la inteligencia de los animales contra la tesis cartesiana de los "animales-máquina".

En las Fábulas, la sonrisa y la risa están siempre presentes, incluso en los temas más graves puesto que lo cómico es en ellas multiforme. El humor característico de La Fontaine, con respecto a Esopo especialmente, viene dado por la mezcla de tonos y de intervenciones socarronas del autor sobre la base de una estructura dramática sencilla.
Escritas para lectores adultos, las Fábulas tendrán que esperar al siglo XIX para convertirse en clásicos de la literatura infantil. Sus versos se enseñaban en el colegio para inculcar de forma agradable algunos aspectos de la moral. Las Fábulas de La Fontaine fueron en esta época el arquetipo de "libro de premio" que se entregaba al final del año escolar.
Es "el" texto del siglo XVII del que, aún hoy en día, mucha gente es capaz de citar de memoria al menos algunos versos.


EL GATO Y LOS RATONES
Un gato, llamado Rodilardo,
causaba entre las ratas tal estrago
y las diezmaba de tal manera
que no osaban moverse de su cueva.
Así, con tal penuria iban viviendo
que a nuestro gato, el gran Rodilardo,
no por tal lo tenían, sino por diablo.
Sucedió que un buen día en que Rodilardo
por los tejados buscaba esposa,
y mientras se entretenía con tales cosas,
reuniéronse las ratas, deliberando
qué remedio tendrían sus descalabros.
Habló así la más vieja e inteligente:
-Nuestra desgracia tiene un remedio:
¡atémosle al gato un cascabel al cuello!
Podremos prevenirnos cuando se acerque,
poniéndonos a salvo antes que llegue.
Cada cual aplaudió entusiasmada;
esa era la solución ¡estaba clara!
Mas poco a poco reaccionaron las ratas,
pues ¿cuál iba a ser tan timorata?
¡Quién iba a atarle el cascabel al gato!
Así he visto suceder más de una vez
-y no hablo ya de ratas, sino de humanos-:
¿a quién no lo han golpeado los desengaños?
Tras deliberaciones, bellas palabras,
grandes ideas... y, en limpio, nada.

EL LEON Y EL RATON
Debemos ser generosos con todos, pues en cualquier momento necesitamos la ayuda de alguien más humilde que nosotros. De esta verdad estas fábulas darán fe en un instante.
Saliendo de su agujero harto aturdido, un ratoncillo fue a caer justo en las garras del león. El rey de los animales, demostrando su poder, le perdonó la vida. Su generosidad no fue en vano, porque ¿ quien hubiera creído que el león pudiera necesitar un día de la gratitud de un sencillo ratoncillo ?
Sucedió que en cierta ocasión en que el león salió de su selva, cayó en unas redes, de las cuales no podía librarse con sus fuertes rugidos. Lo oyó el ratoncillo, y acudió al sitio. Trabajó tan bien con sus pequeños dientes, que una vez roída una malla, el león terminó de desgarrar la trama entera.
En ciertos casos pueden más la paciencia y el tiempo que la ira y la fuerza.
Y una buena acción, en algún momento tiene su recompensa.

EL MAESTRO Y EL NIÑO 
En esta fábula intento demostrar la presunción vana de un necio:
Cuando estaba jugando a las orillas del Sena, un niño cayó al agua, mas por gracia divina se hallaba allí un sauce con cuyas ramas se salvó el pequeño. Pasó por allí un maestro de poco entendimiento, y el infante gritó:
-- ¡ Auxilio que me ahogo !
Ante dichos gritos, el maestro se volvió, e imprudentemente y fuera de situación, empezó a sermonear al infante:
-- ¡ Mira qué travieso, a dónde le ha llevado su locura !
¡ Gasta tus horas cuidando esta clase de prole !
¡ Desdichados padres, pobre de ellos velando a todo momento por esta turba inmanejable ! ¡ Cuánto deben padecer, y cómo lamento su destino !
Después de tanto hablar, saco al niño de las aguas.
Censuro aquí a muchos más de lo que se imaginan. Habladores y criticones y pedantes pueden reflejarse en el escrito anterior; cada uno de ellos forma un pueblo numeroso; sin duda el Creador bendijo esa prolífica casta.
¡ No hay tema sobre el que no piensen ejercer su habladuría! ¡Siempre tienen una crítica que hacer! ¡Pero amigo, líbrame del apuro primero, y después suelta tu lengua !
Antes de señalar los errores del prójimo, mejor primero ayúdalos a mejorar su situación

EL RATON DE LA CORTE Y EL RATON CAMPESINO
Invitó el ratón de la corte a su primo del campo con mucha cortesía a un banquete de huesos de exquisitos pajarillos, contándole lo bien que en la ciudad se comía. Sirviendo como mantel un tapiz de Turquía, muy fácil es entender la vida regalada de los dos amigos.
Pero en el mejor momento algo estropeó el festín:
En la puerta de la sala oyeron de pronto un ruido y vieron que asomó el gato. Huyó el ratón cortesano, seguido de su compañero que no sabía dónde esconderse.
Cesó el ruido; se fue el gato con el ama y volvieron a la carga los ratones. Y dijo el ratón de palacio:
-- Terminemos el banquete.
-- No. Basta -- responde el campesino --. Ven mañana a mi cueva, que aunque no me puedo dar festines de rey, nadie me interrumpe, y podremos comer tranquilos. ¡ Adiós pariente ! ¡Poco vale el placer cuando el temor lo amarga !
No quieras vivir rodeado de bienes, si ellos van a ser la causa de tu desdicha.

LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano.
Fue entonces a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole que le prestara de su grano hasta la llegada de la próxima estación.
-- Te pagaré la deuda con sus intereses; -- le dijo --antes de la cosecha, te doy mi palabra.
Mas la hormiga no es nada generosa, y este es su menor defecto. Y le preguntó a la cigarra:
-- ¿ Qué hacías tú cuando el tiempo era cálido y bello ?
-- Cantaba noche y día libremente -- respondió la despreocupada cigarra.
-- ¿ Conque cantabas ? ¡ Me gusta tu frescura ! Pues entonces ponte ahora a bailar, amiga mía.
No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez.

LA MOCHILA
Cuentan que Júpiter, antiguo dios de los romanos, convocó un día a todos los animales de la tierra.
Cuando se presentaron les preguntó, uno por uno, si creían tener algún defecto. De ser así, él prometía mejorarlos hasta dejarlos satisfechos.
-¿Qué dices tú, la mona? -preguntó.
-¿Me habla a mí? -saltó la mona-. ¿Yo, defectos? Me miré en el espejo y me vi espléndida. En cambio el oso, ¿se fijó? ¡No tiene cintura!
-Que hable el oso -pidió Júpiter.
-Aquí estoy -dijo el oso- con este cuerpo perfecto que me dio la naturaleza. ¡Suerte no ser una mole como el elefante!
-Que se presente el elefante...
-Francamente, señor -dijo aquél-, no tengo de qué quejarme, aunque no todos puedan decir lo mismo. Ahí lo tiene al avestruz, con esas orejitas ridículas...
-Que pase el avestruz.
-Por mí no se moleste -dijo el ave-. ¡Soy tan proporcionado! En cambio la jirafa, con ese cuello...
Júpiter hizo pasar a la jirafa quien, a su vez, dijo que los dioses habían sido generosos con ella.
-Gracias a mi altura veo los paisajes de la tierra y el cielo, no como la tortuga que sólo ve los cascotes.
La tortuga, por su parte, dijo tener un físico excepcional.
-Mi caparazón es un refugio ideal. Cuando pienso en la víbora, que tiene que vivir a la intemperie...
-Que pase la víbora -dijo Júpiter algo fatigado.
Llegó arrastrándose y habló con lengua viperina:
-Por suerte soy lisita, no como el sapo que está lleno de verrugas.
-¡Basta! -exclamó Júpiter-. Sólo falta que un animal ciego como el topo critique los ojos del águila.
-Precisamente -empezó el topo-, quería decir dos palabras: el águila tiene buena vista pero, ¿no es horrible su cogote pelado?
-¡Esto es el colmo! -dijo Júpiter, dando por terminada la reunión-. Todos se creen perfectos y piensan que los que deben cambiar son los otros.
Suele ocurrir.
Sólo tenemos ojos para los defectos ajenos y llevamos los propios bien ocultos, en una mochila, a la espalda.

LA ZORRA Y LA CIGÚEÑA
Sintiéndose un día muy generosa, invitó doña zorra a cenar a doña cigüeña. La comida fue breve y sin mayores preparativos. La astuta raposa, por su mejor menú, tenía un caldo ralo, pues vivía pobremente, y se lo presentó a la cigüeña servido en un plato poco profundo. Esta no pudo probar ni un sólo sorbo, debido a su largo pico. La zorra en cambio, lo lamió todo en un instante.
Para vengarse de esa burla, decidió la cigüeña invitar a doña zorra.
-- Encantada -- dijo --, yo no soy protocolaria con mis amistades.
Llegada la hora corrió a casa de la cigüeña, encontrando la cena servida y con un apetito del que nunca están escasas las señoras zorras. El olorcito de la carne, partida en finos pedazos, la entusiasmó aún más. Pero para su desdicha, la encontró servida en una copa de cuello alto y de estrecha boca, por el cual pasaba perfectamente el pico de doña cigüeña, pero el hocico de doña zorra, como era de mayor medida, no alcanzó a tocar nada, ni con la punta de la lengua. Así, doña zorra tuvo que marcharse en ayunas, toda avergonzada y engañada, con las orejas gachas y apretando su cola.
Para vosotros escribo, embusteros: ¡ Esperad la misma suerte !
No engañes a otros, pues bien conocen tus debilidades y te harán pagar tu daño en la forma que más te afectará.

LOS DOS AMIGOS
En el mundo en que vivimos la verdadera amistad no es frecuente.
Muchas personas egoístas olvidan que la felicidad está en el amor desinteresado que brindamos a los demás.
Esta historia se refiere a dos amigos verdaderos. Todo lo que era de uno era también del otro; se apreciaban, se respetaban y vivían en perfecta armonía.
Una noche, uno de los amigos despertó sobresaltado. Saltó de la cama, se vistió apresuradamente y se dirigió a la casa del otro.
Al llegar, golpeó ruidosamente y todos se despertaron. Los criados le abrieron la puerta, asustados, y él entró en la residencia.
El dueño de la casa, que lo esperaba con una bolsa de dinero en una mano y su espada en la otra, le dijo:
-Amigo mío: sé que no eres hombre de salir corriendo en plena noche sin ningún motivo. Si viniste a mi casa es porque algo grave te sucede. Si perdiste dinero en el juego, aquí tienes, tómalo...
...Y si tuviste un altercado y necesitas ayuda para enfrentar a los que te persiguen, juntos pelearemos. Ya sabes que puedes contar conmigo para todo.
El visitante respondió:
-Mucho agradezco tus generosos ofrecimientos, pero no estoy aquí por ninguno de esos motivos...
...Estaba durmiendo tranquilamente cuando soñé que estabas intranquilo y triste, que la angustia te dominaba y que me necesitabas a tu lado...
...La pesadilla me preocupó y por eso vine a tu casa a estas horas. No podía estar seguro de que te encontrabas bien y tuve que comprobarlo por mí mismo.
Así actúa un verdadero amigo. No espera que su compañero acuda a él sino que, cuando supone que algo le sucede, corre a ofrecerle su ayuda.
La amistad es eso: estar atento a las necesidades del otro y tratar de ayudar a solucionarlas, ser leal y generoso y compartir no sólo las alegrías sino también los pesares.


Gracias por su visita. Hasta la próxima

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