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PARTE
GENERAL.
UNION EROTICA
RELACIONES CON LAS DONCELLAS
MUJERES CASADAS
LAS ESPOSAS DE OTRO
LA PROSTITUCION
LAS DOCTRINAS SECRETAS
LUGARES GEOGRAFICOS
NOMBRES BOTANICOS
Acerca de esta obra
Reconózcanse los méritos de la Ley Sagrada, de lo
Útil y del Amor, pues de esto habla el tratado(1); y reconózcanse
también los méritos de los maestros que han expuesto
estas doctrinas, por la relación que tienen con este tratado.
Efectivamente, al principio, Prayapati(2), después de haber
creado a los seres vivos, propuso en cien mil capítulos las
normas para conseguir los tres fines de la vida, normas que son,
para las criaturas, el fundamento de su existencia. Más tarde,
Manu Svayambhuva acotó una parte, la que se refiere a la
Ley Sagrada; Brhaspasti separó la que hace referencia a lo
Útil, y Nandin, siervo de Mahadeva, expuso por separado el
tratado sobre el Amor en mil capítulos (3).
Luego Svetaketu, hijo de Uddalaka(4), abrevió este tratado
a quinientos capítulos; y, a su vez, Babhravya, de Pañcala,
resumió la obra en ciento cincuenta capítulos, divididos
en siete secciones:
parte general; la unión erótica; las relaciones con
las doncellas; las mujeres casadas; las esposas de otro; la prostituci6n;
y, por último, las doctrinas secretas.
De este resumen, Dattaka trató por separado la sexta sección,
dedicada a las prostitutas, a petición de las cortesanas
de Pataliputra. Carayana, siguiendo su ejemplo, expuso en obra separada
la parte general; Suvarnanabha, la parte sobre la unión erótica;
Ghotakamukha, la de las relaciones con las doncellas; Gonardiya,
la de las mujeres casadas; Gonikaputra, la de las esposas de otro;
y Kucumara, las doctrinas secretas(5).
Y así, escrita trozo a trozo por muchos maestros, la obra
de Babhravya ha caído casi en desuso; llegados a este punto,
ya que las secciones del tratado elaboradas por Dattaka y otros
autores son trabajos fragmentarios, y el texto de Babhravya es difícil
de estudiar por su extensión, se compuso este Kamasutra(6),
resumiendo toda la materia en un pequeño libro.
CONSECUCION DE LOS TRES FINES
DE LA VIDA
El hombre, cuya vida puede alcanzar cien años, debe distribuir
su tiempo y dedicarse a los tres fines de la vida, subordinados
entre sí, y de tal forma que uno no perjudique a otro. De
niño procure adquirir cultura y aspectos análogos
de lo Útil; se entregue al Amor durante la juventud, y, en
la vejez, a la Ley Sagrada y a la Liberación(7). O, dada
la incertidumbre de la vida, puede dedicarse a cada uno de éstos,
cuando tenga oportunidad. El periodo juvenil de estudios, sin embargo,
debería durar hasta terminar la instrucción.
Actuar conforme a la Ley Sagrada consiste en fomentar, según
las doctrinas, algunos actos, como los sacrificios a los dioses,
que no se cumplen por necesidad, ya que no pertenecen a este mundo
y no se perciben las ventajas; y en descartar, siempre según
las doctrinas, actos como alimentarse de carne(8), que se suelen
realizar, pues pertenecen a este mundo y se perciben los resultados.
La Ley Sagrada se puede aprender en los textos de la Revelación(9)
y estando en contacto con personas expertas.
Lo Útil es procurarse cultura, tierras, oro, ganado, enseres,
amigos y cosas parecidas, y aumentar lo que ya se ha obtenido. Se
puede aprender del comportamiento de los funcionarios, de quienes
conocen las normas profesionales y de los comerciantes.
El Amor es actuar de forma que resulte agradable al oído,
tacto, vista, gusto y olfato, cada uno en su ámbito, todo
controlado por la mente unida al alma. Pero, en concreto, el Amor
es la sensación adecuada de esta última, rebosante
de la alegría que brota de la conciencia, y rica en resultados,
relacionada con un contacto especial(10). Esto se puede aprender
en el Kamasutra y frecuentando gente de mundo.
Cuando la Ley Sagrada, lo Útil y el Amor entran en conflicto,
lo que precede es siempre más importante.
Lo Útil, sin embargo, es lo más importante para un
soberano, porque en ello se funda el curso regular del mundo; y
también para una prostituta. Así se consiguen los
tres fines de la vida.
Alguien puede objetar: si la Ley Sagrada no pertenece a este mundo,
es conveniente la existencia de un tratado que la exponga; y esta
observación vale también para lo Útil, dado
que, para triunfar, se necesita un método, y éste
se consigue con un manual. Pero el Amor, por el hecho de que se
efectúa espontáneamente hasta en los animales, por
ser una cosa innata, no necesita un tratado; es la opinión
de algunos expertos.
Sin embargo, como depende de la unión erótica de un
hombre y una mujer, exige un método, que se consigue con
el Kamasutra, dice Vatsyayana. Entre los animales, por el contrario,
la vida sexual no necesita métodos, porque las hembras no
se mantienen escondidas; el apareamiento tiene lugar, hasta la satisfacción,
durante el periodo de celo, y las uniones no se acompañan
de reflexión alguna.
Otros sostienen que no se deben realizar las acciones recomendadas
por la Ley Sagrada, pues sólo en el futuro producen resultados,
por otra parte inciertos. ¿Quién, si no es tonto,
daría a otro lo que tiene en la mano? Es preferible un pichón
hoy que un pavo real mañana; mejor una moneda de oro segura
que un collar de oro incierto; es la opinión de los materialistas
(11).
Vatsyayana sostiene, por el contrario, que se deben realizar las
obras previstas por la Ley Sagrada, pues las escrituras no pueden
suscitar dudas; vemos que los sortilegios y los exorcismos tienen
éxito a veces; las constelaciones, la luna, el sol y el conjunto
de los planetas parecen actuar en beneficio del mundo, como si razonaran;
además, el curso regular del mundo está determinado
por la observancia de las normas sobre las clases sociales y sobre
los estadios de la vida(12); y es evidente que la simiente que tenemos
en la mano se tira en función de la cosecha futura.
Incluso para algunos no conviene realizar acciones relacionadas
con lo Útil. Pues los beneficios, incluso perseguidos con
gran esfuerzo, no se consiguen nunca; o, se pueden presentar, sin
que se uno los busque. Dado que todo es obra del destino, éste
en realidad lleva a los hombres a la riqueza o a la pobreza, al
éxito o al fracaso, a la felicidad o a la aflicción.
El destino ha trasformado a Bali en Indra(13), el destino lo ha
destronado; siempre el destino lo volverá a colocar en su
pedestal. Es lo que sostienen los fatalistas (14).
Un método, por el contrario, es el fundamento de toda actividad,
pues ésta presupone el esfuerzo del hombre. Dado que hasta
el beneficio más seguro depende de algún factor, un
hombre inactivo no puede ser afortunado. Es la opinión de
Vatsyayana.
Para algunos, por último, no se deben llevar a cabo acciones
relacionadas con el Amor, pues se enfrentan con la Ley Sagrada y
con lo Útil, que son las cosas más importantes, y,
por tanto, con las personas honestas; inducen a un hombre a tener
contactos con gente indigna, a iniciativas perversas, a la impureza(15),
y comprometen su futuro. Provocan, además, negligencia, ligereza,
desconfianza y
exclusión por parte de los demás. Se oye hablar de
muchos esclavos del Amor, que han tenido un final horrible, junto
con los de su entorno; así Dandakya, rey de los Bhoja, que
por amor violó a la hija de un brahmán(16), terminó
arruinado con su estirpe y con su reino. Y baste pensar en el rey
de los dioses con Ahalya, en el poderosísimo Kicaka con Draupadi,
en Ravana con Sita, y en muchos otros, que vivieron más tarde:
esclavos del Amor, como puede verse, gravemente castigados (17).
Es lo que sostienen los defensores de lo Útil.
En realidad, las acciones relacionadas con el Amor tienen la misma
naturaleza que la comida, ya que contribuyen al sostenimiento del
cuerpo; y son fruto de la Ley Sagrada y de lo Útil(18). Pero
conviene aprender cómo evitar las consecuencias negativas.
Efectivamente, no se dejan de poner las ollas en el fuego porque
haya monjes mendicantes; ni se renuncia a sembrar cebada porque
haya cervatillos. Es la opinión de Vatsyayana,
Valgan unas estrofas sobre el particular:
Un hombre que se dedique, como hemos dicho, a lo Útil, al
Amor y a la Ley Sagrada consigue la felicidad sin espinas, infinita,
tanto aquí abajo como en el otro mundo.
Los sabios se ocupan de las acciones en las que no hay dudas sobre
las consecuencias, y en las que se encuentra una satisfacción
sin ocasionar perjuicio alguno a lo Útil.
Se tome la iniciativa que resulte eficaz para realizar los tres
fines de la vida, o al menos dos, o incluso uno; pero no conseguir
uno, perjudicando a los dos que quedan.
EXPOSICION DEL SABER
Un hombre debería estudiar el Kamasutra y las ciencias complementarias
sin robar tiempo al estudio de la Ley Sagrada y de lo Útil
y de las ciencias auxiliares. Una mujer debería dedicarse
a ese estudio antes de la juventud(19), y, una vez casada, dependiendo
de la opinión del marido.
Algunos sabios mantienen que, partiendo de la premisa que las mujeres
no entienden los textos científicos, es inútil intentar
instruirlas en este libro. Pero, si ellas entienden el aspecto práctico,
es porque éste se basa en un tratado; es lo que piensa Vatsyayana.
Y no sólo en éste, sino en todos los campos sólo
algunos conocen los textos científicos, y, sin embargo, la
práctica les afecta a todos; y, aunque sea de una forma remota,
siempre hay un tratado en el origen de la práctica. Existe
la gramática, pero, incluso sin ser gramáticos, los
que realizan los sacrificios, utilizan uha(20) durante los ritos.
Existe la astrología, pero incluso quien no la conoce lleva
a buen fin compromisos en los días propicios. Lo mismo que
los pastores de caballos y elefantes saben cuidarlos, aunque no
hayan estudiado los tratados. Por el hecho de que existe un soberano,
los pueblos, aunque estén alejados de él, no se saltan
los límites impuestos por la ley; así están
las cosas.
En realidad, hay, incluso cortesanas, hijas de reyes o de altos
dignatarios, que han ocupado su inteligencia con este tratado. Por
eso una mujer debería aprender de forma reservada, a través
de una persona de confianza, los aspectos prácticos, el tratado
o al menos una parte del mismo. Cuando es doncella debe estudiar,
en secreto y a solas, las sesenta y cuatro artes que se aplican
con el ejercicio.
En otros casos, pueden ser maestras de la doncella: la hija de su
nodriza, que ha crecido con ella, y que ya se ha unido a un hombre;
o una amiga de las mismas características, con la que pueda
hablar sin ningún peligro, y una tía materna que tenga
la misma edad que ella; una vieja esclava de total confianza, que
ocupe el lugar de esta última, o una monja mendicante a la
que ya se conozca de antes, y una hermana, si puede confiar en ella.
Las sesenta y cuatro ciencias complementarias del Kamasutra, que
forman sus ramas secundarias (21), son:
- canto
- música instrumental
- danza
- pintura
- recortar distintivos [decorativos para la frente(22)
- crear varias líneas ornamentales con arroz y flores
- colocar flores
- colorear los dientes, la ropa y el cuerpo
- incrustar gemas en el suelo
- preparar la cama
- hacer música con agua
- rociar con agua [como juego]
- realizar trucos que sorprendan
- trenzar collares de varias maneras
- hacer diademas y coronitas
- realizar el aseo personal
- distintas formas de adornar las orejas
- preparar los perfumes
- disponer adornos
- artes de magia
- los remedios de Kucumara
- destrezas con las manos
- cocinar distintos tipos de verduras, sopas y alimentos sólidos
- preparar bebidas, zumos, condimentos y licores
- los trabajos de sastrería y tejido
- el juego de hilos
- tocar música con el laúd y el tambor
- resolver acertijos
- el juego de las estrofas
- pronunciar trabalenguas
- recitar trozos de libros
- conocer las obras teatrales y los cuentos
- completar de memoria estrofas de poesías
- distintos modos de trenzar cintas y juncos
- trabajos de alfarero
- carpintería
- arquitectura
- saber distinguir la plata y las piedras preciosas
- metalurgia
- conocer el color y los lugares de origen de las piedras preciosas
- saber aplicar las doctrinas sobre el cuidado de los árboles
- preparar peleas de carneros, gallos y perdices
- enseñar a hablar a papagayos y estorninos
- ser expertos en dar friegas, masajes y peinar
- comunicar con el lenguaje de las manos
- conocer los distintos lenguajes convencionales
- hablar en dialecto
- interpretación de los oráculos celestes
- descifrar los presagios
- el alfabeto de los diagramas místicos(23)
- la técnica de la memorización
- saber recitar un texto en tertulia
- componer poesías mentalmente
- saber de diccionarios
- conocer la métrica
- tener claras las normas poéticas
- conseguir fingir ser otro
- disfrazarse con ropa
- distintos juegos de azar
- el juego de los dados
- conocer los juguetes de los niños
- ser expertos en las ciencias de las buenas maneras de la estrategia
y del ejercicio físico.
APASARA (Bailarina Celestial)
en el Templo Devi Jagdamba
Las sesenta y cuatro artes de Babhravya son distintas; expondremos
su utilización, con un argumento tras otro, en la sección
dedicada a la unión erótica, ya que el amor consiste
en éstas.
Una prostituta, que destaque en éstas, y tenga buen carácter,
belleza y cualidades, consigue el título de cortesana y un
puesto en la asamblea pública.
El soberano siempre la respeta, los hombres superiores la alaban,
se le desea, es digna de recibir visitas, y se le toma como modelo.
La princesa o la hija de un alto dignatario que conozca estas artes
somete a su esposo, aunque en el harem haya mil mujeres.
Por este motivo, aunque el esposo esté lejos, o haya caído
en terrible desgracia, una mujer puede vivir bien con estas ciencias
hasta en un país extranjero.
Un hombre experto en estas artes, dicharachero y seductor, aunque
sea un desconocido, consigue con facilidad el corazón de
las mujeres.
El éxito en el amor se consigue cuando se aprenden estas
artes; pero conviene utilizarlas o no, teniendo en cuenta el lugar
y el momento.
LA VIDA DEL HOMBRE ELEGANTE
Después de terminar los estudios y convertirse en cabeza
de familia, gracias al patrimonio acumulado con donaciones, victorias
militares, comercio o un estipendio, o recibido por herencia, ya
ganado o heredado, un hombre debe llevar vida de elegante(24). Viva
en una capital, en una ciudad, en un barrio o en un importante centro,
donde está la gente de bien; también puede hacerlo
en otro sitio, según sus medios de subsistencia. Aquí
se haga construir una casa cerca del agua, que tenga un jardín
con árboles, un patio distinto para los trabajos y dos habitaciones.
En la habitación exterior ponga una cama blanda, almohadas
en los dos extremos, flexible en el centro y con una colcha blanca,
y un pequeño sofá adicional. Junto a la cabecera de
la cama, un asiento de paja [para cumplir las devociones a los dioses]
y una banqueta. Encima de ésta, sobras de la noche, ungüento
y una guirnalda, un cestito de cera de abejas, un estuche de perfume,
cortezas de limón y hojas de betel (25). Una escupidera en
el suelo.
En la habitación habrá un laúd colgado, una
mesa de dibujo, un estuche de pinturas, un libro y guirnaldas de
amarantos amarillos. No lejos de la cama, en el suelo, un asiento
redondo, en el que se pueda apoyar la cabeza; una mesa para los
dados y una mesita de juego.
Fuera de la habitación, jaulas de pájaros domesticados;
a un lado, un sitio para hilar, para los trabajos de carpintería
y otros entretenimientos. En el jardín arbolado, un columpio
bien mullido, a la sombra, y un poyo de tierra dura [bajo una glorieta
de enredaderas, y por esto] lleno de flores. Es la disposición
de la casa.
El hombre elegante se levante a buena hora y procure cumplir con
sus obligaciones: se cepille los dientes, se dé una dosis
moderada de ungüento, de incienso y se ponga una guirnalda;
se pase la cera de abejas y el lápiz [por los labios], se
mire en el espejo y tome betel para perfumar la boca; luego inicie
sus ocupaciones.
Báñese todos los días; cada dos, friegas; cada
tres, se pase la concha de jibia [en las piernas, desde las rodillas
para abajo]; cada cuatro, se afeite; cada cinco o diez [según
el método], se depile [las partes íntimas], sin excepciones;
y, a diario, se quite el sudor de las axilas tapadas.
Coma por la mañana y por la tarde; por la mañana y
por la noche, opina Carayana. Tras el desayuno, puede dedicarse
a enseñar a hablar a papagayos y estorninos; monte peleas
de perdices, gallos y carneros, y pasatiempos artísticos.
Se ocupe de lo relacionado con el pithamarda, el vita y el vidusaka
(26), luego, un breve descanso. Por la tarde, después de
realizar el aseo personal, se dedique a juegos de tertulia, y, por
la noche, a los espectáculos musicales. Al terminar, con
los amigos, en la habitación bien acomodada y rebosante de
incienso perfumado, espere en la cama a las mujeres en visita amorosa,
mande a alcahuetas o vaya personalmente en su búsqueda. Reciba
en compañía de los amigos a las huéspedes con
palabras aduladoras y con gestos corteses; se preocupe personalmente
de que estén guapas las que, al venir a hacerle una visita
con mal tiempo, por la lluvia se han desarreglado; o se encarguen
los amigos; luego procure que a todas se les colme de atenciones.
Son las distintas ocupaciones del día y de la noche.
Además debería organizar procesiones, promover encuentros
en su círculo de conocidos, libaciones, excursiones al campo
y juegos de sociedad. El día de la quincena o del mesb (27),
que ya todos conocen, den una fiesta con hombres encargados de la
misma en el templo de Sarasvati (28).
Actores forasteros ofrezcan un espectáculo, y, al día
siguiente, reciban el agasajo y la compensación pactada.
Luego, según los deseos, se les puede volver a ver actuar
o se les despide; en caso de ausencia por desgracias o festejos,
[los actores extranjeros y los encargados] se sustituyen. Los huéspedes
que hayan intervenido reciban aplauso y ayuda. Son los distintos
deberes de sociedad. El mismo planteamiento vale para las distintas
procesiones, con sus normas pertinentes, de cada una de las divinidades.
La "tertulia" tiene lugar cuando hombres de cultura, inteligencia,
carácter, posibilidades económicas y edad parecidas
se reúnen con sus cortesanas en casa de una de estas mujeres,
en un salón, o en la morada de uno de ellos. Intercambien
opiniones sobre poesía y arte. Se rinda homenaje a los que
son brillantes y queridos por la gente, y se invite a los que son
muy estimados.
Ténganse las fiestas de forma alternativa: una vez en casa
de uno, otra en casa de otro. Y los elegantes inviten a las cortesanas
a beber, luego beban ellos madhu, maireya y asava(29) con aperitivos:
salados, a base de fruta, verduras y hortalizas, amargos, picantes
y agrios. Esto mismo sirve para las excursiones.
Ellos irán a caballo por la mañana temprano, elegantemente
vestidos, en compañía de cortesanas y seguidos de
criados. Coman y pasen el tiempo con peleas de gallos, perdices
y carneros, con juegos, espectáculos y actividades lúdicas;
por la tarde, al volver a casa, traigan recuerdos de la visita a
ese parque. Con esto queda expuesto cómo se pueden divertir
con el agua, durante la estación calurosa, cuando se prepare
para bañarse un sitio en el que no haya animales.
Diversiones de sociedad: la noche de los yaksa, vigilia de Kaumudi,
la fiesta de primavera; coger mangos, comer granos tostados, degustar
fibras de loto; juego de las hojas verdes, tirar agua con pajitas,
imitar con muñecos, el juego del único árbol
de salmali; día de la cebada; día de la litera; fiesta
del dios Amor; coger flores de artemisa; carnaval; hacer coronas
de asoka, recogiendo flores; juego de
los ramos de mango, romper cañas de azúcar, peleas
con flores de kadamba. Los elegantes participen en estos y otros
pasatiempos, universales y locales, distinguiéndose de la
gente común (30). Si uno está solo, se comporta en
función de sus riquezas; así queda ilustrada también
la conducta de la cortesana y de la enamorada con las amigas y con
los elegantes.
Un pithamarda es un hombre sin patrimonio, solo; sus propiedades
son una silla portátil, una concha de jibia y ungüento;
viene de un país respetado, experto en las artes y, cuando
las enseña, tiene éxito tanto en la tertulia como
en las actividades a que se dedican las cortesanas.
Por el contrario, un vita es el hombre que ha disipado sus bienes,
es del lugar, posee buenas cualidades, tiene mujer y es muy estimado
en el ambiente de las cortesanas y en las tertulias, y de ahí
saca para vivir. Por el contrario, es un vidusaka, un bufón
el que tiene una cultura limitada, le gusta hacer reír y
goza de confianza.
Para las cortesanas y para los hombres elegantes son los ministros
encargados de la paz y de la guerra.
Vale también este planteamiento para las monjas mendicantes,
las rasuradas, las mujeres de costumbres ligeras y las viejas cortesanas,
que conocen las artes.
El que vive en un pueblo debe despertar el interés de sus
familiares inteligentes y curiosos, describiendo la vida de los
hombres elegantes y suscitando en ellos el deseo, y compórtese
exactamente igual; promoviendo las tertulias, alegrando a la gente,
yendo a visitarla, prestando su ayuda a las obras emprendidas y
haciendo favores. Es la vida del hombre elegante.
Valgan unas estrofas sobre el particular:
- Quien con lenguaje ni demasiado refinado ni demasiado popular
mantiene la conversación en las tertulias puede gozar de
alta estima entre la gente.
- El hombre precavido no debe pisar una tertulia que todos aborrecen,
entregada a desórdenes, pues sólo pretende perjudicar
a los demás.
- El hombre sabio triunfa en el mundo, si frecuenta una tertulia
que satisface a la gente y se ocupa simplemente de entretener.
EXAMEN DE LOS AMANTES, DE
LOS AMIGOS Y DE LA FUNCION
DE LOS ALCAHUETES
El amor dirigido a una mujer que no ha tenido otro hombre, en paridad
de rango dentro de las cuatro clases sociales y según las
escrituras, da hijos, confiere honor y corresponde a los usos del
mundo (31).
Lo opuesto, y prohibido, es el amor con mujeres de clase superior(32)
y casadas con otro. El amor con mujeres de clase inferior, no expulsadas
de la sociedad, con prostitutas y con viudas que se han vuelto a
casar no se prescribe ni se prohíbe, pues sólo vale
para el placer. En este ámbito, las amantes son de tres tipos:
doncella, viuda que se ha vuelto a casar y prostituta.
Teniendo en cuenta otros motivos, también es una posible
cuarta amante la mujer casada con otro, dice Gonikaputra. Este caso
se da cuando un hombre piensa: "Se trata de una mujer sin escrúpulos.
Seguramente, de alguna forma, ha puesto en entredicho varias veces
su buena conducta; unirse a ella es igual que unirse a una prostituta,
no supone una trasgresión de la Ley Sagrada, aunque sea de
clase social superior". "Se trata de una viuda que se
ha vuelto a casar; ya ha pertenecido a un hombre, ha sido poseída
[por algún otro]; la situación no suscita duda alguna".
O en caso de que el hombre establezca: "Ésta ejerce
una fuerte presión sobre el marido, un gran señor
con muy buenas relaciones con mi enemigo; si se hace íntima
mía, alejaré, por afecto, a su esposo de ese individuo".
"Hará cambiar la opinión de su marido, que me
es hostil, tiene poder y pretende causarme perjuicios". "A
través de ella ganaré a un amigo [al marido], y gracias
a él sabré quién está conmigo y quién
en contra o podré hacer algo que resulta difícil".
"Conseguida la intimidad con ella, mataré a su marido
y obtendré el poder que éste tiene".
O también: "Frecuentarla no supone ningún riesgo
y trae ventajas; para mí, que soy pobre, no tengo medios
de subsistencia. Así me apoderaré sin esfuerzo de
sus extraordinarias riquezas". "Ella conoce mis puntos
débiles, y está muy enamorada de mí; si la
rechazo, me arruinará divulgando mis debilidades".
"Me acusará de un delito no cometido, creíble
y difícil de rechazar, por lo que podré acabar en
la ruina". "Indispondrá contra mí a su poderoso
y dócil esposo, y lo llevará a alinearse con todos
los que me odian; o hará ella misma causa común con
ellos". "Su marido ha violado mi harem, y por esto le
pagaré corrompiendo a sus esposas". "Por encargo
del soberano lograré matar a un enemigo suyo, que está
escondido en su entorno... "
O por último: "Otra mujer, a la que quiero, se acuesta
con ella. A través de ella la puedo conseguir".
"Ella me proporcionará una doncella, inalcanzable por
cualquier otro medio, que está sometida a ella, rica y guapa".
"Mi enemigo se ha hecho íntimo de su esposo; a través
de su mujer le haré probar una poción envenenada".
Por éstos y otros motivos parecidos se puede seducir a la
esposa de otro hombre.
Y por ese motivo el adulterio no sólo se ha de realizar por
pasión. Son distintas razones para unirse a la esposa de
otro.
Por idénticos motivos es un quinto tipo de amante, según
Carayana, una viuda ligada a un alto funcionario o al rey, o relacionada
parcialmente con ellos, a otra a la que se confían responsabilidades.
Para Suvarnanabha, un sexto tipo es una monja mendicante con las
mismas características. Ghotakamukha opina que una séptima
categoría corresponde a la hija de una cortesana o a una
sierva aún vírgenes. Es un octavo tipo, para Gonardiya,
la joven de buena familia que ha superado la infancia, ya que con
ella se procede de forma distinta.
Sin embargo, dado que el fin no difiere, también estas amantes
están incluidas en las que hemos nombrado con anterioridad;
por esto, Vatsyayana opina que las categorías de amantes
son sólo la doncella, la viuda que se ha vuelto a casar,
la prostituta y la esposa de otro. Algunos enumeran como quinta
categoría a los eunucos, como algo distinto.
El hombre amante conocido por todos es de un solo tipo; un segundo
tipo es el secreto, que consigue algo particular. En función
de los méritos o por falta de los mismos, se puede reconocer
si es excelente, medio o ínfimo. Expondremos cualidades y
defectos de los amantes hombre y mujer en la sección de las
prostitutas.
Éstas son las mujeres a las que no hay que frecuentar nunca:
a una leprosa; a una loca; a una expulsada de la sociedad; a la
que revela secretos; a la que expresa sus ganas en público;
a la que casi ha superado la juventud; a la que es demasiado blanca,
o demasiado negra; a la que huele mal; a una ligada por parentesco;
a una amiga; a una monja, y a las esposas de los familiares, de
los amigos, de los sabios brahmanes o del rey.
Los discípulos de Babhravya opinan que se pueden mantener
relaciones con cualquier mujer que haya tenido cinco hombres; Gonikaputra
dice que a excepción de las esposas de los familiares, de
los amigos, de doctos brahmanes o del rey.
Es un amigo el hombre con el que jugamos de niños; el que
está vinculado por un favor; el que tiene igual carácter
e inclinaciones; un compañero de estudios; quien conoce los
puntos débiles y los secretos, o al que se le conozcan, y
el hijo de la nodriza, crecido con él.
Un amigo perfecto es el hereditario, cuyo bisabuelo era ya amigo
de su bisabuelo; el que mantiene la palabra, que no es un veleta,
dócil, constante, de carácter no codicioso, que no
se deja influenciar y no divulga las decisiones.
Son amigos: el lavandero, el barbero, el florista, el droguero,
el tabernero, el monje mendicante, el pastor de vacas, el vendedor
de betel, el joyero, el pithamarda, el vita, el vidusaka, y otros
parecidos.
Los hombres elegantes deben ser amigos hasta de sus esposas, dice
Vatsyayana.
Realiza las funciones de alcahuete el amigo común de los
amantes, sincero con ambos, y sobre todo el que goza de total confianza
de la enamorada. Las dotes del alcahuete son: destreza, audacia,
capacidad de comprender actitudes y expresiones, ausencia de desorientación,
conocimiento de los puntos débiles de los demás, que
impone autoridad, dotes para engañar, conocimiento del lugar
y del tiempo oportunos, rapidez de reflejos a inmediata comprensión,
acompañada de un sabio recurso a estratagemas.
Una estrofa sobre el particular:
Un hombre dueño de sí, con muchos amigos a inteligente,
que conoce el carácter y distingue el tiempo y el lugar,
conquista sin hacer grandes esfuerzos incluso a la mujer más
difícil de conseguir.
NOTAS PARTE GENERAL
1. La Ley Sagrada (dbarma), lo Útil (ariba) y el Amor (kama)
son los tres "fines de la vida", generalmente definidos
con el nombre conjunto de trivarga, que, según las doctrinas
brahmánicas y luego hindúes, cada hombre está
obligado a conseguir en el curso de su existencia. Los componentes
del trivarga están indisolublemente unidos entre sí,
y por esto Vatsyayana, que trata específicamente del kama,
no puede prescindir de examinar las relaciones con los demás
valores.
2. "Señor de las criaturas": es el dios que, desde
el inicio del mundo, dio origen a todos los seres vivos.
3. Prayapati, Manu, Brhaspati y Nandin pertenecen a la mitología.
Svayambhuva significa "hijo del que existe por sí mismo";
este Manu es el primer representante de la humanidad al que habría
dado vida el creador. Mahadeva ("Gran dios") no es otro
que Siva, una de las divinidades más importantes del panteón
hindú.
4. A partir de este autor, nos encontramos con personajes históricos
y tratados sobre el Amor, que
parece que existieron.
5. Estos autores son conocidos por otras fuentes literarias, a excepción
de Suvamanabha, cuyo nombre
("Ombligo de oro") hace pensar en un pseudónimo;
lo mismo que Gonikaputra, que parece un
nombre desfigurado, donde la o reemplazaría una a para eliminar
un significado difamatorio, o sea,
"Hijo de una cortesana".
6. El término sutra [aforismo sintético en prosa]
indica la forma literaria en que está compuesta esta
obra sobre el kama.
7. Se alude a la importante doctrina de los "estadios de la
vida", prescrita por los textos para los que
pertenecen a las primeras tres clases sociales (nota I, 12), sobre
todo los brahmanes. El ideal es que un
hombre transcurra un periodo juvenil dedicado a los estudios sagrados
(brahmacarya), en el que está
obligado a la castidad; luego se case y sea cabeza de familia (grhastha).
Una vez visto al hijo de su hijo,
puede dejar su casa y retirarse al bosque como eremita (vanaprastha),
dedicándose a los ritos, a la
penitencia y a la meditación; finalmente, ya muy anciano,
tiene la facultad de abandonar todos sus
bienes terrenales para hacerse asceta mendicante (sannyasin) y buscar
la perfección espiritual. A cada
estado le corresponde la búsqueda de un fin específico
de la vida o de dos complementarios.
8. En tiempos de Vatsyayana el vegetarianismo ya estaba difundido
en India desde hacía siglos, en
conexión con las doctrinas de la no violencia. Era, y es,
una práctica que sigue de forma particular, la
clase de los brahmanes, sacerdotes a intelectuales, a la que pertenecía
el autor.
9. Por "Revelación" se entiende el corpus de los
Veda, los textos sagrados más antiguos de India
considerados sonidos eternos, oídos por míticos profetas
y trasmitidos por ellos a la humanidad.
10. Kama vocablo analizado en sus múltiples valencias. En
primer lugar, Vatsyayana lo define como
toda experiencia agradable. De esta acepción general el autor
pasa a una segunda más específica, en la
que kama se identifica con el amor erótico. Y se podría
parafrasear así la definición: se tiene kama
cuando el alma, tras la estimulación sensorial a nivel de
los órganos sexuales ("en relación con un contacto
especial.), vive una experiencia real y conciente (la sensación
adecuada), que se corona con el
placer del orgasmo (rica en resultados). Condición indispensable
es que tenga lugar entre dos seres
humanos bajo el influjo de la pasión: esto lleva consigo
la "alegría" de la "conciencia", que
se realiza en
los besos, en las caricias y cosas por el estilo.
11. Los materialistas reducían toda la realidad a la sola
actividad de la materia; negaban la existencia
de los dioses, de un alma trascendente y de la vida después
de la muerte, y rechazaban, naturalmente, la santidad y la autoridad
de los Veda.
12. Las clases en las que se divide la sociedad hindú, según
un rígido esquema de finales de la época védica,
en orden decreciente de rango: brahmanes (brabmana), los sacerdotes
a intelectuales a los que ya hemos aludido; ksatriya, reyes y guerreros;
vaisya, campesinos y comerciantes; sudra, los criados de las otras
clases. Sólo los que pertenecen alas tres primeras son universalmente
considerados arya, "nobles", mientras los sudra quedan
excluidos de cualquier participación en los ritos y en la
cultura védica.
13. Se trata de la famosa leyenda del demonio Bali, que consiguió
tanto poder que amenazó con sustituir a Indra, rey de los
dioses. Sin embargo, Visnu lo venció con una estratagema
en uno de sus descensos al mundo. Se le apareció el dios
en forma de enano y le pidió que le concediera el terreno
que podía recorrer en tres pasos. En ese momento Visnu se
transformó en un gigante y de dos pasos atravesó la
tierra y el cielo; renunció al tercero, dejando así
a Bali como soberano de los infiernos.
14. Los fatalistas a los que se refiere probablemente son los Ajivika,
cuyas doctrinas hacen depender el curso del mundo exclusivamente
del destino visto como fuerza cósmica impersonal, y el hombre
no tiene ni libre albedrío ni responsabilidad moral de lo
que sucede.
15. "Pecado" por excelencia. Puede ser provocado por una
trasgresión del dharma, como el error ritual o la infracción
de una prohibición, por el contacto con personas ínfimas
o con algunas comidas y sustancias o con la muerte, y, en general,
por los influjos de fuerzas nefastas a las que hay libre acceso
y que se concentran sobre todo en los momentos cruciales de la vida.
Estos factores llevan al hombre a un estado de contaminación,
sentida como una grave amenaza para el bienestar de este mundo y
del otro, a la que se debe poner remedio con una serie de ritos
y penitencias.
16. Del rey Dandakya o Dandaka, de la estirpe de los Bhoja, se cuenta
que sedujo a la hija del eremita Bhargava. Éste, con una
maldición, le sepultó a él y a su reino bajo
una lluvia de arena.
17. Indra, el rey de los dioses, sedujo a Ahalya, la esposa del
sabio eremita Gautama, en el que ha sido sin duda el adulterio más
famoso de toda la literatura sánscrita. Draupadi es la esposa
de los cinco hermanos Pandava, protagonistas del Mahabbarata; el
guerrero Kicaka, que la tendió trampas, pagó su gesto
con la muerte a manos de Bhima, uno de los cinco hermanos. El rapto
de Sita, la virtuosa esposa de Rama, perpetrado por el demoníaco
rey Ravana, que fue asesinado, y su reino, Lanka, quedó devastado,
es la trama central de la gran epopeya hindú, el Ramayana.
18. El sentido es que quien, observando las normas de la Ley y buscando
el adecuado bienestar económico, afronta la vida de cabeza
de familia goza de las alegrías del Amor.
19. Según la clasificación de un posterior tratado
de erotismo (Ratirahasya), una mujer es doncella (bala) hasta los
dieciséis años; de dieciséis a treinta es taruni
(joven); hasta cincuenta y cinco es praudha (madura), luego vieja
(vrddha).
20. "Modificación": tiene lugar cuando, en una
fórmula ritual, se cambia un vocablo para adecuarlo a las
necesidades del momento.
21. Comúnmente llamadas "artes", las disciplinas
que Vatsyayana elenca en este paso famoso, colocando juntas técnicas
de valor intrínseco muy distinto, forman el bagaje cultural
del perfecto amante.
22. Las mujeres indias suelen colocar un distintivo decorativo en
el centro de la frente.
23. Los "diagramas místicos", dedicados a las distintas
divinidades, sirven para concentrar las fuerzas espirituales del
devoto por motivos religiosos o mágicos; se alude al conocimiento
de las sílabas sagradas inscritas en los mismos, a lo que
se atribuye un poder extraordinario.
24. "Elegante". se refiere al hombre culto y refinado
que dispone de medios, tiempo libre y lleva una rica vida social.
25. El betel es una planta trepadora, cuyas hojas se mastican añadiendo
trozos de nuez, cal y otras sustancias; perfuma la boca, ayuda la
digestión o apaga el hambre, produciendo incluso una ligera
embriaguez. Da como resultado una salivación rojo oscura,
lo que hace necesaria una escupidera.
26. Los personajes que forman la corte del hombre elegante.
27. El mes hindú, que consta de treinta días lunares,
se divide en dos partes: la quincena llamada oscura, de cuarto menguante,
que termina con el novilunio, y la quincena clara, de cuarto creciente,
que acaba con la luna llena. Este calendario, utilizado aún
en la vida religiosa, prevé que algunos días fijos
de las dos quincenas o de una se reserven a la veneración
de una divinidad distinta; por ejemplo, se explica en el comentario,
el octavo día se dedicará al culto de Siva, el quinto
a Sarasvati, y así sucesivamente.
28. La diosa Sarasvati, siempre representada con luminosos vestidos
blancos y con un laúd y un libro entre las manos, es considerada
la protectora del saber y de las artes.
29. Bebidas embriagadoras: el madhu está hecho, probablemente,
a base de miel, mientras el maireya y el asava se obtienen de melaza
y hierbas, mezclando el primero con distintas especias y con miel
el segundo.
30. Los yaksa son divinidades menores asociadas a Kubera, el dios
que vigila las fabulosas riquezas que provienen de las entrañas
de la tierra, o sea, minerales, metales y piedras preciosas. La
noche que lleva su nombre cae en la luna nueva del mes hindú
de Karttika (octubre-noviembre), momento culminante de una celebración
que dura tres días y que suele llamarse dipavali, "enebrar
luces", pues se adornaba encendiendo muchas lámparas.
La Kaumudi ("Claro de luna") es la fiesta del plenilunio
del mismo mes de Karttika. El -día de la cebada- cae en el
mes de Vaisakha (abril-mayo): en este día se tiran unos a
otros harina de cebada perfumada. Las otras festividades enumeradas
están relacionadas con el dios Amor, que en India se llama
con distintos nombres, entre los cuales se encuentra Kama y Madana
(el "Embriagador"), y se le concibe como un joven fascinante,
armado con un arco en el que la cuerda está formada con abejas
en el enjambre, y las flechas son flores. La -fiesta de la primavera-,
dedicada a él, es la más explícita "fiesta
del dios Amor". El asoka, árbol consagrado al dios Amor,
al que las mujeres suelen rendir homenaje. Unido al dios Amor estaba
también el -carnaval- hindú, celebrado el día
de luna llena del mes de Phalguna (febrero-marzo), derivado de una
fiesta de la fertilidad; en este día la gente se rocía
mutuamente, de broma, con polvos y líquidos rojos. Durante
el "día de la litera", en el mes de Sravana (julio-agosto),
la imagen del dios Amor venía adorada sobre una especie de
litera o columpio.
31. Es la mujer con la que se pueden, más aún, se
deben contraer legítimas nupcias para realizar el dharma
(cfr., II, 1).
32. Este matrimonio está universalmente desaconsejado: se
define como pratiloma, o sea, "contrario al orden natural";
cuanto mayor sea la diferencia más despreciable será
la unión, y normalmente la prole caerá en una posición
inferior a la de sus padres en la escala social.
UNION EROTICA
DESCRIPCION DEL PLACER SEGUN LAS
MEDIDAS, LA DURACION Y EL TEMPERAMENTO
Los distintos tipos de amante masculino, en relación con
el órgano sexual, son liebre, toro, caballo. La amante, por
el contrario, puede ser cierva, yegua o mujer elefante. En este
ámbito, cuando la relación tiene lugar a la par, se
dan tres uniones iguales. En caso contrario, existen seis desiguales(1).
Entre las desiguales, si la preponderancia es del hombre, cuando
la relación se efectúa entre categorías contiguas,
son posibles dos uniones altas. No contigua, existe una sola unión
superior(2). Si la preponderancia es de la mujer, por el contrario,
entre categorías contiguas, se dan dos uniones bajas, y,
no contigua, una unión inferior. Entre éstas, las
uniones iguales son las mejores; las peores, las marcadas por el
comparativo. Las otras son moderadamente buenas. Incluso en una
situación media, una unión definida "alta"
es preferible a una definida "baja". Son las nueve uniones
según las medidas.
Quien, en el momento de los abrazos, está desganado, tiene
poca virilidad y no aguanta los azotes cariñosos es un hombre
de pasión débil. En antítesis con esto hay
amantes de pasión moderada o ardiente; y lo mismo vale para
la enamorada. También en esto, como respecto a las medidas,
los tipos de unión son nueve.
En relación con la duración, los amantes pueden ser
veloces, medios o lentos. Hay diversidad de opiniones respecto a
la mujer. Hay quien sostiene que ella no consigue la satisfacción
igual que el hombre, sino que su deseo viene aplacado de forma continuada
por el macho. Este deseo produce, si viene acompañado de
la alegría de la conciencia, un placer distinto, en el que
la mujer tiene el conocimiento del deleite. Por otra parte, ni siquiera
el placer del hombre pertenece a las categorías definibles
por un acto cognoscitivo; y no basta informarse: "¿Cómo
es tu placer?"(3) Entonces, uno podría objetar: ¿Cómo
se puede entender [que el placer de la mujer es distinto]? Porque
el hombre, llegado al orgasmo, se para, según sus deseos,
sin preocuparse de la mujer; ella, sin embargo, no se comporta
igual. Es lo que afirma Svetaketu.
Se puede rebatir: cuando el enamorado lo prolonga mucho, las mujeres
quedan satisfechas; mientras que, si es veloz, sin reparar en que
ellas hayan conseguido la satisfacción, éstas se irritan.
Todo esto indica que ellas han conseguido, o no, la satisfacción.
No es un planteamiento válido, pues la simple satisfacción
del deseo se aprecia, si dura mucho. Y como subsiste la duda, la
objeción no demuestra nada. [Svetaketu concluye:]
En la unión, el hombre acalla el deseo de la mujer; si va
acompañado de conciencia, se llama satisfacción.
Para otros, la joven consigue la satisfacción de forma continuada,
desde el inicio; el hombre, por el contrario, sólo al final.
Esto parece lógico; efectivamente, si ella no consiguiese
el deleite, no tendría lugar la concepción. Es la
opinión de los discípulos de Babhravya.
Ni siquiera el hecho de que [las mujeres queden satisfechas por
los amantes que lo prolongan mucho, ni al revés], basta para
disipar las dudas. Se podría rebatir: si las mujeres alcanzan
el placer de forma continuada, no es normal que al inicio se sientan
indiferentes y sin muchas ganas; luego, gradualmente, se vuelvan
apasionadas sin preocuparse del cuerpo, y al final deseen parar.
Esto no quiere decir, en realidad, nada. Para el torno del alfarero,
o para la peonza, el hecho de girar es algo constante, parece normal
que, cuando uno de estos objetos gira, al principio sea lento, y
luego, gradualmente, alcance el máximo de velocidad. En cuanto
al deseo de parar, tiene lugar porque se ha terminado el semen.
Por este motivo, no hay una objeción contundente. [Para los
discípulos de Babhravya, las cosas están así:]
Los hombres gozan al final del amor, y las mujeres en continuidad;
el deseo de pararse surge porque se ha terminado el semen.
Basándonos en esto, [Vatsyayana opina que] la manifestación
de placer de la mujer hay que juzgarla igual a la del hombre: ¿Cómo
podría haber una diferencia de resultados, si la especie
[humana] es la misma, y los dos buscan lo mismo? ¿Quizá
por la diversidad de instrumentos y de conciencia? ¿Pero
cómo? La diversidad de instrumentos es por naturaleza: el
hombre es la parte activa, la mujer la parte pasiva. El agente realiza
una función, la parte pasiva obtiene otra; o sea, dada la
diversidad de instrumentos, hay también por naturaleza una
diferencia de conciencia. El hombre queda satisfecho, cuando piensa:
"Yo la conquisto"; y la mujer queda satisfecha, al pensar:
"Me ha poseído". Es la opinión de Vatsyayana.
Se podría objetar: dada la diversidad de instrumentos, ¿no
debería darse también una diferencia de resultados?
La diversidad de instrumentos está fundada en la desigualdad
de características: agente y parte pasiva; pero la diferencia
de resultados, sin base lógica, sería algo impropio,
ya que no existe diversidad de especie.
Llegados a este punto, se podría objetar: los que obran juntos
realizan una sola cosa; pero los dos amantes cumplen por separado
su fin. Por esto, el planteamiento no es correcto. Es evidente que
se consigue más de una meta a la vez, como en el choque de
dos carneros, cuando rompen uno contra otro dos frutos de kapittha,
o en la pelea entre dos luchadores. Si se objeta que aquí
no hay disparidad entre los agentes, la respuesta es que en nuestro
caso ni siquiera la diversidad es esencial; se ha dicho antes que
la diferencia de instrumentos es así por naturaleza. Lo que
nos lleva a la conclusión de que los dos amantes alcanzan
también igual satisfacción. [Concluye Vatsyayana]:
Ya que la especie no es distinta, el esposo y la esposa buscan el
mismo placer;
por esto hay que acariciar a la mujer para que ella sea la primera
en alcanzar el deleite.
Demostrada la igualdad, hay, como en el caso de las medidas, nueve
tipos de unión según la duración, y, basados
en ésta, también según el temperamento.
Los sinónimos de "orgasmo" son: placer, deleite,
amor, satisfacción, pasión, eyacular, cumplir. Los
sinónimos de "hacer
el amor" son: relación sexual, unión,
tabú, acostarse, éxtasis. Como cada una de las uniones
producidas por la medida, duración y temperamento es de nueve
tipos, resulta imposible, cuando éstos se mezclan, indicar
los distintos modos del amor, son amplísimos. En cada uno,
dice Vatsyayana, se deben usar con criterio las iniciativas eróticas.
Durante la primera unión el hombre es ardiente y veloz, al
contrario que en las sucesivas. La mujer, sin embargo, es al revés,
hasta que se termina el semen. Se suele decir que el hombre agota
el semen antes que la mujer.
Por el hecho de ser tiernas, gracias a las caricias y por naturaleza;
las mujeres llegan al placer de prisa, así lo han establecido
los maestros.
Hasta aquí los sabios han expuesto la doctrina de la unión:
para enseñar a los menos preparados, pasemos ahora a una
descripción detallada.
DISTINTAS CLASES DE AMOR
Los expertos en los tratados dicen que el amor es de cuatro tipos:
por práctica y por conciencia, por convencimiento y por sensualidad.
El amor que nace de una percepción, y tiene como característica
la reiteración, hay que considerarlo amor "por práctica",
como sucede con la caza o actividades parecidas.
El amor por acciones nunca antes realizadas, que no se basa en objetos
sensoriales, sino que nace de una idea, será amor "por
conciencia".
Esto se reconoce en el amor con la boca de los eunucos o de las
mujeres, y en las distintas iniciativas como besos y otras cosas
parecidas.
Quien conoce los tratados llama amor hecho "por convencimiento",
si piensa: "¡Es eso realmente", cuando la causa
del afecto es otra.
El amor evidente, conocido por todos, es el que descansa en los
objetos de los sentidos, porque da los frutos más importantes:
de éste adquieren significado también los otros.
Una vez examinados según el tratado estos tipos de amor definidos,
se pondrán en práctica de la forma adecuada, basándose
en cómo se nos presentan.
ANALISIS DE LOS ABRAZOS
La parte sobre la unión erótica se denomina "sesenta
y cuatro", porque hay sesenta y cuatro apartados.
La opinión de algunos maestros es que con "sesenta y
cuatro" se indica un tratado sobre el amor como éste.
O, dado que las artes son sesenta y cuatro, y éstas forman
una rama de la unión erótica, el conjunto de las artes
se denomina "sesenta y cuatro". Algunos sostienen que,
como también las diez secciones que forman el Rigveda se
llaman así, y también en este caso subsiste una relación
con el término "diez", a la vez que una conexión
con Pañcala, los expertos del Rigveda utilizan esta denominación
a título honorífico.
Para los discípulos de Babhravya la unión tiene ocho
aspectos: abrazos, besos, arañazos, mordiscos, maneras de
acostarse, emitir gemidos, tomar la parte del hombre y el amor con
la boca; y cada uno de éstos tiene ocho variedades distintas,
por eso existen ocho grupos de ocho, que hacen sesenta y cuatro.
Sin embargo, parece evidente que algunos de estos ocho grupos de
variedades tienen [como veremos] un menor número de formas,
al mismo tiempo que otros tienen más; además, entran
en este ámbito también otros agrupamientos, como pegar,
gritar, las iniciativas del hombre, las uniones extraordinarias
y otros más; por este motivo, la opinión de Vatsyayana
es que "sesenta y cuatro"
es una forma de expresarse, como se habla del árbol "sietehojas"
o del arroz "cincocolores".
O sea, para dos amantes que aún no se han unido existen cuatro
tipos de abrazos, que sirven para mostrar los signos del amor: el
abrazo que roza, que traspasa, que frota y que aprieta. En cada
caso ya se indica la forma de actuar con el término utilizado
como definición.
Cuando la mujer que pretendemos amar se presenta ante nosotros,
si el hombre da un paso adelante con cualquier pretexto, y toca
su cuerpo, se tiene el abrazo
"que roza". Cuando el hombre que se debe
conquistar está de pie o sentado en un lugar apartado, y
la enamorada, al recoger algo, lo aprieta con fuerza con su seno,
y él la agarra, abrazándola, es el abrazo "que
traspasa". Ambos tienen lugar cuando todavía los dos
no han hablado mucho entre ellos.
Si en la oscuridad, entre la gente o en un sitio solitario, caminan
despacio y sus cuerpos se restregan uno contra otro durante un corto
espacio de tiempo, se tiene el abrazo
"que frota". El mismo, cuando se aprieta
fuerte contra una pared o columna, trabándose, se convierte
en abrazo "que aprieta".
Estos dos tienen lugar entre los que conocen recíprocamente
su estado de ánimo.
Enredarse en la liana, escalar el árbol, sésamo y
arroz, leche y agua son los cuatro abrazos en el momento de la unión.
La mujer, acercándose como una liana a un árbol sala,
hace que la cara del hombre se incline para besarle; o, levantado
ella la cara, pegada a él, entre ligeros gemidos, se queda
un rato contemplándolo tiernamente: es el "enredarse
en la liana". En caso de que la mujer apoye
un pie en el pie del amante y ponga el otro en el muslo, y con éste
se ciñe, echa un brazo por su espalda y con el otro le hace
inclinar los hombros, y gimiendo y arrullando, poco a poco, quiere
trepar para besarlo, se tiene el "escalar
el árbol". Estos dos abrazos se realizan
estando de pie.
Una vez acostados, los amantes se abrazan muy fuerte, entrecruzando
los muslos y los brazos, casi en una lucha: es el "sésamo
y arroz". Ciegos de pasión, sin preocuparse
si se hacen daño, como si quisieran entrar uno en la otra,
mientras ella está sentada en sus rodillas, ante él,
o están encima de la cama: es el "leche
y agua". Estos dos abrazos tienen lugar en
el momento de la pasión.
Hasta aquí se han expuesto las distintas formas de abrazo
según Babhravya. Sin embargo, Suvarnanabha enumera aún
cuatro tipos de abrazo con una sola parte del cuerpo.
Si un amante aprieta con todas sus fuerzas, haciendo con sus muslos
una traba, sobre uno o sobre los dos muslos del otro, se tiene el
"abrazo con los muslos".
Con el vientre apretando el vientre, la mujer, mientras sacude su
larga cabellera, sube por el hombre, para arañar, morder,
pegar y besar: es el "abrazo
del vientre".
Con los senos cruzando por su pecho, descansa todo el peso: es el
"abrazo con el seno".
Unida boca con boca, los ojos con los ojos, golpea la frente contra
la frente: es el "adorno
de la frente".
Algunos consideran que incluso el masaje es un tipo de abrazo, ya
que tiene lugar un contacto.
Vatsyayana no está de acuerdo, pues el masaje se produce
en un momento distinto, es divergente en el fin y no es una acción
común de los dos amantes.
A los hombres que preguntan o quieren conocer, incluso a los que
exponen toda la doctrina de los abrazos les nace el deseo del amor.
También otros abrazos, que no hemos considerado, pero que
atizan la pasión, hay que utilizarlos con diligencia, pues
conducen a la unión.
El ámbito de los tratados llega hasta que los hombres empiezan
a excitarse; una vez puesta en movimiento la rueda del placer, ya
no vale ni libro ni orden fijo.
VARIEDADES DEL BESO
No hay un orden establecido para los besos, arañazos y mordiscos,
ya que se dan en momentos de excitación. Se recurre a los
mismos, generalmente, antes de la unión, mientras a los golpes
y gemidos durante el desarrollo de la misma. Vatsyayana sostiene,
por el contrario, que todo se puede hacer en cualquier momento,
ya que la pasión no conoce deferencias. Durante la primera
unión conviene valerse de los mismos, con una mujer que ya
sienta confianza, no demasiado abiertamente y en forma alternativa;
en las siguientes, se practiquen con mucho ardor y en grupos particulares,
para inflamar el deseo.
Se besa la frente, la cabellera, las mejillas, los ojos, el pecho,
los senos, los labios y la boca; en Lata también la ingle,
los sobacos y la zona por debajo del ombligo. A causa de la excitación,
y por las costumbres locales, hay muchos otros sitios, pero no todas
las personas tienen que recurrir a los mismos;
es la opinión de Vatsyuyana.
Los besos de la doncella son tres: comedido, palpitante, que toca.
Si ésta, casi obligada, posa su boca en la boca del otro,
pero sin hacer ningún movimiento, se tiene el beso "comedido".
Cuando, todavía un poco avergonzada, desea coger el labio
inferior del amante, que éste ha insinuado en su boca, y
hace vibrar su labio inferior, pero no lo consigue, es el beso "palpitante".
Si apenas aprieta, con los ojos cerrados y tapando con las manos
los ojos del enamorado, y lo toca con la punta de la lengua, es
el beso "que toca".
El resto de los besos son de cuatro clases: de frente, de soslayo,
vago y apretado. Hay además un quinto modo de beso "apretado":
cuando se sujeta entre dos dedos el labio inferior del amante, y
se le presiona con los labios abiertos en forma de copa, sin usar
los dientes.
En tales circunstancias se puede iniciar un juego, que consiste
en esto: gana el primero que bese el labio inferior del otro. Cuando
pierde la mujer, ésta debe, con lágrimas, mover las
manos, rechazar, morder, soltarse y, en caso de ser mantenida a
la fuerza, discutir; proponga una nueva apuesta y, vencida de nuevo,
se enfade aún más. Cuando el enamorado esté
demasiado confiado o distraído, ella agarre su labio y, sujetándolo
con los dientes, impida que se le escape; entonces se ría,
grite, amenace, brinque, pida testimonios y dance; y, agarrándole
del pelo, con la cara donde las cejas ondulan de risa y los ojos
tiemblan, haga una serie de comentarios. Es la disputa de amor durante
el juego del beso.
El mismo planteamiento también vale para las disputas durante
los juegos de arañazos, mordiscos y golpes. A estas disputas
sólo recurren los amantes ardientes, ya que les caen bien.
Si mientras la enamorada besa al hombre, le aprieta el labio superior,
se tiene el "beso del labio superior".
Cuando se besa agarrando con los labios, en una especie de traba,
los labios del otro, es el beso "en forma de copa", que
se ofrece a una mujer o a un hombre en el que aún no han
aparecido los signos de la pubertad. Y en éste, si el hombre
toca con la lengua los dientes, el paladar o la lengua de ella,
se tiene la "disputa de la lengua". Y esto también
vale cuando la boca y los dientes se agarran y se ofrecen con fuerza
[o sea, las "disputas" de la boca y de los dientes].
En otras partes del cuerpo el beso puede ser, según el lugar,
comedido, apretado, curvilíneo y delicado.
Son los distintos tipos de beso.
Si la mujer, contemplando la cara del amante adormecido, lo besa
como desea, es el beso "que enciende la pasión".
Cuando un enamorado está descuidado, o está discutiendo,
o distraído con alguna otra cosa o querría dormir,
el beso para quitarle el sueño [y otras causas de frialdad]
se llama "que distrae".
Si él llega tarde por la noche y besa a gusto a la enamorada,
que duerme en la cama, es el beso "que despierta". Por
tanto, en caso de que la mujer desee sondear los sentimientos del
amante, puede fingir que duerme, después de haberse enterado
de la hora de su llegada.
Besar en un espejo, en una pared o en el agua la imagen reflejada
de la amada es un gesto que vale para revelar el estado de ánimo.
Cuando se besa a un niño, una pintura o una estatua, se tiene
el beso "transferido", y lo mismo vale para el abrazo.
Algo parecido tiene lugar cuando por la noche, durante un espectáculo
o entre familiares, el hombre, que está junto a la amada,
le besa los dedos de la mano o, si está echado, los dedos
del pie. Cuando, por último, una mujer que da masajes, para
mostrar al hombre su estado de ánimo, coloca el rostro en
sus muslos, como si estuviera vencida por el sueño y sin
ningún tipo de deseo, y se los besa, y también el
pulgar de los pies, son besos "que cortejan".
Intercámbiense todas las acciones, un golpe con otro golpe,
y por el mismo motivo un beso con otro beso.
DISTINTAS FORMAS DE ARAÑAR
Cuando la pasión es arrolladora, se recurre a los arañazos,
que consisten en producir rasguños. Se utilizan en la primera
unión, a la vuelta de un viaje o a la partida, cuando la
amante encolerizada se ha tranquilizado y se la emborrachado; pero
no siempre tienen lugar entre dos enamorados no ardientes.
Vale exactamente igual para los mordiscos, pero ténganse
en cuenta las costumbres.
Los arañazos tienen ocho variedades, basándose en
la forma: el crepitante, la media luna, el círculo, la línea,
la garra de tigre, la marca de pavo real, el salto de la liebre,
la hoja de loto azul. Los sitios son:
sobacos, senos, cuello, espaldas, vientre y muslos. Suvarnanabha
opina que, una vez que se ha puesto en movimiento la rueda del placer,
no se hace distinción entre sitio adecuado y no adecuado.
Por este motivo los amantes ardientes tengan las uñas de
la mano izquierda recién cortadas y con dos o tres puntas.
Atravesadas por una línea, regulares, relucientes, limpias,
no rotas, que crezcan, suaves y de aspecto flexible: así
son las uñas bonitas.
Los hombres de Gauda suelen tener uñas largas, que hacen
la mano muy atractiva y atrapan, cuando se ven, a los corazones
femeninos. Los habitantes del Sur, sin embargo, las tienen cortas,
pues así pueden soportar cualquier tipo de trabajo y se adaptan
al placer de realizar las distintas clases de arañazos. En
el Maharastra las tienen medias, y participan de las cualidades
de ambos tipos.
Cuando, manteniendo las uñas bien juntas, se tocan suavemente
las mejillas, los senos o el labio inferior,
sin que quede señal alguna, y por el simple toque se levanta
el vello, y al chocar las uñas surge un sonido, se tiene
el arañazo "crepitante". Se emplea con la mujer
a la que queremos conquistar, al darle masajes en el cuerpo, se
le hacen cosquillas en la cabeza, se le aprieta un granito para
turbarla y asustarla.
Si se imprime con las uñas una marca curva en el cuello y
en la curva del seno, se tiene una "media luna". Dos de
éstas, puestas una frente a otra, forman el "círculo",
se hacen por debajo del ombligo, en los hoyuelos de las caderas
y en la ingle.
En todas las partes se puede imprimir una "línea"
no demasiado larga. Ésta, muy curvada, es la "garra
de tigre", que llega hasta la punta del seno. Si luego se traza
una línea con las cinco uñas hasta el pezón,
es la "marca de pavo real"; se realiza en una mujer que
quiere alardear de sus amores. Si las marcas de las cinco uñas
están muy cerca del pezón, se tiene el "salto
de la liebre". Una especie de hoja de loto, impresa en la curva
del seno o en la cintura, es la "hoja de loto azul". Tres
o cuatro líneas contiguas en los muslos o en la curva del
seno sirven para recordar al que sale de viaje. Así se utilizan
las uñas.
Además, se deben imprimir otros arañazos con formas
distintas. Algunos maestros comentan: desde el momento en que las
variedades son innumerables, infinitas las posibilidades dictadas
por la experiencia y práctica sin límites, y, además,
como el arañazo nace de la pasión, ¿quién
puede examinar los distintos modos? Pero, aunque la excitación
sea viva, se desea la variedad y con ésta suscitar la pasión
recíproca.
Las cortesanas hábiles y sus amantes se desean mutuamente;
sin embargo, en el tratado sobre la ciencia del tiro con arco y
en otros manuales sobre armas se pide variedad; por este motivo,
considera Vatsyayana, con mucha más razón hay que
solicitar ésta en este campo.
Sin embargo, uno no debe comportarse así con las mujeres
casadas con otro; a éstas se les pueden imprimir marcas especiales
en sitios escondidos del cuerpo, como recuerdo, y porque esto, sin
duda, aumenta la pasión.
Cuando una mujer descubre arañazos en lugares secretos, aunque
desde hace tiempo esté olvidado, le devuelve como nuevo un
amor sincero.
Si en mucho tiempo no se vive la pasión, el amor se evapora;
si falta el arañazo, el amor lamentará el descuido.
Quien contempla a una joven de lejos, en cuyo seno han gozado sus
uñas, aunque sea un extraño, aumenta la estima y se
inflama el deseo.
El hombre adornado en ciertos lugares con marcas de uñas
hace vacilar, es una norma, el corazón más firme de
una mujer.
No hay modo más eficaz para acrecentar la pasión que
el que se realiza con las uñas y con los dientes.
REGLAS PARA MORDER
Se muerden las mismas zonas que se besan, menos el labio superior,
dentro de la boca y los ojos.
Regulares, lisos y brillantes, con su color, tamaño justo,
apretados y puntiagudos: son los dientes bonitos.
Defectuosos son los mellados, con una veta, romos, irregulares,
malformados, grandes, distantes.
Los mordiscos son: oculto, hinchado, el punto, la guirnalda de puntos,
el coral y gema, el collar de gemas, la nube quebrada, el mordisco
de jabalí.
El mordisco "oculto" se reconoce sólo por el color,
apenas enrojecido. El mismo, si resalta, se convierte en mordisco
"hinchado". Si ambos tienen lugar en el labio inferior
nos dan un "punto".
El mordisco "hinchado" y el "coral y gema" se
pueden imprimir en la mejilla. El beso del pendiente de flores en
la oreja y los arañazos y los mordiscos suelen adornar la
mejilla izquierda.
El "coral y gema" se realiza apretando reiteradamente
dientes y labios; el "collar de gemas" es igual, pero
en una mayor extensión. El "punto" se tiene cuando
se aprieta entre dos dientes, como trabando, una porción
de piel; la "guirnalda de puntos", si se realiza con todos
los dientes. Por canto, el "collar" y la "guirnalda"
hay que realizarlos en el cuello, en los sobacos y en la ingle;
la "guirnalda de punto?, en la frente y en los muslos.
Parecido a un círculo, con salientes irregulares, es la "nube
quebrada", que se realiza en la curva del seno. Numerosas líneas
de huellas de dientes, largas y contiguas, interrumpidas con espacios
cobrizos forman el "mordisco de jabalí", que se
dará en la curva del seno. Ambos se prestan en amantes ardientes.
Son los distintos tipos de mordiscos.
Se pueden imprimir arañazos, mordiscos, como señales
de cortejo, en los distintivos de la frente, en los adornos de capullos
para las orejas, en la coronita de flores, en la hoja de betel o
de tamala de la mujer a conquistar.
USOS LOCALES
Hay que cortejar a las mujeres según las costumbres locales.
Las habitantes de Madhyadesa, en general arias(4), mantienen una
conducta pura y detestan los besos y las marcas de uñas y
dientes. Dígase lo mismo de las mujeres de Bahlika y del
Avanti, que tienden a las llamadas uniones extraordinarias.
A las de Malava y de Abhira les gustan, sobre todo, los abrazos,
los besos y los cardenales hechos con uñas y dientes, pero
rechazan las heridas, y hay que conquistarlas con azotes cariñosos.
Las habitantes de la región entre los ríos(5), de
los que el Indo es el sexto, suelen practicar el amor con la boca.
Las del extremo Occidente y de Lata son fogosas y emiten gritos
apagados.
En el Strirajya y en Kosala les gustan los golpes fuertes, son salvajemente
apasionadas y aprecian, sobre todo, los mecanismos artificiales.
Las mujeres del Andhra son delicadas, buscan el placer, tienen deseos
impuros y modales corteses.
Las del Maharastra se inflaman al emplear las sesenta y cuatro artes,
les gustan las palabras groseras y en la cama son ardorosamente
decididas. Lo mismo que las que viven en la capital (en Pataliputra),
pero lo demuestran en secreto.
Las mujeres del Dravida, aunque al principio uno empiece acariciándolas,
se excitan poco a poco. Las de Vanavasa son moderadamente apasionadas,
soportan todo, tapan su cuerpo, se ríen de los demás
y evitan a los hombres criticables y vulgares. Las de Gauda hablan
con dulzura, son muy afectuosas y tienen cuerpos delicados.
Para Suvarnanabha, las costumbres que dependen del carácter
tiene mayor valor que las costumbres del lugar; para él no
existen usos locales. Es necesario, además, tener presente
que con el tiempo los usos, hábitos y juegos pasan de un
país a otro.
Entre los abrazos y otras prácticas, lo que precede es siempre
el mejor medio para encender la pasión, y lo que sigue es
lo más sorprendente.
La herida que un hombre hostigado pueda infligir, sin que la acepte
la mujer, tiene que ser pagada con el doble.
Devuelva el "punto" con una "guirnalda", la
"guirnalda" con una "nube quebrada"; realice
sus disputas de amor, como si estuviera enfadada.
Le levante la cara, agarrándole del cabello, y beba en su
boca; abrazándole, empujada por la embriaguez, muérdalo
en todas las partes.
Abrazada al curvo pecho del amante, le levante la cabeza hacia arriba,
e imprima en su cuello un "collar de gemas" y todo lo
que sepa.
Incluso de día se ría, sin que lo noten los demás,
de las marcas que ella le ha dejado, si el amante las exhibe entre
la gente.
Insinuando un mohín con la boca y reprochando al enamorado,
como si estuviera enfadada, muestre las marcas que han quedado en
su cuerpo.
Cuando están bien dispuestos uno hacia el otro, dos amantes
actúan así, con pudor, y nunca se consume su amor,
ni siquiera después de cien años.
DISTINTAS MANERAS DE ACOSTARSE
En el momento de pasión, en la unión "alta",
la mujer cierva debe acostarse ensanchando la pelvis; la mujer elefante,
en la unión "baja", contrayéndola. Cuando
la unión es igual, se acostará de espaldas. El mismo
planteamiento se aplique también a la mujer yegua.
Entonces ella recibe con la vagina al amante, y, sobre todo en la
unión baja, los instrumentos artificiales.
Que se abre, que bosteza, de Indrani(6): estas tres posturas corresponden
en particular a la cierva.
La "que se abre" se realiza manteniendo la cabeza hacia
abajo y levantando la pelvis. Hay que facilitar la salida. Si la
mujer recibe al amante levantado los muslos oblicuamente, se tiene
la postura "que bosteza". Cuando tiene los muslos levantados
oblicuamente y cierra las rodillas, es la postura "de Indmni",
que se aprende con la práctica. Con ésta se puede
realizar incluso la unión considerada superior.
En la unión baja, se recibe al amante con la postura "en
forma de copa", y también en la unión inferior.
Para la mujer elefante valen estas posturas: en forma de copa, que
aprieta, que se enreda y de la yegua.
Si los pies de ambos están estirados se tiene la "forma
de copa". Ésta es de dos tipos: la "copa sobre
un costado" y la "copa hacia arriba", pues así
re realiza. Quien yace sobre un costado tiene que acostarse al lado
de la mujer echada sobre el costado derecho: es una norma universal.
Si la mujer, mientras hace el amor en la postura en forma de copa,
cierra con fuerza los muslos, se tiene la unión "que
aprieta". Cuando cruza las piernas, es la postura "que
enreda". Si, como una yegua, aprieta con mucha fuerza, es la
postura "de la yegua", que se consigue con la práctica;
se da sobre todo entre los habitantes del Andhra. Son las distintas
maneras de acostarse, según Babhravya.
Para Suvarnanabha, por el contrario: si los dos muslos están
levantados, se tiene la postura "muy curvada". Cuando
el amante mantiene levantados los pies de la mujer, es la unión
"que bosteza". La misma, con los pies doblados [contra
el pecho del enamorado], es la "que empuja"; si un pie
está estirado, se convierte en la postura "que empuja
a medias".
Cuando se pone un pie en los hombros del hombre y el otro se estira,
y se alternan los movimientos, se tiene la "apertura de bambú".
Si se sube un pie hasta la cabeza y el otro se estira, es el "traspasar
con el palo", que se consigue con la práctica.
Cuando el enamorado pone los pies plegados de la mujer en su bajo
vientre se tiene la postura "del cangrejo". Si ella cruza
los muslos levantados, es la "que aprieta". Cuando se
cruzan las piernas por debajo de las rodillas, se consigue una postura
parecida a la del loto(7). Si la mujer abraza la espalda del amante,
mientras él se da la vuelta para el otro lado, es la unión
"cambiada", que se aprende con la práctica.
Suvarnanabha opina que se puede hacer el amor acostados, sentados
o también de pie en el agua, y estas uniones se deben considerar
extraordinarias; pues así resultan fáciles de realizar.
Sin embargo, para Vatsyayana, esto no es correcto, ya que no aparece
convalidado, por los sabios.
UNIONES EXTRAORDINARIAS
Ahora trataremos de las llamadas uniones extraordinarias. Cuando
dos jóvenes, en posición erecta, se sujetan uno a
otro, o se apoyan en un pared o en una columna, se tiene la "unión
de pie". Si el hombre se apoya en una pared, y la compañera,
echándole los brazos al cuello, se sienta en sus manos entrelazadas,
le aprieta la pelvis con los muslos y se mueve empujando con los
pies contra la pared, es la "unión suspendida".
Si, por el contrario, la mujer está en el suelo, como a cuatro
patas, y el amante se pone encima como un toro, es la postura "de
la vaca". En este caso las espaldas reciben lo que normalmente
corresponde al pecho. Partiendo de esta postura, se pueden considerar
muchas otras, siempre que se trate de una unión particular
a inusual: el amor del perro, del antílope, del carnero,
el asalto del burro, el juego del gato, el salto del tigre, la presión
del elefante, el frotamiento del jabalí, la monta del caballo.
El amor con dos mujeres que mantienen relaciones de amistad entre
ellas es la "unión conjunta", y con muchas es el
"rebaño de vacas". El "juego del serrallo
de elegantes" y las uniones del carnero y del antílope
se realizan imitando su forma de actuar.
En la región de Gramanari, en el Strirajya y en el Bahliharem
varios jóvenes, sometidos a la misma ley de un harem, son
maridos de cada una de las mujeres. Éstos tienen que satisfacerlas
o bien cada uno por separado o todos a la vez, según las
costumbres y las funciones. Uno la sostenga, otro se ocupe de la
cara, otro de la vagina y otro de la parte media de su cuerpo; así
deben hacerlo por turnos y variando.
El mismo planteamiento vale también para la prostituta poseída
por un grupo de hombres y para los que hacen el amor con las esposas
de un rey.
Entre los habitantes del Sur existe también una unión
baja, anal. Son las distintas uniones extraordinarias.
Hablaremos de las iniciativas del hombre durante la unión,
cuando tratemos del "amor como el hombre".
Con los gestos amorosos de los animales pacíficos o salvajes
y de pájaros, con éstas y otras destrezas, quien conoce
los corazones acrecienta las distintas formas del placer.
Cuando se aplican distintas formas de amar, conforme a las costumbres
de ella y a los usos del lugar, surgen en las mujeres afecto, pasión
y gran respeto.
UTILIZACION DE GOLPES. COMO
RECURRIR A LOS GEMIDOS APROPIADOS
La unión de los animales, dicen, se parece a una disputa,
porque el amor tiene la naturaleza de una disidencia y enfado. Los
golpes forman paste de la pasión. Los lugares son los hombros,
la cabeza, el espacio entre los senos, las espaldas, el pubis, los
costados; pertenecen a cuatro variedades: con el revés de
la mano, con la mano en forma de copa, con el puño y con
la palma de la mano.
De éstos, a los que corresponde un dolor, se origina la emisión
de gemidos de muchas clases; hacen
ocho con los gritos, que son: pronunciar el sonido hinn, tronar,
arrullar, llorar, emitir los sonidos sut, uf y pufff. Luego hay
palabras que quieren decir "mama", que expresan oposición,
deseo que le dejen a uno libre, "basta" y otras con significado
parecido. Además se pueden imitar (los gritos) de la tórtola,
del cuclillo, de la paloma y del papagayo, el zumbido de las abejas
y (las voces) de la gallineta, de la oca, de la pata y de la perdiz,
todos mezclados con gemidos.
Cuando la mujer se sienta de rodillas, se la puede golpear con el
puño en la espalda. Entonces, como si estuviera enfadada,
ella tiene que imitar el ruido del trueno, llorar, arrullar y devolver
el golpe. Durante la unión, el hombre la golpee entre los
senos con el revés de la mano, comenzando suavemente y aumentando
según va creciendo la pasión, hasta el clímax.
Entonces, cuando se le pega, ella emite el sonido hinn y todos los
demás, sin restricción, insistiendo y variando.
Cuando se le pega en la cabeza con los dedos un poco curvados mientras
ella se muestra arisca y emite el sonido pufff, se tiene el golpe
con la mano "en forma de copa". Entonces ella arrulle
desde lo más profundo de la garganta e insista con el sonido
pufff. Al terminar la unión, se expresará con suspiros
y llantos. Pronunciar el uf significa imitar el ruido, poco más
o menos, de una caña de bambú que se parte; el pufff
se parece, por el contrario, a una baya de yuyuba que se cae en
el agua.
En los casos en que recibe besos y otras prácticas de amor
la mujer debe corresponder con gemidos.
Si, por la pasión, se le pega con insistencia, utilice palabras
que expresen oposición, deseo de que le dejen libre, "basta",
invoque a su madre y grite, imitando, a la vez, el ruido del trueno
entre suspiros apagados y llantos. Cuando está a punto de
concluir la excitación, él golpee el pubis y los costados,
desahogándose, hasta el clímax. Aquí eleve
de prisa el grito de la perdiz o de la oca. Son los distintos modos
de utilizar los sonidos y los golpes.
Valgan estas dos estrofas sobre el particular:
Llamamos esencia del hombre a la rudeza y a la impetuosidad; la
impotencia, el dolor, el retirarse y la debilidad, esencia de la
mujer.
En ocasiones, por la pasión y la costumbre, puede tener lugar
una permuta, pero no por mucho tiempo, y, al terminar, se vuelve
a la naturaleza de cada uno.
La "cuña" en el pecho, las "tijeras"
en la cabeza, el "punzón" en las mejillas, las
"pinzas" en los senos y en los costados: con estas variedades
enumeradas, los golpes son de ocho tipos entre los habitantes del
Sur. En el pecho de aquellas jóvenes se ven las cuñas
y sus efectos; se trata de un use local. Para Vatsyayana es una
perversidad, un comportamiento bárbaro, algo despreciable.
Esto, y cualquier otro use de las costumbres regionales, no se debe
adoptar aquí. Pero incluso donde el uso es corriente se debe
evitar lo que comporte peligro. Efectivamente el rey de Cola, durante
la unión, dio un golpe de muerte con una "cuña"
a la cortesana Citrasena; Kuntala Satakarni Satavahana mató
con las "tijeras" a la reina Malayavati; Naradeva, que
tenía una mano lisiada, con un "punzón"
usado a destiempo dejó tuerta a una danzarina(8).
Valgan unas estrofas sobre el particular:
Aquí no cuenta ni la enumeración ni la observancia
del tratado; cuando ha comenzado la unión de amor, la pasión
es la única fuerza que mueve.
Ni siquiera en sueños se ven las situaciones o los gestos
de arrebato que se pueden dar al hacer el amor, inventados en ese
mismo instante.
Como un caballo en carrera, lanzado al galope más veloz,
ciego por el ímpetu no advierte ni postes, ni hoyos ni precipicios,
así en la batalla del amor, ciegos por la pasión,
se comportan los dos amantes ardientes y no se percatan del peligro.
Por esto el experto en el tratado aprende la delicadeza, la fogosidad
y la fuerza de la joven, y la fuerza propia, y por tanto obra en
consecuencia.
No siempre ni con todas las mujeres valen las destrezas del amor;
su uso debe tener en cuenta el lugar, el país y el momento.
EL AMOR COMO EL HOMBRE. LAS
INICIATIVAS DEL HOMBRE DURANTE LA UNION
Si la mujer advierte que el amante está cansado por su continua
entrega, pero que aún no ha apagado su deseo, puede, con
su consentimiento, ponerlo debajo y prestarle ayuda con el "amor
como el hombre";
o adoptar esta función por propia iniciativa, deseosa de
poner en práctica algo particular, o por curiosidad del enamorado.
En este caso la mujer, levantada por el amante siempre unido a ella,
lo ponga debajo, de tal forma que la unión no experimente
interrupciones en el placer, y continúe ni más ni
menos que como había empezado.
Es la primera forma; la segunda se efectúa si, al volver
a empezar, la mujer asume esta parte desde el principio.
Esparciendo las flores que adornan sus cabellos y con una risa rota
por los suspiros, ella apriete, para acercarse a la cara, el pecho
del amante con sus senos, y agache varias veces la cabeza; al actuar
de esta forma, devuelve los mismos gestos que él había
desplegado anteriormente. Diga: "¡Me has ganado, ahora
me toca a mí!", riendo, amenazando y pegándole;
de nuevo, muestre recato, cansancio y deseo de pararse; y debe hacer
el amor tomando las mismas iniciativas que el hombre, y que ahora
expondremos.
Mientras la enamorada está en la cama, y parece distraída
por sus palabras, el amante le desate el
nudo de la falda; si opone resistencia, le aturda besándole
en las mejillas. Una vez excitado, la toque en
varios sitios. Si es la primera vez que se une a él, la acaricie
entre los muslos, que ella mantendrá apretados;
si es una doncella, también en los senos, en las manos, en
los sobacos, en los hombros, en el
cuello, partes que ella intentará cubrirse; cuando se trata
de una mujer sin escrúpulos, según las costumbres
y circunstancias. Para besarla, la agarre con violencia, haciendo
copa con los dedos, por la melena
y por la barbilla. La enamorada, si se trata de la primera unión
con él, o de una doncella, se muestre
vergonzosa y cierre los ojos.
Durante la unión él intente descubrir, por la forma
de comportarse, cómo se la puede satisfacer. Cuando
la coge, debe apretarle con las partes a las que ella dirija la
mirada. Es el secreto de las jóvenes,
dice Suvarnanabha.
El cuerpo se relaja, los ojos están cerrados, se ha perdido
todo pudor, la unión es muy intensa; éstos
son, para las mujeres, los signos del orgasmo. [En caso contrario],
una enamorada mueve las manos,
suda, muerde, no permite al hombre que se levante, le pega con el
pie y, al final del amor, prosigue más
a11á que el hombre. [Para evitar esto], el amante debe, antes
de poseerla, excitar con la mano, reuniendo
la yema de los dedos, sus partes íntimas, hasta que se lubrifiquen,
y luego penetrarla.
Acercamiento, aleteo, puñal, muela, presión, golpe
de viento, embestida del jabalí, embestida del toro,
juego del gorrión, copa: éstas son las iniciativas
del hombre durante la unión.
El acoplamiento común, directamente, es el "acercamiento".
Cuando él menea con su mano el pene
hacia todas partes es el "aleteo". Si, colocado el pubis
de la mujer debajo, la posee desde lo alto, es el
"puñal". Lo mismo que en la postura invertida,
con ímpetu, es la "muela". Si la traspasa, y luego
sigue
apretando durante bastante tiempo, resulta la "presión".
Cuando, sacando bastante el pene, el hombre baja con ardor su pubis,
se tiene el "golpe de viento"; la
"embestida del jabalí", cuando se frota con mucha
insistencia en una parte sola. Esto último, hecho
continuamente sobre ambas partes, es la "embestida del toro".
Cuando, sin interrumpir la unión, se para
un poco y pega dos, tres, cuatro golpes, es el "juego del gorrión",
que tiene lugar al final del amor. La
"copa" es la acción expuesta anteriormente.
El "torno" se consigue cuando la mujer, teniendo el pene
en la forma [ya descrita] de la yegua, insiste
bastante con atraerlo hacia ella o en apretarlo. Si, unida al amante,
se mueve como una rueda, es la
"peonza [trompo]", que se consigue con la práctica.
En este caso el hombre tiene que levantar su pubis.
Si, por último, ella menea para todas partes la pelvis, balanceándole,
es el "columpio".
Siempre unida al amante, la mujer apoye la frente contra la frente
y descanse. Cuando se recupere, el
hombre se vuelva de nuevo. Son los distintos modos de hacer el amor
como el hombre.
Valgan unas estrofas sobre el particular:
Aunque esconda su propia naturaleza y estén cubiertas sus
expresiones, la enamorada desvela su
sentimiento, por la pasión, cuando está encima.
Qué característica tiene la mujer y cómo desea
el deleite se deduce perfectamente de su comportamiento.
Pero no se permita el amor como el hombre a una mujer en el periodo
fecundo(9), ni a una parida, ni a
una "cierva", ni a una encinta, y ni siquiera a una demasiado
gorda.
EL AMOR CON LA BOCA
El llamado tercer sexo se puede presentar de dos formas: con aspecto
femenino o masculino. El que
tiene rasgos de mujer debe imitar, de ésta, la limpieza del
cuerpo, la voz, la gracia, el carácter, la ternura,
los temores, la ingenuidad, la incapacidad de aguantar demasiado
y el pudor. Cuanto, en general, se
hace en la vagina se realiza aquí en la boca, y se llama
"amor con la boca". Por esto quien pertenezca al
tercer sexo intente conseguir el placer que viene de la conciencia
y los medios de subsistencia: busque
vivir como una prostituta. De esta manera se comporta quien tiene
rasgos de mujer.
El que tiene aspecto masculino, por el contrario, mantenga escondido
su deseo y, si quiere conseguir
un amante, escoja la profesión de masajista. Durante el masaje
apriete, casi en un abrazo, los muslos
del otro con su cuerpo, y, una vez haya nacido una cierta familiaridad,
vaya atrás lejos, tocando la ingle
y el pubis. Llegado a este punto, cuando se dé cuenta de
que el pene del hombre está excitado, lo
mantenga moviéndolo con la mano, y se ría, como reprochándole
su lascivia. Si aquél, a pesar de haber
mostrado los signos del deseo y dándose cuenta de la desviación
del otro, no le invita, debe tomar él
mismo la iniciativa; si, por el contrario, se lo pide, se oponga
y consienta tras la insistencia del otro.
Los distintos modos de actuar son ocho, y se deben realizar todos:
modo moderado, mordisco lateral,
presión externa, presión interna, beso, toque, chupar
el mango y devorar. Después de haber consentido
practicar uno, el amante exprese deseo de pararse. El otro, una
vez conseguido el primero, siga con el
que viene después; terminado éste, con el siguiente.
Mientras lo sostiene con la mano, lo acerque a los labios, lo apriete
y mueve la boca: éste es el "modo
moderado". Luego, cubra con la mano la parte superior y apriete
de lado con los labios, sin utilizar los
dientes; y tranquilice, diciendo "¡Basta así!",
es el "mordisco lateral".
Cuando, tras una nueva invitación, aprieta contra los labios
bien juntos la parte superior como atrayéndola
a sí, y afloja la presión, se tiene la "presión
externa". Si, llegado a este punto, bajo indicación,
lo
introduce un poco más, o sea aprieta la parte superior y
luego suelta, es la "presión interna".
Cogerlo como un labio, mientras se le sujeta con la mano, es el
"beso". Si, hecho esto, se le roza en
todas partes y se le toca en la parte de arriba con la punta de
la lengua, se tiene el "toque".
Si, llegado hasta aquí [desnudado], por la excitación
se introduce la mitad y se presiona varias veces
muy fuerte, soltando [cada vez], se consigue el "chupar el
mango". Cuando, siguiendo el deseo del
hombre, se lo mete y se lo presiona hasta la conclusión,
es el "devorar". Se emitan sonidos y golpes a
gusto. Éstos son los tipos de amor con la boca.
De esto también se valen mujeres libertinas, sin escrúpulos,
sirvientas y masajistas, algo que se debe
evitar, ya que contradice las doctrinas y resulta despreciable;
pues, si más tarde un hombre se pone en
contacto con la boca de éstas, puede sentir repugnancia;
es lo que explican los maestros. Para el
amante de una prostituta no es pecado, pero hay que evitarlo, aunque
sólo sea por otros motivos; es la
opinión de Vatsyayana.
Por esto los habitantes del Este no se unen con las mujeres que
practican el amor con la boca. Los
hombres del Ahicchattra no visitan a las cortesanas, y, si lo hacen,
evitan sus besos; mientras que los de
Saketa se unen con ellas sin ningún reparo. Los hombres de
la capital [o sea, de Pataliputra] no se
prestan espontáneamente al amor con la boca. Sin embargo,
en Surasena practican esto sin ningún
reparo; efectivamente dicen: "¿Quién puede realmente
confiar en el carácter, en la pureza, en los principios,
en el comportamiento, en la sinceridad o en las palabras de las
mujeres?" Ellas, por naturaleza,
tienen una mente corrupta. Sin embargo no hay que rechazarlas, y
por esto, según la tradición sagrada,
hay que considerarlas puras. Pues se afirma:
"Durante el amamantamiento el ternero es puro, puro es el perro
cuando atrapa la caza; también
el pájaro, cuando hace caer la fruta, y, en la unión
de amor, la boca de la mujer."
Puesto que en esto los hombres de cultura no están de acuerdo,
y se puede recurrir a la tradición
sagrada, hay que actuar según los usos locales y basándose
en el temperamento y los convicciones de
cada uno; es la opinión de Vatsyayana. Valgan unas estrofas
sobre el particular:
A algunos hombres les hacen el amor con la boca incluso jóvenes
criados con relucientes pendientes.
Y pasa también entre hombres elegantes, que quieren sentirse
bien recíprocamente; cuando tienen
confianza, se prestan estén favor uno a otro.
Lo mismo que algunos hombres, en realidad, llevan a cabo esta acción
con mujeres, y que se realiza,
debe saberse, ni más ni menos que como el beso en la boca.
Sin embargo, si, con los cuerpos invertidos, se unen el uno con
el otro, el hombre y la mujer juntos, es
lo que se llama "el amor como los cuervos".
Por esto las cortesanas dejan a hombres distinguidos, capaces, generosos,
ilustres, y se enamoran de
personas bajas: esclavos, cuidadores de elefantes y otros parecidos.
Pero no se permita este amor con la boca al brahmán ilustrado,
ni al ministro encargado de los asuntos
del soberano, ni a quien goza de la confianza de la gente.
No es que, como nos indica el tratado, esto sea causa suficiente
para actuar; un libro, se entiende,
habla de forma general, los usos, sin embargo, se refieren sólo
a lo particular.
En la ciencia médica se conocen muy bien el sabor, la fuerza,
los efectos digestivos hasta de la carne
de perro; ¿quizás por esto los sabios tienen que comerla?
Hay algunos hombres, existen determinados países, incluso
momentos en los que no son inútiles estas
prescripciones.
Por esto, después de haber considerado el lugar, el momento,
el uso, el tratado, e incluso a uno mismo,
se pueden realizar estas prácticas o evitarlas.
Y, dado que se trata de algo secreto y la mente es voluble, ¿qué
persona puede saber quién, cuándo,
qué hace y por qué?
INICIO Y FINAL DE LA UNION
En compañía de los amigos y de la servidumbre, en
un lugar de placer rebosante de incienso perfumado,
o sea en la habitación bien acomodada, rodeado de flores,
el hombre elegante debe dirigirse a la
mujer con palabras agradables, después invitarle a beber;
ésta, fresca tras el baño y enjoyada, beba
con naturalidad. Entonces el hombre se sienta a su derecha; se retiene
ante su peinado, ante la orla de
su vestido, ante el nudo de su falda; pensando en las delicias del
amor, la aprieta con el brazo izquierdo,
pero no con mucha fuerza. La corteja con palabras jocosas y apasionadas,
referidas a hechos
acaedidos, y en seguida habla de temas secretos y picantes. Se exhibe
en el canto y en la música
instrumental, acompañándose, si lo cree oportuno,
con la danza, conversa sobre las artes y de nuevo la
seduce con un brindis. Cuando la mujer se encuentre ya colmada de
deseo, él despida a los demás,
regalándoles flores, ungüentos y hojas de betel. Una
vez solos, la seduzca con abrazos y cosas parecidas,
como hemos descrito; luego se preste a desatarle el nudo de la falda
y a todo lo demás, como
hemos expuesto. Es el inicio de la unión.
Ahora veamos el final del amor. Satisfecha la pasión, los
amantes van uno tras otro al cuarto de baño,
avergonzándose, como si no se conociesen, sin mirarse. Al
volver, todavía con timidez, se sientan en un
lugar adecuado, y toman betel; el hombre aplique por el cuerpo de
la enamorada purísimo sándalo a
otro ungüento. Luego la abrace con el brazo izquierdo y, sosteniendo
la copa, la invite a beber con
palabras tiernas. O los dos beban a sorbos agua y prueben dulces
u otra cosa adecuada a su temperamento
y a sus costumbres: caldo claro de carne, sopita ácida, bebidas
con picantes de carne asada,
frutos de mango, cecina y refrescos de limón azucarados,
según el lugar y las costumbres. Él le
ofrecezca distintos manjares, probándolos antes para saber
si están sabrosos, tiernos y frescos. Si se
encuentran en la terraza que hay encima de la casa, se pueden sentar
y gozar del claro de luna. El
hombre entretendrá a su compañera con bonitos relatos;
mientras ella se apoya en sus rodillas y contempla
la luna, él la ilustre sobre las líneas de las constelaciones,
y le muestre Arundhati, la estrella polar
y la corona de los Siete Profetas(10). Es el final de la unión.
Sobre el particular se dice:
Incluso al terminar, un amor adornado con atenciones,
relatos y actos de delicadeza suscita un placer inmenso.
Con gestos dulces, según el impulso de cada uno, que despiertan
el amor de uno en el otro, ya dando
la espalda con rabia, ya lanzándose miradas enamoradas,
con juegos de danza, canciones y declamaciones, admirando -con ojos
trémulos, húmedos de ardorel
disco de la luna; tras el primer encuentro, los deseos que surgieron
de inmediato, e, incluso luego, el
dolor en la lejanía; contándose todas estas cosas,
y, al terminar las impresiones, con abrazos estremecidos,
mezclados con besos; un joven acrecienta la pasión, si se
enreda en estas emociones y otras así.
LAS DISTINTAS CLASES DE UNION
Las distintas clases de unión son: la apasionada, donde hay
que alimentar la pasión, donde la pasión es
artificial, donde la pasión es transferida, la unión
de medio hombre, la unión con personas bajas y la
unión sin límites.
Si un hombre y una mujer fueron arrollados por el ardor desde la
primera vez que se vieron y sólo han
conseguido volverse a ver tras mucho esfuerzo, o a la vuelta de
un viaje, o cuando los amantes, alejados
por una disputa, se vuelven a encontrar, tiene lugar la unión
"apasionada". En este caso actúese
según los deseos y hasta la plena satisfacción.
La unión de dos amantes no demasiado ardientes, que se acrecienta
después de haberse iniciado, es
aquélla "donde hay que alimentar la pasión".
Entonces conviene seguir atizando el deseo con las sesenta
y cuatro formas de erotismo, adecuándose a las costumbres.
Si esto se realiza por un fin particular, o
los dos amantes ponen su afecto en otra cosa, se tiene la unión
"donde la pasión es artificial". Entonces
cúmplanse todas las formas de erotismo, según el tratado.
Sin embargo, cuando un hombre, desde el
inicio del amor hasta el deleite, dedica sus pensamientos a otra
mujer que quiere, es, como consecuencia,
la unión "donde la pasión es transferida".
Hacer el amor hasta la satisfacción con una inferior, una
aguadora o una criada, es la "unión de medio
hombre". En ésta uno no se debe preocupar de las galanterías.
Igual que la unión de una cortesana con
un campesino, hasta la satisfacción, es la unión "con
personas bajas"; y lo mismo, si un hombre elegante
se une con mujeres de pueblo, de las estancias de pastores o de
países vecinos.
Por último, cuando dos amantes tienen confianza total, porque
están en buena disposición uno con el
otro, es la "unión sin límites". Éstas
son las distintas uniones.
LAS DISPUTAS DE A M O R
A medida que crece el afecto, una mujer no debe tolerar que se nombre
a la esposa rival, ni que se
hable de ella, ni el error de llamarla con el nombre de la otra;
y ni siquiera, una infidelidad del hombre.
En estos casos, surge una violenta disputa; ella échese a
llorar, solloce, se desmelene, se pegue, se deje
caer al suelo desde una silla o desde la cama, destroce las guirnaldas
y adornos, y por fin se tire al
suelo.
El enamorado entonces tiene que mantenerse tranquilo; esforzándose
por aplacarla con palabras
delicadas y apropiadas, o, poniéndose de rodillas a sus pies,
se acerque a ella y la invite a que se eche
en la cama. La mujer conteste a sus palabras aún con más
rabia, le levante la cara agarrándolo por los
pelos, y le pegue con el pie una, dos, tres veces en el brazo, en
la cabeza, en el pecho o en la espalda.
Se acerque a la puerta, se siente y se eche a llorar. Sin embargo,
a pesar de estar muy enfadada, no
debe cruzar el umbral, ya que esto constituye una falta; así
precisa Dattaka.
Llegados a este punto, si le calma de forma convincente, puede aspirar
a la reconciliación. Pero,
aunque suavemente, lo golpee, por decirlo así, con palabras
hirientes; por fin, una vez tranquilizada y
deseosa de amor, deje que el compañero la abrace.
Una mujer que vive en su casa y que por algún motivo ha discutido
con el amante debe ir a visitarle y
comportarse como queda expuesto [luego, marcharse]. Entonces el
enamorado encargue al
pithamarda, al vita y al vidusaka que aplaquen su cólera;
y, aplacada por éstos, se acerque con ellos a
la casa del amante, donde se quedará. Son las distintas disputas
de amor.
Valgan unas estrofas como conclusión:
Si recurre a las sesenta y cuatro artes eróticas expuestas
por Babhravya,
un amante tiene éxito con mujeres extraordinarias.
Aunque diserte sobre otros tratados, si no conoce estas sesenta
y cuatro artes,
no se estiman mucho sus planteamientos durante las reuniones de
personas cultas.
Aunque no posea otros conocimientos, si se adorna con estas artes,
consigue un puesto relevancia cuando se habla entre mujeres y hombres
en las tertulias.
Le reverencian los sabios, le veneran incluso los hombres de pueblo;
le estiman las cortesanas, dispensadoras de alegría -¿quién
no le honrará?
Los maestros en los tratados definen estas artes pródigas
en felicidad,
amadas, poderosas, encantadoras y queridas por todas las mujeres.
Miran con afecto y gran estima al hombre experto en las sesenta
y cuatro artes
tanto las doncellas, como las esposas de otro, y las cortesanas.
N O TAS UNION EROTICA
1. Se alude, sin duda, a las posibles combinaciones entre los distintos
tipos de amantes; por ejemplo, la
unión entre hombre liebre y mujer cierva es "igual",
mientras que entre liebre y yegua es "desigual".
2. Una unión "alta" es, por ejemplo, la de hombre
toro y mujer cierva; la unión "superior" es entre
categorías extremas, o sea, caballo y cierva. El mismo planteamiento,
al revés, vale para las uniones
llamadas bajas y para la "inferior".
3. El sentido es el siguiente: el placer del hombre pertenece a
la conciencia, va más a11á de la esfera
de los sentidos; por esto no se puede conocer, cuando por conocimiento
se entiende la percepción
directa. Además, dado que ni la mujer ni el hombre pueden
experimentar nunca una forma de placer
distinta a la suya, es imposible una comunicación real sobre
el particular entre ellos.
4. Los pertenecientes a las tres primeras clases sociales.
5. Se alude al Punjab, que significa "Región del los
cinco ríos".
6. Es la esposa de Indra, el rey de los dioses en los Veda.
7. La conocida postura meditativa del Yoga.
8. El reino de los Cola, en la región del mismo nombre, es
el de los Pandya, que el comentario pone en
relación con Naradeva, dos de los dominios en que se divide
la India habitada por los tamiles, en el
extremo meridional.
9. El periodo fecundo de las mujeres dura, según Manu, doce
días tras la menstruación; si el amor está
prohibido durante la menstruación, acostarse con la esposa
en los días sucesivos está considerado por
los textos como un preciso deber conyugal. Por el comentario, la
prohibición de usar esta postura
erótica en tales circunstancias se debería al hecho
de que el fruto de una posible concepción resultaría
-
de naturaleza confusa-; la estrofa expresa el deseo de cuidar la
salud de la mujer.
10. La "corona de los Siete Profetas" es la Osa Mayor,
cuyas siete estrellas principales se comparan con los grandes sabios
de is mitología; en la misma constelación, Arundhati,
o sea la pequena Alcor, viene considerada como la esposa de uno
de estos personajes o de todos ellos. La estrella polar es símbolo
de la fidelidad. La contemplación de los astros por los nuevos
esposos, acomparñada de la recitación de fórmulas
de buenos augurios, forma parte del rito matrimonial expuesto en
los Grhyasutra, manuales sobre el rito doméstico.
RELACIONES CON LAS DONCELLAS
NORMAS PARA PEDIR EN MATRIMONIO
Se cumple la Ley Sagrada y lo Útil, casándose, según
las escrituras, con una mujer de su misma clase social, que nunca
ha pertenecido a otro, y que dará hijos varones, parentela,
aumentará el número de los que están a favor
y propiciará placer de amor verdadero. Por eso un hombre
con estos requisitos y precavido debe fijarse en la doncella que
tenga tanto consanguíneos como padre y madre, sea al menos
tres años más joven, y nacida en una familia de conducta
intachable, rica, con muchos admiradores, querida por su familia,
y que ésta sea abundante. Esta doncella debe tener muchas
relaciones tanto por parte de madre como de padre y ser guapa, un
buen carácter y señales de buen augurio; dientes,
uñas, orejas, pelo y senos ni diminutos ni demasiado llamativos,
ni carecer de ellos, y gozar de un cuerpo sano. Ghotakamukha explica
que, cuando un hombre ha conquistado a una doncella así,
debe considerarse
afortunado, y sus amigos no le pueden reprochar la predilección
que siente por ella.
Padres y familiares, amigos fieles y ligados a ambas partes no escatimen
esfuerzos para que la consiga como esposa. Estos últimos
manifiesten con claridad [a los padres de la chica] los defectos,
visibles a innatos, de los otros pretendientes; destaquen las ventajas
del enamorado, respecto a su origen y como
hombre, que contribuyan a favorecer la decisión, sobre todo,
las que le gustan a la madre de la doncella, y prometedoras tanto
para el presente como para el futuro. Uno, en calidad de astrólogo,
describa lo afortunado de su carrera, mostrando el vuelo de los
pájaros, los presagios, los influjos de la conjunción
de los planetas en su horóscopo y las señales de buen
auspicio en su cuerpo. Otros, a su vez, pueden inquietar a la madre
de la chica, contándole que él podría conseguir,
fácilmente, una mujer en otra parte.
Conviene pedir por esposa a una doncella, y, además, concederla,
con la disposición favorable del destino, de los presentimientos,
de los pájaros, de los oráculos; no por casualidad,
simplemente porque uno es un hombre, dice Ghotakamukha. Y uno tiene
que renunciar a una chica que, en el momento de la petición
en matrimonio, duerme, llora o ha salido de casa. También
se debe evitar a la que tenga un nombre desagradable, a la que se
mantenga oculta o ya esté comprometida; a la que tiene pelo
rojizo, o es pecosa, o hombruna, cheposa, deforme o calva; a la
comprometida con la castidad, de nacimiento ilegítimo, o
a la que ya haya llegado a la pubertad; a una muda, a una amiga,
a una que tenga una
hermana más joven muy guapa o que esté siempre sudando.
Al pedir a una como esposa se debe evitar, por ser reprochable,
a la doncella que se llama como una casa lunar, un río, un
árbol, o que su nombre, al final, contenga ele o erre.
Algunos sostienen que la doncella que absorbe el corazón
y la mirada trae prosperidad; un hombre no debería fijarse
en ninguna otra. Y por este motivo, llegada la hora de tenerla que
conceder en matrimonio, los familiares presenten a la doncella en
público con su mejor vestido, y procuren que todas las tardes
se divierta. Enjoyada, juegue todos los días con las amigas;
cuando se reúne mucha gente, como en los sacrificios y en
los matrimonios, intenten que todas las miradas se fijen en ella,
y también en todas las fiestas, pues ella tiene naturaleza
de mercancía.
Reciban con signos de amistad a los hombres guapos y corteses, que
se acerquen con sus padres a pedirla en matrimonio, y les presenten,
con cualquier pretexto, a la doncella vestida con elegancia.
Luego lleven a cabo el examen del destino, hasta tomar la decisión
de concedérsela en matrimonio. Los pretendientes, que son
invitados a darse un baño u otras formas de hospitalidad,
no lo acepten el primer día, sino que indiquen que cada cosa
a su debido tiempo.
Contraigáse matrimonio, según los usos de la región,
bajo una de estas formas de matrimonio: Brahma, Prajapatya, Arsa
o Daiva (1), según las escrituras. Son las distintas normas
para pedir en matrimonio.
COMPROBACION DE LAS RELACIONES
Unas estrofas sobre este particular:
Los juegos de sociedad como completar versos, los matrimonios y
las amistades hay que reservarlos para los de la misma clase, no
para los de la clase superior ni para la inferior.
Si uno, esposada una doncella, vive como un criado, ésta,
ya se sabe, es una relación "alta", que deben evitar
todos los cuerdos.
Si, rodeado de sus familiares, él se da una vida de gran
señor, es una relación "baja", no digna
de alabanza; y los sabios también rechazarla.
Cuando se lleva a cabo un juego muy agradable para ambos, a los
que satisface mutuamente, existe una relación bien aceptada.
Si contrayera una relación alta, termine sometiéndose
a los padres; pero no caiga, sin embargo, en una baja, despreciada
por los hombres de bien.
COMO INSPIRAR CONFIANZA A
LAS DONCELLAS
Una vez que ha tenido lugar la boda, los esposos deben dormir en
el suelo durante tres noches, permanecer castos y tomar bebidas
sin melaza ni sal. En los siete días siguientes se bañen
acompañados de música y cantos de augurio, se dediquen
a la limpieza personal y coman juntos; asistan a espectáculos
y den las gracias a los familiares; esto vale para todas las clases
sociales.
Durante todo este periodo, por la noche, en la soledad, el hombre
diríjase a su esposa con atenciones muy tiernas. Pues la
doncella, si ve que, durante tres noches, el enamorado está
a11í, sin decir una sola palabra, como si fuese un poste,
se puede abatir y despreciarlo como a un eunuco; esto dicen los
discípulos de Babhravya. Vatsyayana aconseja estar cerca
de la mujer a inspirarle confianza, pero recomienda no transgredir
la castidad.
El hombre, cuando se acerca a la esposa, tiene que proceder sin
forzar nada. Pues las mujeres tienen la misma naturaleza que las
flores, y hay que dirigirse a ellas con suma delicadeza. Si, por
el contrario, hombres que aún no se han ganado su confianza
se acercan a ellas de forma violenta, éstas odiarán
la unión de amor. Por esto conviene tratarlas con dulzura.
Cuando, sin embargo, incluso con una disculpa, el hombre tiene vía
libre, hay que tirar para adelante.
La abrace como a ella le gusta, o sea sin insistir durante mucho
tiempo, empezando por la parte superior del cuerpo, ya que es la
menos delicada; si la mujer ha superado la juventud, o es ya íntima,
a la luz de una vela; si, por el contrario, es una doncella, o todavía
no tiene confianza, a oscuras.
Después de que ella ha consentido dejarse abrazar, él
le dé betel con la boca; si lo rechaza, la invite a cogerlo
con dulces palabras, con ruegos encarecidos, adelantándole
algunas peticiones y cayendo de rodillas a sus pies. Por muy tímida
que sea, o por muy enfadada que esté, una mujer no aguanta
ante un hombre que se pone de rodillas a sus pies; y esto vale para
todas. Aprovechando la ocasión de ofrecerle betel, le dé
un beso tierno, suave, sin pasarse. Una vez convencida, la lleve
a una conversación.
Para oírla decir algo, debe hacerle una pregunta, fingiendo
que él no lo sabe y que ella pueda contestar con pocas sílabas.
Si se queda en silencio, repítale varias veces la pregunta,
con amabilidad, sin meterle miedo. Si sigue callada, hay que seguir
insistiendo. Pues, Ghotakamukha dice que las doncellas suelen quedarse
de buena gana escuchando los planteamientos de un hombre, sin decir
ni media palabra.
Después de insistir mucho, ella contestará, moviendo
la cabeza; durante una disputa, por el contrario, la mantendrá
inmóvil. "¿Me quieres o no me quieres?"
Dudará bastante sobre estas preguntas, luego, si seguimos
insistiendo, insinuará que sí con la cabeza; sin embargo,
se rebelará a nuevas presiones.
Si hay ya familiaridad, haga intervenir a una amiga bien intencionada
y de confianza para ambos, y le invite a que cuente un episodio
[de su historia de amor]. Ella se reirá con la cabeza agachada;
si más tarde la amiga cuenta demasiado, se lo echará
en cara y discutirá con ella. Sin embargo la amiga, de broma,
debe atribuirle hasta afirmaciones que nunca ha hecho; entonces
la mujer rechazará a la amiga y, al insistir para que dé
una respuesta, se quedará en silencio. Tras nuevas insistencias,
pronunciará palabras confusas y poco claras en el sentido:
"Yo no digo esas cosas"; y, riéndose, de vez en
cuando se volverá hacia el enamorado con miradas furtivas.
Es la forma de iniciar una conversación.
Cuando por este camino haya conseguido cierta confianza, la mujer
sin decir una palabra pondrá junto a él los objetos
solicitados: betel, ungüento, una guirnalda o le pondrá
estas cosas en el vestido. Al hacer este gesto le roce los senos,
tiernos como capullos, con el arañazo "crepitante";
si le detiene, pídale que le abrace, con esta condición:
"Abrázame también tú, y no volveré
a hacer una cosa así".
Entonces deje que la mano resbale, varias veces, hasta el ombligo,
luego la retire; y con mucha suavidad ponga a la mujer sobre sus
rodillas, yendo cada vez más lejos. Si ella no lo acepta,
debe asustarla:
"En ese caso te dejaré en los labios marcas de mordiscos,
y de arañazos en la curva del seno; luego también
me las haré yo y contaré, a tus amigas, que me los
has hecho tú. ¿Qué dirías de esto?"
Con estos amedrentamientos infantiles, que son también formas
de ganarse la confianza, conseguirá que poco a poco sea condescendiente.
La segunda y la tercera noche, cuando ella ya esté más
confiada, la toque, y después se decida a besarle en todo
el cuerpo. Colocada la mano en los muslos, después de haberlos
acariciado, poco a poco intente acariciarle la ingle. Si se lo impide,
se lo reproche, diciendo: "¿Qué mal hay en esto?",
y prosiga. Una vez convencida, se atreva hasta los zonas secretas,
le afloje el cinturón, le desate el nudo de la falda, le
levante el vestido y le acaricie una vez más la ingle; y
todo esto, fingiendo otros motivos.
Luego la puede poseer y colmar de placer; pero no debe romper el
voto de castidad en un momento inoportuno.
Entonces le enseñe el amor. Le demuestre su afecto y le describa
los deseos que sentía. Prometa que, en el futuro, estará
siempre dispuesto a complacerle, y le quite de la cabeza el temor
de las esposas rivales; a incluso, con el tiempo, cuando ya se haya
dejado a las espaldas la edad de la inocencia, se acerque a ella
sin amedrentarla. Es la forma de inspirar confianza en las doncellas.
Valgan unas estrofas sobre el particular:
Él conquista a la niña con estratagemas, siguiendo
así los deseos del corazón;
de esta forma, rebosante de confianza, ella termina enamorándose
de él.
Ni con demasiada condescendencia ni creando demasiados conflictos
el hombre tiene éxito con las doncellas; por esto se las
conquista por la vía de en medio.
El que sabe inspirar confianza a las doncellas, algo que suscita
amor hacia el hombre y acrecienta el orgullo de las mujeres, tiene
que resultarles querido.
Si embargo al que desprecia a una jovencita, porque la considera
demasiado pudorosa, se le rechaza como un animal, pues no sabe entender
sus deseos.
Pero si, por el contrario, la acerca con violencia, por no saber
conseguir un corazón de doncella, inmediatamente ésta
se asusta, tiembla, se desconcierta y empieza a odiar.
A quien se le ha negado la alegría del amor y ha sufrido
por ese aturdimiento, puede acabar odiando a todos los hombres,
o, tras convertirse en enemiga, unirse a otro.
COMO DIRIGIRSE A UNA JOVENCITA
Sin embargo, un hombre que no tiene medios económicos, aunque
esté dotado de buenas cualidades, no puede pedir en matrimonio
a una doncella, pues para él sería inalcanzable; ni
un hombre con escasos recursos y sin ocasiones; ni un vecino, aunque
sea rico; ni quien dependa de los padres y de los hermanos, y ni
siquiera quien, siendo huésped habitual, acostumbra a comportase
como un niño. Este hombre, desde niño, tiene que buscar
enamorar personalmente a una doncella. Así, si tiene características
de este tipo y desde niño vive en el Sur con la familia de
un tío materno, lejos de los padres y en situación
desamparada, esfuércese en conquistar a la hija de su tío,
difícil de conseguir por sus muchas riquezas, o porque ya
esté comprometida con otro hombre; o aspire a otra novia
fuera de la familia. Si, actuando de esta forma con una jovencita,
se cumple la Ley Sagrada [a través del matrimonio], conseguirla
para sí es digno de alabanza, explica Ghotakamukha.
Con esta chiquilla recogerá flores, las entretejerá,
construirá casitas, jugará con las muñecas
y cocinará alimentos de forma adecuada al grado de amistad
y a la edad. Con ella y con los esclavos y las criadas, ocupados
en el mismo entretenimiento, juegue a los dados, con las cintas,
a pares y nones, a ksullaba, y
otros juegos parecidos; a agarrar el dedo corazón, a las
seis piedrecitas y a otros pasatiempos locales, según las
preferencias de la niña. También practique juegos
de movimiento, como el escondite, perseguirse, las líneas
de sal, pegar al aire [con los brazos extendidos], el montón
de grano [en que las monedas que hay que buscar están escondidas],
la gallinita ciega y otros juegos regionales, con las
amigas.
Establezca una sólida amistad y cuide familiarizarse con
la doncella que, según su opinión, goza de la confianza
de la elegida. Trate a la hermana de leche con simpatía y
premura extraordinarias, para que ésta, una vez que se haya
encariñado, si se entera de sus intenciones, no lo rechace,
y puede propiciar la unión entre ellos. Además, aunque
no se busque de una forma explícita, resulta extraordinario;
pues, sin conocer las intenciones del hombre, resaltará,
apasionada, sus buenas cualidades, de tal forma que la elegida se
inflame de amor.
Él debe descubrir las cosas que interesan a la persona que
quiere conquistar, y proporcionárselas.
Puede traerle juguetes raros, que no suelen tener otras niñas.
Le enseñe una bola pintada de muchos colores, punteada con
pequeñas manchas, o incluso más rara; como también
muñecas hechas de trapo, madera, cuerno de búfalo,
marfil, y de cera de abejas, harina o barro.
Si prepara la comida, tenga alardes de cocinero. Le enseñe
dos ovejitas de madera, macho y hembra, unidos, o cabras y carneros;
templos hechos de arcilla, cañas rotas o madera; jaulas de
papagayos, cucos, estorninos, perdices, gallos y codornices; vasijas
de agua con formas sorprendentes; amuletos, pequeños laúdes,
cunas para muñecas, bolsas de aseo, laca, arsénico
rojo y amarillo, bermellón, de color negro y de otros colores;
pop fin, ungüento de sándalo, azafrán, nuez de
areca y hojas de betel, según el momento. Él le regale
esto, según sus posibilidades, de forma reservada; los objetos
evidentes, sin embargo, en público; y debe hacer todo tipo
de esfuerzo para que la pequeña se dé cuenta de que
él satisface todos sus deseos.
Llegados a este punto, le pida verla a escondidas, y empiece la
conversación así. El motivo por el que le hace regalos
secretos es porque teme a sus padres, y todo lo que quiere regalarle
también le gusta a otra persona. Cuando ya empiece a estar
enamorada, si le encantan los cuentos, la entretenga con historias
sugestivas y que conmuevan el corazón. Si le gustan las cosas
extraordinarias, le sorprenda con juegos de magia; si le interesan
las artes, muéstrese experto en las mismas; si le gusta el
canto, con canciones que fascinen sus oídos. En las solemnidades
de Asvayuji, Astamicandraka y Kaumudi(2), en
las fiestas, durante una procesión, un eclipse, o cuando
se encuentra en el camino de casa, le sorprenda
llevándole coronitas de formas variadas y adornos de todo
tipo para las orejas, sobre todo con perlas;
y piense que, regalándole vestidos, anillo y collares, no
le molesta.
Para que su competencia imponga respeto en los demás hombres,
basta la hermana de leche; si ésta ya
ha tenido un amante, la instruya en las sesenta y cuatro artes eróticas,
y, a través de estas enseñanzas
impartidas, revele a la escogida su maestría en el amor.
Vista con elegancia y se muestre impecable; por sus reacciones y
por sus actitudes sabrá si ella se
siente atraída por él. A las jóvenes, efectivamente,
les gusta mucho un hombre al que conocen bien y al
que ven continuamente; pues, aunque estén enamoradas, no
lo cortejan; es la opinión más común. De
esta forma uno se debe dirigir a una jovencita.
ACTITUDES Y EXPRESIONES
Actitudes y expresiones [que revelan el amor].
No pone los ojos en el hombre, pero, si él la mira, se siente
cohibida. Con un pretexto destapa su
bonito cuerpo. Lanza miradas al amado cuando está distraído,
escondido o pasa delante. Si le pregunta,
contesta con una sonrisa, despacio, con la cabeza gacha, palabras
confusas y sin sentido. Se siente
feliz, quedándose mucho tiempo a su lado.
Si está un poco lejos del amado, habla a quien le acompaña
haciendo muecas, pues piensa que él la
está mirando, y no quiere alejarse de a11í. Ve algo
y se echa a reír; empieza a contar una historia para
seguir allí. Si tiene en sus rodillas a un niño, lo
abraza y lo besa; imprime un adorno en la frente de una
criada. Se apoya en las personas de su séquito y les muestra
respeto.
Se fía de sus amigos, les estima y sigue sus consejos. Entabla
amistad, conversa y juega con sus criados;
les pide, además, lo que necesita, como si fuera su ama.
Cuando éstos hablan de su amado con
otros, se queda escuchando. Invitada por su hermana de leche, va
a su casa; poniéndola en medio,
quiere jugar, divertirse, conversar con él. Procura no presentarse
sin collares. Si él le pide un pendiente,
un anillo o una guirnalda, se los quita con resolución y
los pone en manos de la amiga; guarda todo lo
que él le ha regalado. Se pone triste cuando le hablan de
otro pretendiente, y no frecuenta a los que
esto le proponen.
Una vez que ha visto estas expresiones, rebosantes de amor, y estas
actitudes, piensa en distintas
coartadas para unirse con la doncella.
Con juegos infantiles, si aún es muy tierna, con las artes,
cuando está en la juventud, y, si es más
madura, tendrá que conquistarla venciendo a las personas
de las que ella se fía.
C O RTEJO POR PA RTE DE UN HOMBRE SIN INTERMEDIARIOS
Cuando la doncella haya mostrado estas actitudes y expresiones,
el hombre debe cortejarla con
estratagemas. Si, por casualidad, discuten mientras están
jugando, la agarre de la mano de forma que se
note. Ponga en práctica las reglas que anteriormente hemos
expuesto sobre el abrazo "que roza" y todo
lo que sigue. Si recorta por juego una hoja, le muestre la imagen
de una pareja, reveladora de su deseo;
y, de vez en cuando, también otras figuras análogas.
Si, por entretenimiento, se bañan, se meta bajo el agua lejos
de ella, nade cerca y la toque, emergiendo
precisamente en ese punto. Tanto en los juegos, como con las hojas
nuevas, exprese sus sentimientos
de forma especial. Hable de lo que sufre sin cesar, y, con cualquier
pretexto, cuente de haber tenido un
sueño de amor.
Durante un espectáculo o una reunión familiar se siente
a su lado y, fingiendo otra cosa, busque el
contacto con ella. Para mantenerse erguido apoye su pie en el suyo,
y luego, poco a poco, la roce con
los dedos, y empuje la punta de las uñas con el pulgar. Conseguido
esto, intente ir más lejos, a una
parte tras otra del cuerpo. Para que lo acepte, repita varias veces
lo mismo.
Con ocasión de un pediluvio, apriete los dedos, aplastándolos
contra los de su pie; se muestre emocionado
al darle algo o al recibirlo, y, cuando termine de beber en la palma
de la mano, le salpique con el
agua que sobra.
Cuando se siente con ella a solas en un rincón apartado,
en la oscuridad, sea complaciente; igual que si
duermen en el mismo lugar. En estas circunstancias le descubra de
forma adecuada sus sentimientos, sin
perturbarla. Le advierta que tiene que contarle algo aparte; en
ese momento, callando, le dé a entender
su amor, como explicaremos en la parte sobre las esposas de otro.
Sin embargo, cuando la doncella ya esté al corriente de su
deseo, simule una enfermedad, y haga que
la lleven a su casa para hablar con ella. Cuando venga, le pida
que le dé masajes en la cabeza, y le
tome la mano y se la ponga de forma expresiva en los ojos y en la
frente. Para poderse aprovechar del
pretexto de las medicinas, le pida que le cure. Diga: "Solamente
tú puedes encargarte, pues sólo una
doncella como tú lo puede hacer". Al marchar, le salude
expresando el deseo de que vuelva. Se puede
utilizar este truco durante tres días, por la mañana,
al mediodía y al anochecer.
Para poderla ver constantemente, cuando le visita, organice muchos
entretenimientos, incluso con otras
mujeres, y así se confíe más; y la corteje
cada vez con mayor asiduidad, sin expresarlo con palabras.
Pues un hombre que ha conseguido resultados en el amor, si se muestra
tibio, no tiene éxito con las
doncellas; es lo que enseña Ghotakamukha. Sin embargo, cuando
ya está fascinada, pase a la acción.
Por la tarde, de noche y en la oscuridad las mujeres se muestran
menos miedosas, están decididas a
hacer el amor y llenas de pasión, y no rechazan al enamorado;
por este motivo hay que amarla en esos
momentos, como opina la mayoría.
Sin embargo, si un hombre no puede terminar de cortejarla solo,
invite a su casa a la doncella acompañada
de su hermana de leche o de una amiga que está al corriente
de todo, íntima de ella y que no le cuente nada. Luego la
corteje de la forma expuesta. En caso contrario, puede mandar primero
a una criada, para que establezca una amistad. Durante un sacrificio,
un matrimonio, una procesión, una fiesta o una diversión,
mientras la gente mira un espectáculo y en otras ocasiones,
él observe cómo se comporta la doncella y cuáles
son sus expresiones, se cerciore de sus sentimientos y, cuando esté
sola, pase a los prolegómenos. Pues, cuando se conoce el
amor de una mujer, si uno se acerca a ella en el momento y lugar
debidos, no se retrae; es lo que enseña Vatsyayana. Este
es el cortejo por parte de un hombre sin intermediarios.
LA CONQUISTA DEL HOMBRE ELEGIDO
Es posible que una doncella, con buenas cualidades, tenga pocas
ocasiones; que le falten medios económicos, aunque venga
de buena familia; que no la pidan hombres de igual rango, o que
no tenga padres, o viva en casa de familiares; en este caso, una
vez alcanzada la juventud, ella misma piense en su matrimonio.
Deje que la corteje, con afecto inocente, un hombre muy estimado,
competente y guapo; o, si considera
que un joven, partiendo de que la carne es débil, se puede
dirigir a ella directamente, sin esperar a sus padres, intente atraparlo
con tiernas y diligentes galanterías, y viéndose con
él muy a menudo. La
madre procure que se encuentre con él en compañía
de amigas y hermanas de leche. Se encuentre con
él por la tarde, en un lugar apartado, llevando flores, perfumes,
betel; o le muestre lo experta que resulta en las artes, lo mismo
que en dar masajes y poner las manos en la cabeza. Mantenga conversaciones
que gustan al hombre que pretende conquistar y se comporte de la
forma ya expuesta en el apartado "Cómo dirigirse a una
jovencita".
En ningún caso una joven debe cortejar a un hombre, ni siquiera
cuando lo está deseando; si toma la iniciativa, gasta su
fortuna en amor; es lo que dicen los maestros. Sin embargo, acoja
con satisfacción que él la corteje. Si la abraza,
no se ponga nerviosa; acepte una expresión tierna, como si
no lo entendiera.
Se deje robar un beso a la fuerza. Si él le pide el amor,
oponga resistencia a las caricias en lugares secretos. Por mucho
que la suplique, no debe descubrirse personalmente demasiado -de
momento, nada parece aún decidido. Pero, cuando se dé
cuenta de que el hombre la ama y no la abandonará, pídale
de prisa al cortejador que la libre de su virginidad; y, después
de haberla perdido, se lo cuente a personas de su confianza. Es
la conquista del hombre elegido.
LO QUE OBTIENE UNA DONCELLA
DEL CORTEJO
Unas estrofas sobre el particular:
Cortejada, una doncella tiene que tomar por esposo al hombre que
considere un refugio, un placer,
bienintencionado y fiel.
Cuando, sin tener en cuenta ni las cualidades, ni el aspecto, ni
siquiera la experiencia, ella busca un
marido por sed de riqueza, incluso rivalizando con otras esposas,
entonces una doncella no debe
engatusar a un hombre colmado de buenas cualidades, fiel, competente,
rebosante de pasión, que la
corteja con todos los medios.
Mejor un esposo pobre, pero fiel, y que, sin tantos méritos,
sólo piensa en ella; más bien que uno al
que aspiran muchas, porque está colmado de buenas cualidades.
En general los ricos tiene muchas esposas que se comportan con liberalidad;
felices por fuera, son desconfiadas, aunque no les falte el placer
externo.
Pero, si hay que cortejar a un plebeyo, o a uno que tiene el pelo
blanco o a uno que está siempre de viaje, no vale la pena
la unión.
A quien corteja sólo por capricho, o se dedica a jugar y
a engañar, o todavía tiene mujer a hijos, no es digno
de la unión.
A paridad de cualidades, entre los cortejadores sólo un pretendiente
es el escogido; y este cortejador vence a los demás, porque
en él hay por naturaleza amor.
DISTINTAS FORMAS DE CONTRAER
MATRIMONIO
Cuando a un hombre le resulta imposible verse con la doncella en
privado, en principio se puede dirigir a su hermana de leche, después
de haberla conquistado con afecto y atenciones. Esta, fingiendo
no conocer personalmente al enamorado, fascine con sus cualidades
a la muchacha. Le describa, sobre todo, las buenas cualidades del
apasionado, y destaque los defectos, muy contrarios a sus deseos,
de los demás pretendientes. Afirme que sus padres no conocen
la virtud y son avaros, y los familiares unos calaveras. Le ponga
el ejemplo de cómo otras doncellas iguales que ella, Sakuntala(3)
y otras así, consiguieron un esposo por propia iniciativa
y fueron felices de su unión; mientras que, en las familias
nobles, se ven mujeres dolidas por las rivalidades con otras esposas,
atrapadas por el odio, afligidas y abandonadas. Por fin, le pinte
el futuro radiante del enamorado, la felicidad perfecta de la que
gozará al ser su única esposa y el amor que le proporcionará
aquel hombre.
Cuando ya esté llena de deseo, con argumentaciones consistentes,
aleje el sentido de peligro, el miedo y el pudor, y exija todas
las funciones de una alcahueta. Se preocupe de convencerla para
que no tenga titubeos, diciendo: "El enamorado te tomará
a la fuerza, como si no supieses nada".
Cuando ella haya consentido y se encuentre en el lugar deseado,
el enamorado la espose: lleve el fuego de la casa de un sacerdote,
extienda la hierba sagrada, cumpla la ofrenda según los textos
y dé tres vueltas alrededor del fuego(4). Luego se lo comunique
a sus padres. Pues los matrimonios celebrados con el fuego como
testigo no se disuelven; así reza la doctrina de los maestros.
Después de haber perdido su virginidad, debe revelarlo con
tacto a sus familiares; y hágalo de tal forma que los familiares
de la doncella, para evitar la impureza de la familia y por temor
al castigo [debido a la situación de ilegalidad], se la concedan
a él. Inmediatamente después los conquiste con gestos
de amistad y cariño.
Actúe, en resumidas cuentas, conforme al matrimonio Gandharva
(5).
Si la doncella no consiente, el hombre busque otra mujer de buena
familia, que se ve habitualmente con ella, y que él conoce
desde hace tiempo y es amiga suya; consiga que ésta acompañe,
con otro pretexto,
a la doncella a un lugar adecuado. Después lleve el fuego
de la casa de un sacerdote, y realice todo
como queda expuesto anteriormente.
Si su matrimonio con otro está a la vuelta de la esquina,
la cómplice intente que la madre se arrepienta,
describiendo los defectos del pretendiente al que ha dado el consentimiento.
Luego, con la aprobación
de la madre, invite, de noche, al enamorado a casa de una vecina;
éste lleve el fuego de la casa de un
sacerdote y realice todo como ha quedado expuesto.
En caso contrario, el hombre puede ganarse durante un largo periodo,
con favores no fáciles y atenciones
afectuosas, a un hermano de la doncella que tenga su edad, inclinado
a las prostitutas y al adulterio,
al que por fin revelará sus intenciones. Pues a menudo los
jóvenes son capaces de renunciar incluso a la
vida por el bien de los amigos de temperamento, pasiones y edad
similares. Luego le pida que la acompañe, simulando otro
motivo, a un lugar adecuado, todo como queda expuesto.
En la fiesta de Astamicandrika y en solemnidades parecidas, la hermana
de leche puede inducir a la
doncella a que beba algo embriagador, y, luego, invocando un motivo
personal, llevarla a un lugar
apropiado donde está el amante. Éste la violará
mientras sigue fuera de sí por el licor, y hará todo
como
queda expuesto. Puede poseerla antes de recobrar la conciencia,
incluso cuando está dormida y sola -
pues procurará alejar a la hermana de leche; luego actuará
como queda expuesto(6).
Si se entera de que se dirige a otro pueblo o a un jardín,
el hombre, con un buen número de compañeros,
puede aterrorizar a los que la acompañan o matarlos, y raptar
a la doncella(7). Son las distintas
formas de contraer matrimonio.
La forma primera de matrimonio siempre es superior, pues se funda
en la Ley Sagrada; pero, si resulta
imposible la que está en primer lugar, se recurra, en cada
caso, a la forma que le sigue.
Si para los matrimonios celebrados el fruto consiste en el amor,
el Gandharva, a pesar de estar en el
medio, hay que considerarlo una unión excelente.
Al proporcionar felicidad, exigir poco esfuerzo, no requerir petición
formal y estar hecho sólo de amor,
el matrimonio Gandharva resulta el mejor.
NOTAS RELACIONES CON LAS
DONCELLAS
1. Son las primeras cuatro, las más recomendadas y las únicas
universales concedidas a los
brahmanes, de las ocho formas de matrimonio recordadas en los tratados.
Traen el nombre de seres
divinos o sobrenaturales; exigen el acuerdo de las familias y el
rito religioso, y se diferencian entre ellas
principalmente en las normas para la dote.
2. La fiesta de Asvayuji cae en el plenilunio del mes hindú
de Asvina (setiembre-octubre); en la fiesta
de Astamicandraka (llamada también Astamicandrika o Astamicandra),
que cae en el último cuarto de
luna de Margasirsa (noviembre-diciembre), se ayuna durante todo
el día, y se come cuando sale la luna.
Sobre Kaumudi (cfr., nota I, 30).
3. Sakuntala, uno de los personajes más famosos de la literatura
india, cuyas peripecias se narran en el
Mahahharata. Hija de una ninfa celeste y de un asceta seducido,
es criada por el sabio Kanva en su
eremitorio; convertida en una jovencita, se encuentra con el príncipe
Duhsyanta, que había llegado a las
cercanías del eremitorio en una batida de caza, y se une
con él secretamente por el matrimonio
Gandharva. Separada del amado, se vuelve a reunir con él
sólo después de mucho tiempo y le impone
el reconocimiento del heredero nacido de su furtiva unión.
Su historia se presenta como ejemplo de
felicidad conseguida por la doncella que, contra la costumbre que
otorga esa función en primer lugar a
los padres, escoge esposo por propia iniciativa.
4. Gestos fundamentales del rito matrimonial, centrados en la presencia
del fuego sagrado, que, como
se ve, se le considera el testigo.
5. Quinto de los ocho modos posibles de contraer matrimonio, llamado
Gandharva, en el que los
músicos celestes serían los testigos; basado en la
simple unión consensual de los amantes, no requiere ni
la presencia del fuego sagrado, que aquí se llama en causa
por escrúpulo.
6. Dos variantes del matrimonio llamado Paisaca, de los Pisaca,
seres demoniacos; se le considera el
más reprobable, en el que se supone que el enamorado se lo
revelerá a los familiares, y no hay presencia
de fuego, pues este matrimonio no puede ser bendecido por el rito.
7. Es el matrimonio Raksasa, llamado así por los demonios
del mismo nombre: una forma de matrimonio
no santificada con el fuego, que los textos admiten sólo
para los hombres de la clase de los guerreros.
MUJERES CASADAS
EL COMPORTAMIENTO DE UNA MUJER CUANDO
ES ESPOSA UNICA
Cuando es consorte única, la esposa tiene que secundar a
su marido, fiarse de él en la intimidad, como
si fuera un dios(1). A gusto se eche a las espaldas las labores
de la familia. Se ocupe de que la casa esté
bien, adornada con flores en rincones inmaculados, cuide de que
el suelo esté liso y que le resulte a uno
agradable verlo; realice las ofrendas tres veces al día y
honre el templo doméstico. Pues no es distinta
de ésta la morada que atrapa el corazón de los dueños
de casa, dice Gonardiya.
Sea tan respetuosa como conviene con los familiares ancianos, con
la servidumbre que obedece, con
las hermanas del esposo y con sus maridos.
En lugares muy cuidados plante canteros de verduras y hortalizas,
unas cañas de azúcar y matas de
comino, mostaza, perejil, hinojo y tamala. Cultive rosales, amalaka,
distintas clases de jazmines; nuez
moscada, amaranto amarillo, tagara, nandyavarta, malvavisco y otras
plantas; tenga arriates con muchas
flores de valaka y usiraka, y deliciosos céspedes en su jardín
arbolado, y en el centro cave un pozo, un estanque o un lago.
No debe mantener relaciones con monjas mendicantes de ninguna clase,
ni con mujeres libertinas, prestidigitadoras, adivinas, o que practican
hechizos con raíces(2).
Cuando oye fuera las pisadas del esposo que vuelve, esté
en el centro de la casa dispuesta y le pregunte
por lo que tiene que hacer. Pida a la criada que se retire y ella
misma lávele los pies. Cuando se queden solos, nunca esté
sin arreglar. Si él gasta mucho o con gente indigna, se lo
haga notar en privado.
Si va a un convite, a una boda, a un sacrificio, o se reúne
con las amigas o visita un templo, lo haga
con su permiso; y en todas las diversiones se comporte adaptándose
a él.
Se acueste después que él, se levante antes, y no
le despierte mientras duerme. Cuide bien de la cocina, que resplandezca.
Si está triste, porque el esposo se ha comportado mal, no
exagere al reprochárselo.
Puede echárselo en cara con ironía, cuando está
con los amigos o solo. Además, no ejerza la magia con las
raíces, pues nada suscita mayor desconfianza, explica Gonardiya.
Evite expresiones mal sonantes y miradas de reojo; no le hable mirando
a otra parte, ni se pare en el umbral ni lo busque con la mirada;
no se pare a hablar en los jardines ni se quede mucho en lugares
solitarios. Esté atenta con el sudor, con los dientes sin
limpiar y con los malos olores: son motivo de desafecto.
Buenas joyas, muchas flores y cosméticos, un vestido resplandeciente
de distintos colores: es el tocado para los encuentros de amor.
Sin embargo, para estar en casa, conviene un vestido de seda muy
fina, mórbido y corto, pocos collares, perfume, no muchos
afeites y flores blancas o de colores.
Si el esposo realiza un voto o un ayuno, lo siga por propia iniciativa;
y, si se lo impide, se oponga insistiendo que en esas circunstancias
no es justo que la detenga.
Compre a buen precio, al menos a precio justo, cosas para la casa
-de arcilla, mimbre, madera, cuero o metal. Además tenga
en casa, escondidas, provisiones de sal y de aceite y de todo lo
que se consigue con dificultad: sustancias perfumadas, vasijas de
especias y medicinas.
Recoja la simiente, y a su debido tiempo plante todo tipo de plantas:
rábano, aluka, acelgas, artemisa, amrataka, pepino, coloquíntida,
berenjena, distintas clases de calabazas, surana, sukanasa, svayamgupta,
tilaparnika, agnimantha, cebollas y cosas parecidas.
No hable con extraños del dinero de casa, no cuente los proyectos
de su esposo; procure superar a las mujeres de su clase en habilidad,
elegancia, experta en cocina, en sensatez y en comportamiento servicial.
Tras calcular los ingresos anuales, controle los gastos. Sea capaz
de sacar mantequilla de la leche de vaca que ha sobrado en la comida,
y de hacer lo mismo con el aceite y la melaza; de hilar el algodón
y tejerlo; de atar cabos para llevar pesos, cuerdas, cordeles y
rafia; de atender la molienda y la monda;
de utilizar el agua en la que se ha hervido el arroz, su espuma,
el cascabillo, los granos, el polvo de
arroz y el carbón. Esté en condiciones de valorar
el salario y los medios para mantener a la servidumbre,
de cuidar los campos y de criar animales, de preparar un carro,
de atender a los carneros, gallos,
perdices, cornejas, cucos, pavos reales, monos y ciervos; y, por
último, de armonizar las entradas y
salidas diarias.
Recoja los vestidos gastados y más modestos del esposo -de
color o blancos- y se los regale a los
criados trabajadores, se los dé a personas que lo estiman
o encuentre otro destino. Coloque cántaros
de aguardiente y de asava(3) y regule su uso; se ocupe de la adquisición,
venta, ganancia y gastos.
Estime adecuadamente a los amigos de su esposo, ofreciéndoles
coronas, ungüento y betel. Esté al
servicio de la suegra y del suegro, a los que se someterá;
no les contradiga, ni sea demasiado locuaz ni
impetuosa, ni se ría en voz alta. Con los amigos y adversarios
de éstos se comporte como si fueran
suyos.
Se muestre moderada en las comidas y amable con el séquito
de su esposo. No regale nada a nadie
sin haber informado antes. Limite la servidumbre a sus obligaciones
y se lo agradezca en las fiestas. Así
se comporta una mujer cuando es esposa única.
CONDUCTA DURANTE LOS VIAJES
DEL MARIDO
Cuando el esposo está de viaje, la mujer sólo debe
ponerse adornos de buen augurio, dedicarse a ayunos para que los
dioses sean propicios, buscar noticias sobre él y ocuparse
de la casa.
Duerma muy cerca de sus suegros. Realice todo con su aprobación
y procure reparar las cosas que le gustan a su esposo. En las actividades
diarias y ocasionales gaste como de costumbre, y procure acabar
las obras empezadas por él.
No debe ir de visita a casa de sus familiares, si no es por una
desgracia o una fiesta. E, incluso en este caso, esté bajo
la tutela del séquito de su esposo, no se entretenga mucho
y no renuncie a los vestidos de la separación.
Realice ayunos aprobados por los suegros. Con su permiso, recurriendo
a criados honestos y sometidos a sus órdenes, aumente su
patrimonio con adquisiciones y ventas y reduzca en la medida de
sus posibilidades los gastos.
Cuando vuelva el esposo a casa, al principio se muestre con los
mismos vestidos modestos que tenía, y cumpla con las devociones
para con los dioses, a los que ofrecerá dones. Es la conducta
de una mujer durante los viajes del marido.
Valgan dos estrofas sobre el particular:
Tenga un comportamiento virtuoso la mujer consorte única
que quiere el bien de su hombre, ya sea de buena familia, vuelta
a casar o cortesana.
Las mujeres que viven en la virtud cumplen la Ley Sagrada, lo útil
y el Amor,
consiguen una buena posición y un esposo sin mujeres rivales.
COMO SE DEBE COMPORTAR LA
ESPOSA MAS ANCIANA CON LAS OTRAS MUJERES
Un hombre casado contrae otras nupcias por la poquedad o el mal
carácter de su primera esposa, o en cuanto ésta le
resulta desagradable, porque no le da hijos, o una hija tras otra,
o simplemente porque es un inconstante.
Una esposa evite estas situaciones desde el principio, mostrando
fidelidad, buen carácter y habilidad.
Pero, si no puede tener hijos, pídale que tome otra esposa.
Cuando ésta le va a sustituir, recurra a lo que está
en sus manos para que consiga una posición superior a la
suya; una vez dentro, la trate como a una hermana menor. Procure
que se prepare muy bien para la noche, y de forma tal que también
se entere su marido. No haga caso si, por ser la favorita, se le
muestra hostil o arrogante; y no se preocupe, si es negligente con
el esposo. Si piensa que puede hacer algo, se lo enseñe de
buena gana; y, cuando sabe que el marido escucha, aunque a escondidas,
destaque sus extraordinarias cualidades.
Sea imparcial con los hijos de la otra, y extremadamente comprensiva
con sus siervos. Se muestre afectuosa con sus amigos; no dedique
muchas atenciones a sus familiares, pero sea muy atenta con los
de ella.
En caso de que la sustituyan varias esposas, se alíe con
la más próxima en edad. Instigue a que la privilegiada
por el esposo discuta con la favorita anterior, provocándola;
luego sienta compasión de ella.
Coaligada con las otras, pero, sin comprometerse, procure desacreditar
a la nueva benjamina. Sin embargo, cuando ésta discuta con
el esposo, la apoye poniéndose de su parte, y la consuele;
y mientras tanto fomente la discusión o, si se da cuenta
de que la pelea es banal, se encargue de atizarla. Pero, si percibe
que todavía el esposo tiene muchas atenciones con la rival,
haga un esfuerzo para que se reconcilien. Compórtese así
la esposa más anciana.
COMO DEBE ACTUAR LA MAS JOVEN
La esposa más joven, por el contrario, considere a la mujer
rival como a su madre. A sus espaldas no regale nada ni siquiera
a sus familiares; todo lo que le concierne lo realice bajo su tutela,
y, para dormir con el esposo, pida su consentimiento. No cuente
a los demás lo que ella le ha dicho; tenga más atenciones
con los hijos de ella que con los suyos.
En la intimidad está obligada a prodigarse con el esposo.
Si le duele que otras mujeres la humillen, no lo cuente; se esfuerce
por conquistar la atención especial y secreta del marido.
Debe manifestar que está bien atendida, pero sin decirlo
a los cuatro vientos por presunción o por pasión.
Pues, efectivamente,
una mujer que no guarda los secretos consigue que su esposo la desprecie;
por temor de la
mujer más anciana, debe aspirar a reconocimientos ocultos;
así explica Gonardiya.
Si la esposa más anciana ha caído en desgracia con
el marido, y sin hijos, sienta compasión por ella y
procure que el esposo sienta lo mismo. Sin embargo, cuando ya le
haya suplantado, se comporte como
consorte única. Así se debe comportar la esposa más
joven.
LA VIUDA QUE SE HA VUELTO
A CASAR
Una viuda que, al sufrir por la debilidad de los sentidos, encuentra
de nuevo un compañero amante de los placeres y con grandes
cualidades es una viuda que se ha vuelto a casar(4). Sin embargo,
si se aleja también de éste, pues le encuentra escaso
de cualidades, puede buscar otro hombre; es la opinión de
los discípulos de Babhravya. Quizás todavía
puede encontrar a otro, si quiere ser feliz. Gonardiya opina que
la felicidad resulta completa cuando se encuentran juntos cualidades
y placeres; en relación con el [hombre sin cualidades] hay
una diferencia. Vatsyayana dice que uno debe actuar como le dicta
el corazón.
Esta mujer, con los familiares, procure conseguir de su compañero
beneficios que exijan gastos: fiestas, [visitas a] jardines, regalos,
favores a los amigos y cosas parecidas. O procure con sus bienes
enjoyarle tanto a él como a sí misma. En los regalos
de amor no tiene que haber límite. Si abandona su casa por
propia iniciativa, devuelva todo lo que el hombre le haya regalado,
excepto los regalos de amor; si, por el contrario, la echa de casa,
se quede con todo.
Tome posesión de la casa del compañero como si fuese
la dueña. Con las esposas de buena familia compórtese
con delicadeza; se muestre siempre educada con la servidumbre, y
alegre y respetuosa con los amigos. Despliegue habilidad en las
artes y una cultura superior a la media; si surgen motivos de enfrentamiento,
se lo reproche ella misma al compañero. En la intimidad debe
entretenerle con las sesenta y cuatro artes eróticas.
Sea servicial, por propia iniciativa, con las otras esposas; haga
regalos a los hijos y les colme de atenciones como a soberanos.
Se ocupe de adornos y vestidos; con la servidumbre y con los amigos
sea muy generosa. Y por último sienta pasión por las
reuniones, fiestas, diversiones en los jardines y con ocasión
de las procesiones. Así debe actuar la viuda que se vuelve
a casar.
LA ESPOSA CAIDA EN DESGRACIA
La esposa caída en desgracia y afligida por la rivalidad
con otras mujeres debe apoyarse en la que ocupa la posición
más elevada, por decirlo de algún modo, en la prestación
de servicios a su esposo.
Muestre con ostentación el conocimiento de las artes; al
ser una mujer marginada, no valen los secretos.
Haga funciones de nodriza con los hijos del marido. Se gane la simpatía
de los amigos y se comporte de tal manera que ellos hablan de su
fidelidad. Preceda a todos en los actos de culto, en los votos y
en los ayunos; sea atenta con la servidumbre y no se sienta muy
importante. En la cama, accediendo al esposo, le convenza de su
amor. No le reproche nada ni se muestre esquiva; si hay un enfrentamiento
con alguna otra, intente llevarla de nuevo a una actitud afectuosa.
Si él ama a una mujer en secreto, procure que se produzca
esa unión y la mantenga oculta; y lo haga de tal forma que
el esposo comprenda lo fiel y sincera que es. Así debe actuar
la esposa caída en desgracia.
LA VIDA EN EL HAREM
Se puede deducir de los apartados anteriores cómo se tienen
que comportar las mujeres de un harem.
Sus asistentes y sus damas de compañía lleven al soberano
guirnaldas, ungüentos y vestidos, presentándolos como
un obsequio de parte de las reinas. El rey lo acepte y, a cambio,
les envíe lo que ha sobrado de un sacrificio (5). Por la
tarde, elegantemente vestido, visite a todas las esposas del harem
juntas, suntuosamente engalanadas. Según el momento y los
méritos les asigne una función y les recompense con
manifestaciones de respeto, y mantenga charlas entretenidas. Después
visite a las viudas que se han vuelto a casar; luego a las cortesanas
que viven en el harem y a las actrices. Estas mujeres están
en habitaciones, según el orden de rango ya expuesto.
Cuando el rey se levanta por la tarde de la siesta, las damas de
compañía, acompañadas de las criadas de cada
señora, le tienen que anunciar a qué esposa le corresponde
el turno, quién se ha descuidado con él y quién
está en periodo fecundo; le entreguen anillos y ungüentos
que ellas han enviado, y le indiquen el siguiente turno y los días
fértiles. Entonces el soberano, tras aceptar lo que le han
enviado, establezca a quién toca.
Durante las fiestas se las atiende adecuadamente y participan en
los festines, y también en los conciertos y en las exhibiciones.
Las que habitan en el harem no deben salir, y el que vive fuera
no puede tener acceso, excepto las mujeres a las que se considere
irreprochables; de esta forma no se perturban las actividades. Ésta
es la vida en el harem.
LAS RELACIONES DE UN HOMBRE CON MUCHAS
ESPOSAS
Unas estrofas sobre el particular:
Un hombre que tiene muchas esposas debe ser imparcial; no les falte
nunca al respeto ni tolere doblez alguna.
De ninguna revele a las otras ni el juego del amor, ni un defecto
físico, ni un reproche hecho en confianza.
No deje nunca vía suelta a las mujeres, cuando el motivo
sea una esposa rival; si una la critica por este motivo, debe echarle
a ella todas las culpas.
Adulará a las mujeres de esta forma: a una, inspirándole
confianza total; a otra, con atenciones muy evidentes, y, a una
tercera, con grandes manifestaciones de estima.
Las complazca de una en una con paseos por los jardines, delicias,
regalos, honrando a sus familiares, y con favores secretos de amor.
Una joven que sabe aguantar y vive según las enseñanzas
del tratado somete al esposo y domina a las esposas rivales.
Notas mujeres casadas
1. El esposo es el dios de las mujeres. Este capítulo está
en sintonía con las normas reservadas a las mujeres en los
textos legislativos, y, en realidad, según la concepción
brahmánica de la mujer fiel.
2. Los hechizos realizados con la manipulación de raíces
tienen como fin someter totalmente al destinatario.
3. Cfr., nota I, 29.
4. Las segundas nupcias no se pueden santificar con el rito y, en
realidad, se fundan en la simple convivencia.
5. Excelente obsequio, pues lo que sobra de las ofrendas a una divinidad
después del rito se considera cargado de poderes sobrenaturales.
LAS ESPOSAS DE OTRO
DESCRIPCION DE LA INDOLE DE MUJER
Y HOMBRE, Y LOS MOTIVOS DE RECHAZO
Un hombre puede tener relaciones con las esposas de otro por las
razones ya expuestas(1). En relación con estas mujeres, hay
que analizar, desde el principio, si se las puede conquistar, la
falta de riesgos, si hay motivos para mantenerse alejados, las perspectivas
futuras y su comportamiento.
Sin embargo, cuando un hombre se da cuenta de que su deseo va quemando
etapas, entonces, para
evitar que el cuerpo sufra, puede dirigirse sin más a las
esposas de otro. El deseo de amor tiene diez
etapas, cuyas características son: mirada agradable, dedicación
de la mente, nacimiento de la intención,
falta de sueño, adelgazamiento, desinterés por cuanto
le rodea, pérdida de todo pudor, locura, desfallecimiento,
muerte.
En estas circunstancias, afirman algunos maestros, un hombre tiene
que saber deducir del aspecto y de
signos concretos el carácter, la sinceridad, la honestidad,
la facilidad de conquista y la fogosidad de una
joven. Vatsyayana sostiene, por el contrario, que, si uno tiene
sólo en cuenta el aspecto y los signos
específicos, se puede equivocar, la conducta de una mujer
hay que valorarla basándonos únicamente en
sus actitudes y en sus expresiones.
Gonikaputra opina que, cuando una mujer ve a un hombre guapo, colma
el vaso del deseo, y le pasa
exactamente lo mismo a un hombre, cuando ve a una mujer hermosa;
pero, por distintas consideraciones,
ellos pueden quedarse quietos.
Sobre el particular hay una diferencia en lo que se refiere a la
mujer. Ella no toma en consideración ni lo que está
ni lo que no está permitido por la Ley Sagrada; simplemente
se inflama de pasión; pero con algunos escrúpulos
no se puede seguir adelante y, aunque el hombre la corteje como
le gusta a ella, por muchas ganas que tenga, tiende a retraerse.
Sin embargo, si se la somete a un cortejo atosigante, termina cediendo.
El hombre, por el contrario, que respeta las normas de la Ley Sagrada
y los usos y costumbres de los arios(2), aunque esté enamorado,
se tira para atrás. Por estos convencimientos no cede, aunque
le cortejen. Puede cortejar incluso sin motivo e, incluso después
de haberse comportado así, no continuar; más tarde,
cuando por fin ha conquistado a la mujer, se queda indiferente.
Desprecia a la mujer fácil de seducir y la desea si le cuesta
mucho conseguirla; es la opinión más corriente.
Exposición de motivos por los que una mujer no cede: Ama
a su esposo; respeta a sus hijos; es una persona madura; está
afligida por un dolor. Le resulta imposible quedarse sola; está
nerviosa, pues el hombre se le insinúa de forma poco respetuosa;
le falta convencimiento, porque no le resulta fácil entender
lo que piensa él. No ve perspectivas, pues sabe que se ausentará,
o que tiene puesta la mente en otro sitio; está preocupada,
y no puede ocultar su estado de ánimo; ha revelado sus sentimientos
a los amigos, y esto le preocupa. Sospecha que la corteja inútilmente;
tiene miedo, pues es un hombre potente; es una "cierva",
y por este motivo teme que sea muy fogoso o dotado. Se avergüenza,
porque es un elegante, un experto en las artes, o porque, con anterioridad,
le ha tratado como amigo. Está indignada, porque él
no busca ni el momento ni el lugar adecuados; no lo estima, pues
lo considera fuente de desprecio; tiene una pésima opinión
de él, desde el momento en que, aunque alentado, no se percata
de nada; y, si es una mujer "elefante", porque piensa
que es un hombre "liebre" y débil en el amor.
Tiene compasión de él; quiere evitar por todos los
medios que le pase algo desagradable. Siente desgana, porque ha
visto en él algún defecto; teme que, si la descubren,
la echen de su familia. Es esquiva, porque él tiene el pelo
blanco; sospecha que le haya enviado su marido para someterle a
una
prueba; por último, respeta la Ley Sagrada.
Si un hombre se da cuenta de que tiene alguno de estos motivos para
ser rechazado, desde el principio debe poner remedio. Si los motivos
están ligados a los nobles sentimientos de la mujer, conseguirá
lo que se propone acrecentando su pasión; si nacen de una
imposibilidad, mostrándole los medios para superarla. Cuando
son ocasionados por el sometimiento, debe establecer una intimidad
profunda; si vienen del desprecio hacia él, debe mostrar
mucho orgullo y su valía. En caso de que surjan del poco
respeto hacia la mujer, lo remedie con la reverencia; si dependen
de un temor, inspirándole
confianza.
LOS HOMBRES QUE TIENEN EXITO
CON LAS MUJERES
Tienen éxito, generalmente, los siguientes hombres: los que
conocen el Kamasutra; saben contar
historias con maestría; han estado con ellas desde la infancia;
se encuentran en plena juventud; han
conquistado la confianza de la mujer con juegos y cosas parecidas;
cumplen de buena gana encargos;
conversan amablemente; hacen favores; antes han sido alcahuetes
de otro; saben cuáles son los puntos
débiles de la mujer.
También tienen éxito los que desea ardientemente a
una mujer; los que, a escondidas, están en estrechas
relaciones con una amiga; los que gozan de la fama de afortunados
en el amor; uno que ha crecido
con ella; un vecino de casa o un criado, cuando están enamorados;
el esposo de la hermana de leche;
un nuevo pariente recién incorporado; un hombre que frecuenta
espectáculos y jardines y se muestra
generoso; uno con reputación de ser muy viril; el osado;
un héroe; los que superan a su esposo en
cultura, encanto, cualidades y entrega en los placeres; y, por último,
los que visten y viven gastando
mucho.
MUJERES QUE SE PUEDEN CONQUISTAR
SIN ESFUERZO
De la misma forma que un hombre tiene que analizar sus probabilidades
de éxito, también debe tener
en cuenta la facilidad para seducir a una mujer; por este motivo
vamos a hablar de las mujeres que se
pueden conquistar sin esfuerzo.
Se puede conquistar simplemente cortejándola: a la mujer
que siempre se entretiene a la puerta; desde
la terraza de casa mira a la calle; frecuenta una tertulia en la
habitación de un vecino joven; mira a los
hombres descaradamente; cuando se fijan en ella, responde con miradas
de reojo. Del mismo modo a
la que, sin motivo, se deja descalzar por una rival; odia a su esposo
o éste la odia a ella; no guarda
ninguna precaución; no tiene hijos; ha vivido siempre en
familia; sólo ha tenido abortos; frecuenta las
tertulias; es pródiga en atenciones.
Y también: a la mujer de un actor; a una chiquilla a la que
se le ha muerto el marido; a una mujer pobre
amante de los placeres; a una mujer más vieja con muchos
cuñados; a la mujer soberbia con un marido
insignificante; a una mujer orgullosa de sus cualidades y que se
irrita por la estupidez de su esposo, por
su insensatez o por su codicia; a la mujer que, cuando era chiquilla,
un hombre prentendió como esposa
con mucho ahínco, sin conseguir su objetivo por algún
motivo, y que ahora de nuevo corteja.
Por último: a una mujer con idénticos puntos de vista,
carácter, inteligencia, distintas formas de actuar a
iguales costumbres; a una que espontáneamente tiende a ponerse
de parte de ese hombre; a una que se
avergüenza sin haber cometido falta alguna, y la humillan rivales
de belleza parecida; a la que tiene a su
marido de viaje; para terminar, a las esposas de hombres celosos
o sucios, de coksa(3), de eunucos,
de individuos que rechazan todo, de afeminados, cheposos, enanos
o personajes muy feos, de cortadores
de gemas, patanes, hombres que huelen mal, enfermos o viejos.
Dos estrofas sobre los temas tratados:
Un deseo que surge de forma natural,
reforzado por la iniciativa,
y que la prudencia poda de la inquietud,
puede ser muy firme, no fugaz.
Si ha comprendido las perspectivas personales,
estudiado los signos que ofrecen las que son guapas,
y eliminado todo motivo de rechazo,
un hombre tiene éxito con las mujeres.
FORMAS PA R A CONOCERLA MEJOR
Algunos maestros sostienen que a una doncella se la conquista más
fácilmente con el cortejo personal que mediante una alcahueta,
pero que la intermediaria puede resultar mejor que uno mismo para
conquistar a las mujeres casadas, de índole más compleja.
Vatsyayana considera que en cualquier circunstancia, dentro de las
posibilidades, lo mejor es actuar personalmente; si la situación
se complica, se recurra a una alcahueta. Según opinión
común, las mujeres que cometen adulterio por primera vez
y aquellas con las que se puede hablar sin cortapisas se deben seducir
personalmente; las de características opuestas, a través
de una intermediaria.
Quien decide cortejar directamente lo primero que tiene que hacer
es conocerla. Uno se puede encontrar con una mujer de forma espontánea
o calculada. El encuentro espontáneo tiene lugar cerca de
casa; el calculado, cerca de casa de un amigo, de un familiar, de
un ministro o de un médico, en una boda, en un sacrificio,
en una fiesta, durante el tiempo libre, en la visita a un jardín
y en otras ocasiones parecidas.
Cuando se produce el encuentro, el hombre la mire fijamente con
expresión muy elocuente, se atuse el pelo, haga crujir las
uñas y tintinear las joyas, se retuerza el labio y cosas
parecidas, insistiendo en actitudes alusivas; y, cuando le devuelva
la mirada, se ocupe de ella hablando con los amigos, aunque aparentemente
se dirija a otra; muestre generosidad y amor por los placeres.
Sentado en las rodillas de un amigo, bostece estirándose;
arrugue el entrecejo, hable en voz baja, la escuche; mantenga con
un niño o con otra persona una conversación de doble
sentido sobre ella, partiendo de otras; y, mientras habla, con una
disculpa, aproveche para revelar lo que desea. Bese y abrace a un
niño, pero, aludiendo a ella, le ofrezca betel con la lengua
y le acaricie la barbilla con el
índice, o sea, se valga de un pretexto o de otra persona,
según las circunstancias y las ocasiones.
Si la mujer tiene un niño en las rodillas, mímelo
dándole juguetes o quitándoselos; con esto consigue
acercarse a ella y arrancar una conversación. Establecida
una amistad con alguien que puede hablar con ella cuando quiere,
ya tiene una disculpa para ir a visitarle. Mientras ella escucha,
como si no la viera, hable del Kamasutra.
Cuando la conozca mejor, le deje varias cosas en prenda. Y cada
día, a cada instante pretenda que se las vaya devolviendo
poco a poco; por ejemplo, perfume o nueces de areca. Favorezca un
encuentro con sus esposas en una reunión confidencial, en
un lugar reservado. En caso de que busque el trabajo de un orfebre,
de un cortador de gemas, de un joyero, de un tintorero con añil
o con alazor, y cosas así, intente proporcionárselos
entre los artesanos a su servicio, para poderla ver a todas horas
y ganar su confianza. Y mientras tanto amplíe su intervención
en otros campos; cualquier obra, objeto o habilidad que necesite,
demúestrele que conoce su uso, la producción, el origen,
tener los medios y los conocimientos.
Discuta animadamente con ella y con su séquito de hechos
acaecidos en el mundo, y sobre el valor que tienen los objetos;
intencionadamente haga apuestas y le conceda la función de
árbitro. Si apuesta con ella, se lo encargue a otro que le
sea fiel. Son distintos modos para conocerla mejor.
LOS CORTEJOS
Cuando la conozca mejor, si la mujer ha mostrado actitudes y expresiones
de simpatía, la corteje como
a una doncella, con estratagemas. Con las doncellas, en general,
los cortejos deben ser sutiles, pues aún
no han probado la unión con un hombre. Sin embargo, con éstas
se puede ir de frente, pues ya conocen
los placeres del amor.
Cuando la deseada ya ha mostrado su estado de ánimo y aparecen
con claridad sus sentimientos,
tendrá lugar el intercambio de objetos que les gusten, y
el hombre gozará con lo que le toca. Puede
aceptar un perfume caro, una capa, una flor o una sortija; la mujer
reciba betel de su mano, y él, si va a
una reunión con amigos, le pida una flor que adorne su pelo.
Le regale, con toda intención, un perfume
apreciado y muy buscado, que lleve impresas marcas de uñas
y dientes; y procure, cortejándola sin
parar, disipar sus temores. Tiene que proceder gradualmente; acercarse
a ella en un lugar aislado,
abrazarla, besarla, ofrecerle betel, colmarla de regalos, luego
intercambiar objetos, y, por último,
acariciarle las zonas secretas. Son los distintos tipos de cortejo.
En la casa donde corteja a una mujer, un amante no debe dirigir
sus atenciones a otra; si la esposa más
anciana ha cedido a las aleguas de los sentidos [con él],
debe mantenerla conciliadora con afectuosas
adulaciones.
Dos estrofas sobre el particular:
Aunque sea fácil de conquistar,
un hombre no toque a una mujer
cuyo esposo muestre atenciones hacia otra.
El sensato no debe mirar a una mujer dubitativa,
vigilada, miedosa, o con la suegra al lado;
sabe que no está seguro.
EXAMEN DE LA DISPOSICION DE ANIMO
Un hombre, cuando empieza a cortejar, tiene que examinar el comportamiento
de la mujer, y así se
dará cuenta de su disposición de ánimo. Si
ella no esconde sus intenciones, conquístela enviando a una
alcahueta. Cuando no acepta que le cortejen, pero vuelve a encontrarse
con él de nuevo, se debe saber
que está indecisa y hay que conquistarla de forma gradual.
Si rechaza los halagos, pero se viste elegantemente,
y va así a hacerle una visita, quiere decir que el hombre
tiene que poseerla a la fuerza cuando
estén solos.
Si permite que le cortejen cuanto uno quiera, pero incluso después
de haber pasado mucho tiempo no
se entrega, es una mujer a la que le gusta que le colman de atenciones,
aunque sea inútilmente; se la
puede vencer cortando toda relación, ya que la mente humana
es inconstante.
Si una vez cortejada, se retrae, no se encuentra con él,
pero tampoco lo rechaza, ya que respeta, tanto
en el hombre como en ella, la dignidad y el orgullo, es una mujer
a la que se puede seducir con mucho
esfuerzo, gracias a una profunda intimidad; se la conquiste recurriendo
a una alcahueta que conozca
bien sus puntos débiles.
Si es objeto de atenciones y las rechaza de forma zafia, conviene
dejarla. Sin embargo, cuando demuestra
afecto, aunque haya sido poco amable, se puede intentar convencerla.
Si por algún motivo se
deja tocar, como si no lo notase, está indecisa; se la puede
seducir con constancia y paciencia.
Si una mujer aparece echada junto a él, el hombre, fingiendo
dormir, apoye la mano en el cuerpo de
ella. En caso de que ella, simulando también sueño,
finja no darlo importancia, pero lo aleje al despertarse,
es porque desea otras atenciones. Quiere decir lo mismo cuando uno
pone su pie en el pie de
ella. Si esto funciona, el hombre vaya más lejos a intente
abrazarla mientras duerme. Si ella no lo consiente
y se levanta, pero al día siguiente aparece como de costumbre,
quiere decir que desea que la
cortejen; sin embargo, si no se hace viva, hay que conquistarla
recurriendo a una alcahueta. [Se la
puede conquistar] también cuando durante mucho tiempo no
se hace viva, pero luego se encuentra con
él como si nada hubiera pasado.
El hombre se acerque a la mujer que haya dado muestras de aceptación
y revelado sus intenciones.
[Así se pueden percibir éstas]. Incluso cuando no
se le corteja, le traicionan sus expresiones, y aparece
en lugares apartados. Habla temblando y con balbuceos; le sudan
los dedos de la manos y de los pies y
la cara. Tiene interés en darle masajes en la cabeza y en
las piernas. Tocada de amor, mientras hace sus
prestaciones de masajista con una mano, con el otro brazo busca
el contacto con el cuerpo y lo envuelve.
Como si estuviera confusa o cegada por el sueño, le toca
con los muslos y con los brazos y se
detiene así un buen rato. Roza la frente en sus muslos. Si
le pide que le dé masajes en la ingle, no lo
rechaza; apoya una mano, sin moverla, y, cuando la aprieta fuerte
entre las piernas, la retira después de
pasado un rato. Si acepta este cortejo del hombre, al día
siguiente vuelve a darle masajes. No se
encuentra con él muy a menudo, pero tampoco lo evita. Cuando
están solos, le revela su disposición de
ánimo; a incluso en lugares no privados, sin ningún
pretexto, abiertamente.
Si nadie puede acercarse a ella sin que esté un criado a
su lado y, a pesar de que el hombre haya
mostrado claramente sus intenciones, no cambia de actitud, hay que
conquistarla a través de una alcahueta
que conozca sus puntos débiles. Pero, si le da esquinazo,
conviene que reflexione sobre lo que
conviene hacer. Es el examen de la disposición de ánimo.
Valgan unas estrofas sobre el particular:
De entrada, conviene conocerla,
más tarde se inicia una conversación;
y, en el transcurso de la misma,
se captan las intenciones recíprocas.
Si por las respuestas entiende que sus insinuaciones encuentran
eco, un hombre corteje a una mujer sin
ningún tipo de reparo.
A la mujer que con su actitud demuestra ya su inclinación
hay que cortejarla de entrada la primera vez
que uno se la encuentre.
La que recibe pequeñas atenciones y da respuestas muy claras
a las mismas, conviene saberlo, ya está
vencida; es una que desea el placer.
Hay una regla muy sutil para la mujer firme, tímida o a examinar:
ya están conquistadas las que tienen
una actitud clara.
LAS FUNCIONES DE LA ALCAHUETA
Un hombre se puede acercar, a través de una alcahueta, a
la mujer que ya ha demostrado actitudes y
expresiones de beneplácito, pero que no se hace viva, y a
la que no conoce. La alcahueta busque
entrar en su casa con un tacto irreprochable, y alegre su vida contándole
episodios inventados, desvelándole
distintas formas para fascinar a los hombres y contando hechos acaecidos
en el mundo, cuentos
escritos por artistas e historias de adulterio. Haláguela
ensalzando su belleza, cultura, elegancia y buen
carácter, y le insinúe el lamento, diciendo: "¿Cómo
es posible que una persona como tú tenga un marido
así?" Exclame: "¡Querida, no es digno ni
de ser tu esclavo!"
Cuando ya se la haya ganado, hable insistentemente, ante ella, de
la débil pasión de su esposo, de sus
celos, falsedad e ingratitud; le acuse de que no le gustan los placeres,
de avaricia, de inconstancia y de
cuantas otras culpas escondidas se pueden encontrar en él.
Se fije en el defecto que más le molesta a
insista en el mismo. Si la mujer es una "cierva", no supone
demérito para el esposo ser un hombre
"liebre"; un argumento parecido vale para la "yegua"
y la mujer "elefante".
Gonikaputra opina que, una vez conseguida la confianza de una mujer,
un hombre puede acercarse a
ella por los buenos oficios de una alcahueta, si es el primer adulterio
que comete o es de índole compleja.
La alcahueta le cuente las aventuras de ese hombre y sus amores,
pintándoselos bien. Y, cuando ya la
vea en un adecuado estado de ánimo, le exponga astutamente
sus intenciones, expresándose así: "Escucha,
querida, te vas a sorprender. Parece que ese tipo, un joven de familia
bien, lo ha visto en un sitio y
se ha quedado trastornado. Es muy sensible, pero nunca hasta ahora
había sentido algo así; está atormentado,
e incluso podría morirse." Así tiene que sonar
la descripción.
Conseguido esto, al día siguiente, si nota buena disposición
en su voz, en su rostro y en su mirada,
prosiga la conversaci6n. Relate delante de ella las peripecias de
Ahalya, Avimaraka, Sakuntala(4) y
cosas parecidas, y otras historias populares, adecuadas a las circunstancias.
Describa la virilidad del
enamorado, su maestría en las sesenta y cuatro artes, su
éxito con las mujeres; y cuente sus amores
secretos, reales o no, con una señora muy estimada, y se
fije en la reacción de la mujer.
[Reacciones favorables]: cuando vuelve a ver [a la alcahueta], le
dirige la palabra y le invita a sentarse;
le pregunta dónde ha estado, dónde ha dormido, comido,
paseado o qué ha hecho. Se deja ver a solas;
le solicita una historia corta. Pensativa, suspira y bosteza; le
hace regalos, se acuerda de ella en las
fiestas solemnes, le deja irse con la condición de que vuelva.
Exclama: "Tú que hablas siempre tan bien,
¿por qué dices cosas tan inoportunas?", con lo
que le empuja a proseguir la conversación. Admite las
culpas del hombre, o sea que es un mentiroso y un inconstante; desea
que le cuente que se han visto
antes y que han charlado, sin decirse nada personalmente; y, una
vez que ella le expone los deseos del
cortejador, se ríe como si los despreciara, pero no reacciona
indignada.
Cuando la mujer muestre una actitud favorable, la alcahueta la consolide
evocando recuerdos del
enamorado. Sin embargo, si todavía no le resulta familiar,
la conquiste describiendo sus cualidades y su
pasión.
Svetaketu opina que la función de la alcahueta no vale para
un hombre o una mujer que no se conocen
ni han mostrado signos de gustarse. Los discípulos de Babhravya
sostienen que conviene a dos personas
cuyas inclinaciones son ya de dominio público, aunque no
se conozcan. Según Gonikaputra, vale
para los que, teniendo amistad, no conocen sus intenciones recíprocas.
Vatsyayana opina, por el contrario,
que es útil incluso para los ni se conocen ni han revelado
su estado de ánimo, ya que la alcahueta
despierta confianza.
Exhiba muchos regalos ante las mujeres de este último tipo:
betel, ungüento, una guirnalda, un anillo o
un vestido que él le envía. Éstos lleven, como
corresponde, huellas de arañazos y de mordiscos del
enamorado y otras señales. En el vestido deje la marca de
manos juntas, coloreadas con azafrán. La
alcahueta muestre a la mujer hojas recortadas, que simbolicen distintos
deseos, además de pendientes y
rosarios con tarjetas escondidas, en las que él revela sus
ambiciones; la intermediaria le apremie a
intercambiar obsequios.
Después de haberse intercambiado signos de beneplácito
mutuo, mantengan un encuentro fiándose de
la alcahueta. Los discípulos de Babhravya opinan que esto
puede tener lugar en el transcurso de una
visita a un templo o de una procesión, durante unos juegos
en el parque, baños, matrimonios, sacrificios,
diversiones y fiestas, cuando se declara un incendio o hay confusión
por un robo, si se pone en
marcha el ejército de un país o la gente está
distraída mirando un espectáculo, y en otras muchas
ocasiones. Gonikaputra considera que se puede propiciar fácilmente
el encuentro en casa de una amiga
o de religiosas pertenecientes a distintas órdenes. Vatsyayana
juzga, por el contrario, que lo mejor es ir
y entrar en casa de la mujer, cuando la entrada y salida es de fácil
acceso y conoce cómo ponerse al
reparo de riesgos; ningún otro sabrá la hora y le
resultará fácil hacerlo.
Los distintos tipos de alcahueta son: la autorizada, la limitada,
la portadora de cartas, la intermediaria
de sí misma, la tonta, la esposa alcahueta, la silenciosa
y la "embajadora del viento".
La "autorizada" es la que, dominada la situación
basándose en los deseos de la mujer y del cortejador,
lleva a cabo la misión bajo su criterio. Suele actuar cuando
los dos se conocen y ya han hablado;
encargada por la mujer, incluso cuando los dos se conocen, pero
nunca han hablado; y por curiosidad,
si ella considera a los dos afines uno a otro, aunque no se conozcan.
La alcahueta "limitada" es la que, sólo en parte
al corriente de la cuestión y del cortejo, termina lo que
está en suspenso. Es útil para un hombre y una mujer
que ya han podido descubrir las intenciones
recíprocas, pero que se ven esporádicamente.
La "portadora de cartas" lleva sólo los mensajes.
Vale para informar del lugar y hora a los que ya tiene
sentimientos profundos y se conocen bien.
Es "intermediaria de sí misma" la que, invitada
por otra para que le haga de
embajadora, visita al hombre por propia iniciativa, como si no supiese
nada; le cuenta que ha hecho
con él el amor en sueños, o critica a su mujer, si
él confunde por equivocación sus nombres, y con un
pretexto parecido se muestra celosa. O le regala algo marcado con
señales de uñas y dientes, explicando
que desde el principio deseaba hacerle un regalo; y, cuando están
solos, le pregunta con insistencia
quién es más guapa, si ella o su esposa. Esta mujer
procura que la vean, y conviene recibirla en un lugar
apartado.
Es también "intermediaria de sí misma" la
que, fingiéndose embajadora, trabaja para otra, pero mientras
trasmite sus mensajes aprovecha para conquistar a su destinatario
y perjudicarla. Esto también vale
para un hombre, cuando hace de intermediario de otro.
A veces una mujer se gana la confianza de la esposa -una ingenua-
del enamorado, y consigue que se
acerque a visitarla libremente, se informa de los movimientos del
hombre, le enseña trucos, le arregla
para que se le insinúe, hace que se enfade, le explica cómo
tiene que actuar y, por fin, ella misma le
imprime señales de arañazos y mordiscos; por este
camino le da entender al marido su deseo. En ese
caso la esposa es una "alcahueta tonta"; a través
de ella recibe las respuestas de la mujer.
A veces puede ser el hombre el que utiliza a su ingenua esposa;
hace que establezca relaciones, porque
se fía de ella, con la mujer que quiere conquistar, y a través
de ella le aclara cuáles son sus intenciones,
además de revelarle su experiencia. Es la "mujer alcahueta";
por ella comprenderá incluso las reacciones
de la otra.
En caso contrario, puede mandar a una criada muy joven, sin malicia,
con un pretexto inocente; en este
caso coloca en una guirnalda o en un pendiente una tarjeta escondida,
o deja la marca de arañazos y
mordiscos. Es la "alcahueta silenciosa"; a través
de ella el hombre puede solicitar la respuesta de la
amada.
Si, en lugar de esto, encarga a una mujer imparcial referir palabras
que contengan una alusión a algo ya
conocido, pero incomprensible para los demás, o que tienen
un sentido general y otro más sutil, es la
"embajadora del viento"; también en este caso se
busca una respuesta de la mujer a través de ella. Son los
distintos tipos de alcahueta.
Valgan unas estrofas sobre el particular:
Una viuda, una adivina, una esclava, una monja o incluso una artesana
rápidamente encuentran el camino de acceso, consiguen la
confianza y saben hacer de alcahuetas.
Suscite odio hacia el esposo, describa los atractivos del rival,
y descubra, incluso ante las demás, las extraordinarias delicias
del amor con él.
Pinte la pasión del amante, reiterando lo experto que es
en el placer, cuente que le pretenden mujeres importantes, pero
que él ha tomado una decisión.
Hasta por una palabra no pretendida, que se le escapa por equivocación,
la alcahueta sabe volver atrás, pues es una experta en la
conversación.
LAS AVENTURAS AMOROSAS DE
LOS SEÑORES
Entrar en casa de otro no está permitido ni al rey ni a los
altos funcionarios, pues el pueblo se fija en su comportamiento
y los imita. Los habitantes de todo el mundo saben cuándo
sale el sol, y también ellos se despiertan; luego ven que
prosigue su curso y siguen su ejemplo. Por esto los poderosos no
deberían
ser indulgentes con ningún gesto de ligereza tanto por irrealizable
como por irreprochable. Pero si, forzados por las circunstancias,
tiene que comportarse así, recurran a estratagemas.
El jefe de un pueblo, un funcionario o el hijo de un responsable
de los campos, mientras son jóvenes, pueden conquistar a
las mujeres del campo con una palabra; los vita les llaman "infieles".
Se puede hacer el amor con éstas en muchas ocasiones: en
el curso de prestaciones obligatorias de obra, en el interior de
los graneros y mientras transportan la mercancía hacia dentro
o hacia fuera; cuando se arregla la casa, mientras trabajan en el
campo, cuando se consigna el algodón, la lana, la fibra de
lino o de cáñamo, o se reciben las hilaturas; cuando
venden, adquieren o subastan objetos, y cosas parecidas.
Lo mismo pasa al superintendente de los rebaños con las mujeres
de los pastores y al responsable de las hilaturas con las viudas,
las mujeres sobre las que ningún hombre ejerce la potestad
y las monjas mendicantes; también le pasa al oficial de policía,
pues conoce los puntos débiles de las que encuentra
por la calle cuando hace la ronda de noche, y al superintendente
de mercancías, durante las compras y
las ventas.
En la Astamicandra, en la Kaumudi, en la fiesta de primavera y en
ocasiones así, las mujeres de los
pueblos grandes, de las ciudades y de las aldeas suelen distraerse
con las que viven en el harem del
palacio del soberano. Entonces, al término de los festines,
las mujeres de la ciudad entran en las habitaciones
de las damas del harem; se sientan a conversar, reciben regalos,
beben y se despiden por la tarde. Si el rey desea a una de estas
mujeres, encarga a una esclava que se entere quién es, que
converse con ella y la entretenga mostrándole delicias de
todo tipo. Y, cuando la mujer aún está en su casa,
le puede avisar: "Durante la fiesta te enseñaré
las maravillas del palacio real"; y, en el momento oportuno,
puede seducirla.
La invite a ver, por fuera, el suelo de coral, el empedrado con
incrustaciones de piedras preciosas, el
jardín arbolado, la pérgola de vides, los baños
y las terrazas con sus pasadizos secretos en los muros;
le enseñe pinturas, ciervos domesticados, telares, pájaros,
jaulas de tigres y de leones, y todo lo que le
había indicado. Luego, en un aparte, le cuente la pasión
que siente el soberano por ella, y le describa
cuán experto es haciendo el amor; si consiente, le prometa
discreción. Si, por el contrario, opone
resistencia, entonces aparezca el soberano, que, tras halagarla
con gestos delicados y hacerle sonreír, la
despida afectuosamente en companía de otras.
El soberano también puede ganarse al marido de la mujer que
desea amar con favores a invitar continuamente,
por el lazo establecido, a sus esposas al harem; entonces encargue
a una esclava, y prosiga
todo como se ha dicho. O una dama del harem, mandando a su criada,
establezca amistad con la
escogida; una vez que tenga buenas relaciones, le pida con algún
pretexto que le haga una visita. Cuando
venga a visitarle, reciba regalos y bebidas, luego se le acerque
una esclava del rey y se desarrolle
todo como se ha explicado. En caso contrario, si la mujer guapa
que hay que seducir es una experta en
alguna rama del saber, una mujer del harem le puede invitar, con
amabilidad, para que haga una demostración;
entonces se le acerque una esclava del soberano, y el resto, todo
igual.
Cuando se trata de la esposa de un hombre que ha tenido un contratiempo,
o teme algo, una monja
mendicante puede hacerle un planteamiento así: "Una
dama del harem, que goza de la estima del rey y
cuyas palabras tienen mucho peso, presta mucha atención a
lo que yo digo. Dado que, por naturaleza,
consigo que se compadezcan de mí, con una estratagema intentaré
conseguir que me conceda audiencia
y vienes tú conmigo. Ella remediará la terrible desgracia
sucedida a tu esposo". Si la mujer acepta, le
haga entrar en palacio dos o tres veces; la dama del harem le garantice
con todo tipo de seguridades y,
cuando ya no quepa en sí de alegría, al oír
que ya no tiene nada que temer, se le acerque una esclava
del soberano, y se desarrolle el resto como se ha dicho antes. El
mismo argumento vale para las esposas
de hombres que ambicionan ciertas rentas, tiranizados por los ministros,
retenidos a la fuerza,
débiles en la vida cotidiana o insatisfechos con sus bienes;
o, que deseando entrar entre los agraciados
del soberano, aspiran a un puesto entre sus favoritos, son vejados
por los parientes o a su vez pretenden
vejarlos, se prestan como delatores, y para otros hombres que persiguen
un fin.
Por otra parte, si la mujer escogida tiene ya relaciones [ilícitas]
con otro, se puede ordenar que la
arresten, convertirla en esclava y, gradualmente, meterla en el
harem. Por último, se puede difamar al
marido de una mujer como enemigo del rey a través de un emisario,
y luego, con el pretexto de mantenerlo
alejado de la esposa, se le hace entrar en el harem. Son métodos
secretos, usados, sobre todo,
por los príncipes.
De todas las formas, los soberanos no deben entrar en las habitaciones
ajenas. Así, un lavandero,
asalariado de su hermano, mató a Abhira, rey de Kotta, cuando
estaba en casa ajena; y un guardián de
caballos quitó la vida a Jayatsena, soberano de Kasi.
Sin embargo, la vida amorosa pública se debe desarrollar
según los usos locales. En Andhra las doncellas
del país, diez días después de las nupcias(5),
van al harem con un regalo, y allí el rey las posee y
luego se vuelven a casa. En Vatsagulma las mujeres del harem de
los ministros más importantes visitan
por la noche al soberano para prestarle sus servicios.
En Vidarbha, con el pretexto de la amistad, las damas del harem
hospedan por un mes o por una
quincena a las mujeres guapas de la región. Entre los habitantes
del extremo Oriente los hombres
ofrecen a los ministros y al soberano a sus agraciadas esposas,
en señal de amistad. Y, por último, en
Surastra las mujeres de la capital y del resto del país se
acercan en grupo o de una en una a la corte
para deleitarse con el rey.
Dos estrofas sobre el particular:
Éstos y otros muchos subterfugios relacionados con las esposas
de otro
se dan en los distintos países y se llevan a la práctica
por los soberanos.
No debe entretenerse con estas cosas el rey preocupado por el bienestar
de su pueblo; ya que,
una vez que ha reprimido a sus seis enemigos(6), él dominará
la tierra.
EL COMPORTAMIENTO DE LAS MUJERES DEL HAREM
Dado que las mujeres del harem están bajo custodia, ningún
hombre puede ir a visitarles; y, además,
como hay un solo esposo y común para muchas, no reciben satisfacción.
Por esto se pueden dar placer
una a otra recurriendo a subterfugios. Vistiendo de hombre a su
hermana de leche, a una amiga o a una
esclava, y calmando su deseo con la utilización de instrumentos
de forma adecuada sacados de tubérculos,
raíces o frutos, a objetos artificiales. En otros casos acostándose
encima de estatuas de hombres
con el miembro al aire.
A veces los soberanos son comprensivos y, aunque lo hagan sin pasión,
se aplican penes artificiales y
se unen cuantas veces sean necesarias, incluso con muchas esposas
en una sola noche. Sin embargo, a
la que ellos aman, o a la que está de turno, o a la que se
encuentra en el periodo fecundo la abordan
con deseo. Son los distintos usos en los pueblos orientales.
Con el método adoptado por las mujeres se ha insinuado también
que los hombres que no consiguen
tener relaciones aplacan la excitación con distintas personas,
seres de otra naturaleza, estatuas femeninas
o simplemente tocándose.
Muy a menudo las damas del harem consiguen que entren con las criadas
hombres elegantemente
disfrazados de mujeres. Para convencerlos, se pueden utilizar a
las hermanas de leche, que tienen
relaciones de intimidad con ellos, haciéndoles ver las posibilidades.
Ellas les indican lo fácil que resulta
entrar, salir, la amplitud del edificio, las distracciones de los
guardias y la frecuente ausencia de la
servidumbre. Pero no se debe persuadir a una persona a que entre
con engaño, pues esto es una falta.
Vatsyayana considera que, para un hombre elegante, sería
mucho mejor no entrar en un harem, aunque
sea de fácil acceso, ya que se trata de una empresa muy arriesgada.
Sin embargo, puede entrar, si el
lugar tiene salida, está en la frondosidad de un bosque,
dispone de muchos salones y unos pocos
guardias negligentes, y el rey está de viaje, después
de examinar todas las razones, cuando le han
invitado muchas veces a la vista de un beneficio, ha observado la
entrada a las habitaciones y las mujeres
le han indicado cómo debe hacerlo. De todas las formas, en
la medida de lo posible, procure salir
todos los días.
También él puede, simulando otro motivo, establecer
amistad con los guardias de fuera. Finja que le
gusta una criada que trabaja en palacio, y que está al corriente
de sus intenciones; cuando no la encuentra,
se sienta desconcertado. Organice una red de alcahuetas con las
mujeres que suelen entrar en el
harem; y aprenda a reconocer a las espías del soberano.
Sin embargo, si a la alcahueta no le resulta fácil entrar,
y la mujer que le gusta ya se ha dado cuenta de
sus intenciones, el hombre se ponga donde ésta le pueda descubrir.
También en este caso debe utilizar a
una criada, como pretexto, con los guardias. Si aquélla le
dirige la mirada, él muestre actitudes y expresiones
de pasión. Donde ella habitualmente aparece ponga una pintura
que la represente, hojas con
trozos de canciones de doble sentido, y objetos para jugar, un rosario
o un anillo impresos con signos
de amor. Conocida la respuesta de la mujer, haga todo lo posible
por entrar en el harem.
La espere a escondidas donde sabe que ella suele acudir; o, disfrazado
de guardia y con su consentimiento,
a una hora determinada se cuele dentro. También le pueden
meter o sacar envuelto en una
alfombra o en un mantel.
Otra posibilidad es que se libere de la sombra y de las apariencias
con los hechizos de la desaparición.
Se procede de la forma siguiente: conviene cocer, para que el humo
no se expanda, un corazón de
mangosta, frutos de coraka y de tumbi y ojos de serpiente; luego
se machaca el compuesto con una
parte igual de ungüento para los ojos y con agua. Si uno se
embadurna los párpados con esto, se hace
invisible y ya no da sombra. Por último, puede entrar durante
las fiestas de luna llena, entre la gente que
lleva lámparas o a través de un paso subterráneo.
Valgan unas estrofas sobre el particular:
Incluso mientras se sacan mercancías, cuando entran los carros,
o si las criadas están muy
atareadas por ser fiestas en las que se suele brindar; al mudarse
de residencia, con el cambio de
la guardia, al ir a jardines o procesiones y al volver de una de
aquéllas; si, por último, el rey ha
emprendido una expedición cuyo éxito requiere mucho
tiempo, pueden, sobre todo, los jóvenes
colarse dentro, o también salir.
Escena intima
Las mujeres que moran en el harem, conociendo los recíprocos
enredos, suelen establecer alianzas;
por eso pueden hasta fastidiar a las demás.
Está claro que uno las puede corromper enfrentándolas,
ofreciéndoles a todas el mismo objetivo; pues,
al no temer una traición, inmediatamente consigue lo que
ambiciona.
Entre los habitantes del extremo Occidente, las mujeres que frecuentan
la corte son las que introducen
en el harem a hombres distinguidos, porque la guardia se ocupa poco
de esto; en Abhira, ellas consiguen
lo que buscan con los guardias del harem, que pueden adornarse con
el nombre de ksatriya(7),
mientras que en Vatsagulma dejan entrar acompañando a las
criadas, vestidos como ellas, a jóvenes
elegantes. En Vidarbha los hijos se unen con las damas del harem
-excepto con su madre-, y pueden ir
cuando quieren. En Strirajya hacen el amor con ellas familiares
y amigos, que, por esto, pueden entrar
libremente, y no otros; en Gauda, también los brahmanes,
los amigos, los subordinados, los criados y
los esclavos. En la región del Indo se unen con los guardias
de la entrada y con los artesanos, a los que
no se les impide entrar en las habitaciones, y con otros así.
En las regiones de Himavat los hombres
temerarios corrompen a la guardia con dinero y entran en grupo.
En Vanga, en Anga y en Kalinga los
brahmanes de la ciudad, al estar encargados de llevarles flores
como regalo, van a visitar a las mujeres
del harem, y el soberano lo sabe. Mantienen la conversación
tras una cortina; y en esas circunstancias
hacen el amor. En las regiones del Este cada grupo de nueve o diez
mujeres mantiene a un joven escondido.
De esta forma se puede seducir a las esposas de otro, y es el comportamiento
de las mujeres del
harem.
COMO CUSTODIAR A LAS ESPOSAS
El hombre custodie a sus esposas manteniéndolas alejadas
de estas ocasiones. Los maestros aconsejan
para el harem guardias vacunados contra la tentación amorosa.
Gonikaputra objeta que éstos, por
miedo o por dinero, podrían dejar entrar a otro hombre; por
eso deben estar vacunados contra la
tentación amorosa, contra las amenazas y contra la corrupción.
Virtud es ausencia de engaño, pero se
puede renunciar a ella por miedo; para Vatsyayana, deben ser de
probada virtud y vacunados contra el
miedo.
Para conocer su honestidad o deshonestidad se puede examinar a las
esposas, recurriendo a mujeres
que les cuenten cosas de otros, sin revelar sus intenciones; es
lo que dicen los discípulos de Babhravya.
Para Vatsyayana, como entre los jóvenes los enredos tienen
éxito, no hay que tentar sin motivo a un
inocente. Las causas de corrupción entre mujeres son: reunirse
demasiado a menudo, falta de barreras,
egoísmo del marido, excesiva libertad en el comportamiento
con los hombres, quedarse solas porque el
marido está de viaje, residir en un país extranjero,
tener problemas de subsistencia, visitar a mujeres sin
escrúpulos y los celos del marido.
Nadie que examine, como consta en este libro, los medios expuestos
en la sección de las esposas de
otro, o sea experto en el tratado, tendrá que enfrentarse
con que las mujeres le engañan.
Como estas prácticas sólo valen en ciertos casos,
se pueden percibir claramente los riesgos y van
contra la Ley Sagrada y lo Útil, uno no debería mirar
a las esposas de otro.
Esto se convierte en una ventaja para los hombres, si se hace para
vigilar a sus esposas; estas normas
no son para conocerlas mejor, sino para perjudicar a la gente.
La armada se prepara para la guerra, Templo
de Lakshmana
Pareja asistida por dos muejres, Templo
de Kandariya Mahadeva
Notas Las mujeres de otros
1. En I,5 y ss.
2. Cfr., nota II, 4.
3. Por el comentario, se trata de una casta particular, en la que
las mujeres generalmente ejercen la
prostitución.
4. Para Ahalya y Sakuntala véanse respectivamente las notas
I, 17y III, 3. Avimaraka es el héroe
epónimo de una obra teatral de Bhasa, que cuenta sus amores
apasionados con la princesa Kurangi.
5. Si, como dice Vatsyayana, la castidad de los recién casados
debe prorrogarse durante diez días
(cfr.II, 2), se trata de un ius primae noctis.
6 Los seis vicios del hombre: deseo (desmedido), ira, avaricia,
orgullo, intoxicación, lujuria.
7. Cfr., nota I, 12.
LA PROSTITUCION
EXAMEN DE LOS AMIGOS, DE LOS HOMBRES CON LOS QUE HAY
QUE TRATAR O NO, Y DE LAS RAZONES PARA ESTABLECER UNA
RELACION
En su relación con un hombre las prostitutas encuentran el
placer y, naturalmente, los medios de subsistencia.
Si su motivación es el placer, se comportan espontáneamente;
por el contrario, cuando buscan
dinero, mantienen un comportamiento artificial. Pero incluso en
este caso una prostituta debe intentar
hacer que parezca espontáneo; pues efectivamente los hombres
confían en las mujeres dedicadas al
amor. Para mostrar su falta de artificio no debe ser avariciosa,
ni pretender conseguir dinero con medios
ilícitos para asegurar su futuro. Siempre elegante, se detendrá
mirando por la calle mayor, de tal
forma que la vean, pero sin destaparse demasiado, ya que tiene la
naturaleza de mercancía.
Entable amistad con cuantos le puedan servir para conquistar a un
amante, alejarlo de otras, poner
remedio a sus desgracias y ganar dinero, y para que los posibles
clientes no la desprecien. Estas personas
son: guardias, magistrados, astrólogos, individuos valientes,
héroes, hombres de cultura similar,
maestros en las artes, pithamarda; vita, vidusaka, fabricantes de
guirnaldas, perfumeros, vendedores de
licores, lavanderos, barberos, religiosos mendicantes y otros parecidos,
según el fin buscado.
Hombres con los que sólo hay que verse por las ganancias:
el independiente, el joven, el rico, el que no
necesita que le mantengan otros; un funcionario, uno que ha conseguido
una renta sin esfuerzo, está
movido por rencillas o dispone de ingresos continuos; el que se
considera afortunado en amor, el
fanfarrón y el impotente que aspira al título de hombre;
el que rivaliza con los de su nivel, el generoso
por naturaleza, el que tiene influencia en palacio o un ministro;
uno que se entrega al destino, es indiferente
a su dinero, trasgrede la autoridad de sus padres, resulta muy importante
para los familiares o es
hijo único rico; el que pertenece a una orden religiosa,
ama en secreto, es un héroe o un médico.
Sin embargo, hay que frecuentar por sus buenas cualidades a todos
los que pueden dispensar amor y
reputación. Así suelen ser estos amantes: de familia
noble, erudito, experto en todos los saberes, poeta,
maestro en la narración y elocuente; decidido, conoce las
distintas artes aplicadas, respeta a los ancianos,
tiene altos ideales, gran determinación y una inquebrantable
fidelidad. No siente envidia, es generoso,
fiel a los amigos, le gusta asistir a las asambleas, a las tertulias,
a los espectáculos, a las reuniones y
juegos de sociedad. Es sano, no está mutilado, se muestra
fuerte, no bebe; es muy viril y educado,
acompaña y piropea a las mujeres, pero no se siente sometido
por ellas. Tiene una vida independiente,
no es zafio, ni celoso, ni inseguro.
Veamos ahora las cualidades de una enamorada: guapa, joven, signos
de buen augurio y se muestra
extremadamente dulce; le gustan los valores y no el dinero; desea
los placeres del amor, tiene un ánimo
estable, no cambia de actitud; busca la distinción, vive
siempre sin avaricia, le gustan las tertulias y las
artes.
Los valores generales son: inteligencia, buen carácter y
educación; honestidad, gratitud, previsión,
provisión y fidelidad a la palabra dada; saber distinguir
el momento y el lugar oportunos, vivir como
persona elegante; evitar la depresión, reír continuamente,
la perversidad, la calumnia, la ira, la avidez, la
arrogancia y la volubilidad; corrección en la conversación
y, por último, ser expertos en el Tratado del
Amor y en sus ciencias adicionales. Si se da la espalda a estas
buenas cualidades, se queda uno con sus
defectos.
Hombres a los que no hay que ver: al tísico, al enfermo,
al afectado de lombrices o con mal aliento; al
que ama a su mujer, es vulgar hablando, es avaro, despiadado, o
ha sido abandonado por los padres;
al ladrón, al hipócrita, al que practica magia con
raíces; al indiferente al honor o al deshonor, a se deja
corromper con el dinero incluso de sus enemigos y, por último,
al hombre demasiado púdico.
Según los maestros, las razones para tener una relación
son: pasión, miedo, ganancia, rivalidad, venganza,
curiosidad, una decisión, aflicción, escrúpulo
moral, fama, compasión, el consejo de un amigo;
vergüenza, parecerse al amado, riqueza, apaciguamiento del
deseo, paridad social, vecindad, visitarse
continuamente y esperanza en un futuro. Para Vatsyuyana, los motivos
son simplemente las ganancias,
salvaguardar los perjuicios y el amor. Por amor, sin embargo, no
se deben perjudicar las ganancias,
pues esto último es el principal motivo. En caso de temor
y de situaciones parecidas se analice la
importancia relativa. Hemos expuesto el examen de los amigos, de
los hombres con los que hay que
verse o no y de las razones para establecer una relación.
COMO ATRAER A L POSIBLE CLIENTE
Incluso si le invita un posible cliente, una prostituta no debe
aceptarlo rápidamente, pues los hombres
desprecian a las mujeres fáciles de conseguir. Para conocer
el motivo envíe, vestidos de criados, a
mensajeros, cantantes y bufones, o a otros a las dependencias del
hombre; y, si no hay nadie, al
pithamarda y a los de su entorno. Por ellos conocerá la integridad
o no del candidato, si siente deseo o
rechazo, si es apasionado o indiferente, si generoso o avaro. Si
encuentra lo que va buscando, entable
amistad con él mandando por delante al vita.
Luego, con la disculpa de una pelea de perdices, gallos o carneros,
o de enseñar a hablar a papagayos
o estorninos, o de un espectáculo o de una manifestación
artística, el pithamarda le lleva a casa de la
prostituta o a ella a casa de él. Una vez allí, la
mujer le ofrezca como regalo de amor un objeto que
suscite simpatía y curiosidad diciendo: "¡Personalmente
para ti!" Lo alegre con su conversación y con
actos galantes que le satisfagan. Tras despedirse, le envíe
un regalo por una criada que sepa contar
chistes; o le haga una visita acompañada del pithamarda,
fingiendo un pretexto. Es la forma de atraer al
posible cliente.
Valgan unas estrofas sobre el particular:
A quien visita, ofrezca con amor betel, guirnaldas y ungüentos
refinados y tenga conversaciones sobre
las artes.
Cuando hay afecto, le regale objetos, y los intercambie con él;
y muestre deseo de hacer el amor por
propia iniciativa.
Con regalos afectuosos, propuestas o simples actos de cortesía,
una vez ligada al amante, procure,
después, hacerlo feliz.
COMO SE COMPLACE A UN AMANTE
Una vez unida al amante, para hacerlo feliz, la prostituta viva
como si ella fuese su única esposa. En
resumen, haga lo necesario para que el hombre se encariñe
con ella, pero sin que ella llegue a encariñarse
de él, comportándose, sin embargo, como si lo amase.
Debe aparecer sometida a su madre, que será cruel y avara
del dinero, o, a falta de ésta, a una madrastra.
Ésta se muestre poco satisfecha con el cliente y se lleve
a la hija por la fuerza. En estas circunstancias,
la prostituta siempre aparente descontento, disgusto, vergüenza
y miedo, pero no desobedezca
las órdenes maternas. Le hable de una enfermedad, en realidad
ficticia, siempre la misma, que aparece
sin motivo, no causa rechazo ni es visible ni continuada; aduciéndola
como pretexto, cuando tenga
motivos, para evitar tener que ir a visitar al amante. A pesar de
todo, mande a una criada que vaya a
recoger las flores que han sobrado de una ceremonia y betel [afirmando
que quiere llevarle consuelo].
Durante el amor se muestre maravillada por sus exquisiteces; aprenda
las sesenta y cuatro artes eróticas
y ponga en práctica con regularidad las que éste le
ha enseñado. Cuando estén solos, se comporte
adecuándose a las costumbres del amante; exprese sus deseos,
y esconda eventuales defectos en las
partes secretas del cuerpo. En la cama, cuando el hombre se aleja
de ella, no se muestre indiferente,
sea condescendiente, si le acaricia las partes íntimas, lo
bese y lo abrace mientras duerme.
Lo mire cuando tiene la mente puesta en otro sitio, o mientras pasa
por la calle mayor, desde la terraza
que hay encima de su casa; si él se da cuenta, muestre su
desconcierto y con esto su sinceridad. Odie a
sus enemigos, sea amiga de los que él quiere, sienta placer
con lo que a él le gusta; comparta su alegría
y su dolor, quiera saber cosas de sus mujeres y no mantenga un enfado
por mucho tiempo. Si él tiene
señales de arañazos y mordiscos, aunque se los haya
hecho ella, sospeche de otra.
No hable de su amor, sino que lo manifieste con sus actitudes; sin
embargo, puede insinuársele borracha,
amodorrada o enferma, y se exprese con claridad incluso cuando el
hombre tenga un comportamiento
digno de elogio. Mientras habla, preste atención al significado
de sus afirmaciones; después de
escucharlo, lo alabe, intervenga en la conversación y conteste
a lo que le ha dicho; esto, si el amante es
fiel.
Se interese por sus conversaciones, a excepción de las que
se refieren a las esposas rivales. Cuando él
suspira, bosteza, se atranca [en una palabra] o se cae, le desee
buen augurio; dígale "¡Salud!", si estornuda,
imita o se siente eufórico. Si está de mal humor,
lo justifique con el pretexto de un dolor o ganas
de quedarse embarazada. No alabe a otro hombre por sus cualidades,
ni critique a quien tiene los
mismos defectos que él, conserve lo que le regala. Si le
ofende por ligereza, o si tiene un contratiempo,
se quite todas las joyas y ayune. Se lamente de lo que le ha sucedido;
diga que está dispuesta a abandonar el país con él,
y le proponga que le rescate del soberano(1). Cuando lo tenga cerca,
lo llame fuerza de su vida; si él gana dinero, realiza sus
deseos o recobra la salud, lleve una ofrenda -que había prometido
con anterioridad- a su divinidad protectora.
Sea elegante y moderada en la comida; si canta, pronuncie entre
las palabras el nombre y apellido del amante. Cansada, le coja la
mano, la apoye en el pecho y en la frente y, satisfecha de esta
alegría, se adormezca; siéntese y duerma en sus rodillas.
Si se aleja de ella, sígalo.
Tiene que desear un hijo de él y expresar el deseo de morir
antes que su amado. No hable, en secreto, de algo que le afecta
sin que él se entere. Le impida realizar promesas o ayunos,
afirmando que ella asume la culpa; en caso de que no consiga detenerlo,
siga su ejemplo. Si surge una discusión, describa el asunto
como insoluble incluso para él.
No establezca diferencias entre lo que pertenece al amante o a ella.
Procure no frecuentar ni tertulias ni otras situaciones mundanas
sin él; se contente con guardar las flores que han sobrado
tras una ofrenda a los dioses y coma las sobras. Debe honrar a la
familia de él, el carácter, la habilidad, la casta,
la cultura, el aspecto, las propiedades, el país, los amigos,
las cualidades, la edad y la cortesía. Si es valiente, le
invite a que cante, y cosas parecidas. Vaya a visitarle sin preocuparse
de temores, de frío, de calor y de lluvia. Si se muere, exclame
en los funerales: "¡Ojalá me toque [en una vida
futura] de nuevo a mí!" Se adecúe a sus deseos
y gustos, a sus inclinaciones y a sus comportamientos amorosos.
Sospeche de la magia con raíces [que él habría
utilizado para someterla]. Cuando él pretenda hacerle una
visita, finja estar continuamente riñendo con su madre, y,
si ésta quisiera llevarle a otro sitio a la fuerza, pida
que le den el veneno, ayunar hasta la muerte, un puñal o
una cuerda. Persuada al amante [de su inocencia] con emisarios,
o critique sin reparos su vida. Sin embargo, no discuta nunca por
dinero, y no emprenda ninguna acción sin consultar con su
madre.
Si parte hacia tierras lejanas, le haga jurar que volverá
pronto; en su ausencia, se abstenga de la limpieza
personal y de pintarse, pero procure ponerse un amuleto, o una sola
pulsera de concha [porque es de buen augurio]. Lamente los sucesos
acaecidos, vaya ver a las adivinas y escuche las predicciones; envidie
a las constelaciones, a la luna, al sol y a los astros [porque el
amado las puede ver y no a ella].
Si tiene un sueño feliz, desee que preanuncie su llegada;
si sueña algo malo, se muestre perturbada, y haga una ceremonia
para neutralizarlo. Cuando el amante vuelva, dé gracias al
dios Amor, realice ofrendas a los dioses, haga que las amigas distribuyan
los regalos con los que se celebran los acontecimientos felices
y se lo agradezca a los cuervos [que le han trasmitido los presagios].
Cuando ya no se trata de la primera vez que ha hecho el amor con
él, repita todo, olvidándose sólo del agradecimiento
a los cuervos.
Si el amante se ha encariñado con ella, prometa seguirlo
hasta la muerte. Un amante así tiene estas características:
da libre desahogo al sentimiento, no cambia de comportamiento, hace
lo que la mujer desea, no tiene dudas y es desinteresado en cuestiones
de dinero.
Todo esto ha quedado expuesto, a título de ejemplo, siguiendo
las prescripciones de Dattaka. Lo que no ha sido explicado, la prostituta
lo aprende de la gente y de la naturaleza de los hombres.
Valgan estas dos estrofas sobre el particular:
Por su sutileza y por su gran codicia y porque no se consigue juzgarlas
con naturalidad, es difícil distinguir los signos de amor
entre las mujeres, incluso para quien se dedica a esto.
Aman, se vuelven indiferentes, encantan y abandonan, llevándose
a veces todas las riquezas; jamás se consigue conocer a las
mujeres.
METODOS PARA SACAR DINERO
Se puede sacar dinero a un amante apasionado naturalmente o con
estratagemas. Sobre el particular algunos sostienen que, si se consigue
espontáneamente lo que se necesita e incluso más,
una prostituta no debería recurrir a otros medios. Para Vatsyayana,
el amante dará incluso el doble de lo pactado, si se recurre
a estratagemas.
Escoja entre las mercaderías, según el momento y a
cambio de dinero, joyas, alimentos, bebidas, collares de flores,
vestidos, perfumes y cosas parecidas, ante el amante, al que elogiará
por su riqueza.
Puede utilizar la disculpa de que tiene que sufragar votos, cuidar
jardines, templos, lagos, parques, fiestas o hacer regalos; o lamentar
que le han robado sus joyas unos guardias o unos ladrones, cuando
iba a visitarle; o incluso que ha perdido lo que tenía, porque
se declaró un incendio, porque reventó una pared [los
ladrones] o por una desgracia en su casa, y lo mismo se le puede
ocurrir con las joyas prestadas o de propiedad del amante. Haga
públicos, sirviéndose de los invitados, los gastos
que tienen que afrontar para ir a visitarle; contraiga deudas por
su culpa, y discuta con su madre por escaparse para ir a su encuentro.
No vaya a las fiestas de los amigos porque no tiene nada que regalarles;
antes,
incluso, muestre al amante, y se lo recuerde, los regalos de valor
que le hicieron éstos. Debe renunciar a algo a lo que estaba
acostumbrada.
Puede, además, aducir como justificación un trabajo
de un artesano en beneficio del amante; hacer un favor, por algún
motivo, a un médico o a un ministro, y una ayuda a amigos,
muy serviciales, en dificultad; o trabajos en casa, ritos que cumplir
por el hijo de una mujer a la que quiere mucho, ganas de un embarazo,
una enfermedad o el deseo de aliviar la pena de un amigo. Venda,
invocando el bien del amante, parte de sus chucherías; o
le muestre a un mercader, con el fin de empeñarlas, sus joyas
o los objetos preferidos de su casa [para que crea que está
ahogándose]. Si hay intercambio de muebles parecidos con
otras cortesanas, pretenda tener alguno que la distinga.
No olvide, sino pregone, las atenciones recibidas en el pasado;
le haga llegar lo mucho que ganan otras cortesanas, pero a éstas,
en su presencia, les describa sus ingresos extraordinarios, reales
o no, casi avergonzándose. Rechace ostentosamente a los clientes
de antaño que intentan acercarse a ella, con la promesa de
ingresos espectaculares, y recalque el comportamiento generoso de
sus rivales. Por fin, haga que le suplique un niño, que le
asegure que ya no volverán a acercarse jamás [otros
amantes]. Son los distintos métodos para sacar dinero.
COMO RECONOCER AL HOMBRE
DESENAMORADO
Una prostituta debe saber reconocer al amante desenamorado por su
cambio de humor y por la expresión de su cara. Un hombre
así es muy poco generoso; establece lazos con personas hostiles;
dice que va a hacer una cosa y se dedica a otra; interrumpe sus
costumbres; se olvida de lo prometido o lo cumple de otra forma.
Habla con sus compinches por señas; duerme en otro lugar,
buscando como pretexto un compromiso con un amigo; y, además,
se dirige a hurtadillas a la servidumbre de la mujer con la que
antes mantenía relaciones.
Antes de que él se dé cuenta, la prostituta tiene
que apropiarse, pretextando otro motivo, de sus objetos de valor,
que luego un falso acreedor le quita por la fuerza. Si el amante
se opone, éste lo lleve ante el juez. De esta forma se reconoce
al hombre desenamorado.
COMO DESCARTAR A UN AMANTE
Al amante fiel, que en tiempos pasados fue de provecho, si ahora
ofrece pocos beneficios, la prostituta lo mantenga con ella, pero
lo engañe. Sin embargo, si él ya no tiene nada, se
lo quite con apaños, sin miramientos, recurriendo a la ayuda
de otro hombre.
Se interese por lo que no le gusta a insista en lo que no está
de acuerdo; apriete los labios, restregue los pies, hable de temas
que le resulten raros y muestre desinterés y desprecio por
los que él conoce.
Mortifique su orgullo, establezca relaciones con hombres superiores
a él, lo ignore, reproche a quien tiene los mismos defectos
que él y, por fin, se entretenga en lugares apartados.
Si se le acerca con premura para hacer el amor, esté nerviosa;
le niegue la boca, se tape el vientre, muestre repugnancia a arañazos
y mordiscos. Si intenta abrazarle, se lo impida interponiendo los
brazos en forma de aguja; se quede rígida, cruce los muslos
y muestre ganas de dormir. Si lo ve cansado, lo provoque; si no
consigue hacer el amor, se ría; en caso contrario, no tenga
ganas [ni de noche ni de día]; cuando se dé cuenta
de sus ganas, salga a visitar a personas importantes.
Si hablan, tergiverse sus palabras; se ría, si no es un chiste,
y, si cuenta algo gracioso, finja que le divierte otra cosa. Mientras
habla él, mire con el rabillo del ojo a la servidumbre y
dé unos golpecitos; lo interrumpa y hable de otra cosa. Describa
en público los errores y vicios de los que no consigue liberarse,
y haga que una criada aluda a sus puntos débiles. Cuando
viene, no salga a recibirle, le pregunte lo que no debe, y al final
ella misma lo despida. Son normas, según Dattaka, para tratar
a los amantes.
Dos estrofas sobre el particular:
Prostitución es unirse a los clientes tras atenta valoración,
dar placer al hombre con el que se tienen relaciones, sacarle dinero
mientras está entusiasmado y al final liberarse de él.
La prostituta que, al acoger a sus clientes, se comporta según
esta norma jamás se deja engañar por ellos y acumula
muchas riquezas.
RECONCILIACION CON UN AMANTE
YA DISFRUTADO
Cuando una prostituta deja a un amante un instante después
de haberle exprimido todo lo que tenía, puede restablecer
una relación con un hombre que ya había disfrutado.
Lo puede hacer si es rico, y ha vuelto a ganar mucho dinero, si
le sigue atrayendo. En caso de que se dirija a otra, hay que pensárselo.
Este hombre puede ser, basándose en los hechos, de seis tipos:
la ha abandonado espontáneamente, y también porque
le dio la gana ha dejado a la otra; se ha tenido que alejar de las
dos porque ambas le han rechazado; rompió la relación
con ella porque le dio la gana, mientras que la otra le ha puesto
a la puerta de la calle. O la abandonó porque le dio la gana
y todavía está con la otra; le dejó a ella
porque le echó, y a la otra porque le dio la gana; por fin,
rechazado por ella, se encuentra aún con la otra
mujer.
Si un hombre que ha abandonado porque le ha dado la gana tanto a
ella como a la otra le vuelve a proponer ser amante, la prostituta
no debe reconciliarse con él; no le interesan las cualidades
de ninguna de las dos y es una persona voluble.
Quien ha dejado a las dos porque le han puesto a la puerta de la
calle es un hombre constante. En caso de que éste, aunque
sea rico, haya sido rechazado por una prostituta que ganaba mucho
por otra fuente, cabe la posibilidad de reiniciar una nueva relación;
pues se puede pensar que, enfadado con aquélla, será
muy generoso con ésta por indignación. No vale la
pena, sin embargo, si le ha abandonado por pobre o por avaro.
Al hombre que se fue de su lado porque le dio la gana, mientras
que la otra lo ha echado, se le puede acoger si desde el principio
se muestra dispuesto a ser generoso.
En caso de que se proponga como amante un hombre que se alejó
de ella porque le dio la gana y aún está con la otra,
hay que someterlo a un examen. Es posible que se haya acercado a
otra mujer buscando algo especial y, al no encontrarlo en aquélla,
quiera volver de nuevo a sondearla; una vez a su lado, se mostrará
generoso, pues es un hombre apasionado. O también podría
ser que haya conocido los defectos de aquella mujer y ahora, en
la amante anterior, encuentra las mejores cualidades; este hombre,
que reconoce las ventajas, será extremadamente pródigo.
Pero, si la prostituta se da cuenta de que el pretendiente se parece
a un niño, cuya mirada se posa en todas partes, o que le
gusta mentir, o que sus pasiones duran tan poco como el azafrán,
o que es un individuo capaz de todo, puede restablecer los lazos
con él o dejarlo.
Al hombre que ella echó y que ha dejado a la otra porque
le dio la gana, en caso de que se proponga como amante, hay que
someterlo a examen. Podría ser que quiera volver de nuevo
por amor, y entonces sería muy generoso; le han cautivado
sus cualidades, mientras con la otra no sentía placer alguno.
También existe la posibilidad de que, al haber sido puesto
a la puerta de la calle sin razón, ahora vuelva con deseo
de venganza; o que, después de que coja confianza, quiera
llevarse el dinero del que ella se apropió mientras él
la cortejaba; o incluso que se proponga pagarle con la misma moneda,
a incube la intención de abandonarla después de haberla
separado de su actual amante. Con un hombre así, que piensa
cómo puede perjudicarla, no debe reiniciar la relación.
Si, más tarde, él piensa de otra forma, hay que descubrirlo
con el tiempo. Y vale exactamente igual para el hombre que ella
echó y sigue con la rival, aunque le haga propuestas.
A hombres así, que se ofrecen como amantes cuando la prostituta
está unida a otro, se les puede sacar ventajas. Se puede
pensar: lo ha echado para tener campo libre, el amante se ha dirigido
a otra parte y ahora tiene que poner todo el empeño en reconquistarlo;
o hablará sólo con él, y la otra le plantará;
o incluso infligirá un golpe bajo al orgullo de su amante
actual. Otros motivos: le ha llegado la hora de ganar dinero, ha
mejorado su lugar de residencia, ha obtenido un cargo importante,
se ha alejado de la mujer, ha conseguido liberarse de los vínculos
de dependencia, o, por fin, se ha alejado del padre o del hermano.
La prostituta puede pensar, por el contrario, que, haciendo las
paces con él, tiene la posibilidad de conquistar a un amante
rico, a quien ha mantenido alejado de ella el hombre con el que
vive ahora. O puede considerar que, si la mujer lo trató
mal, conseguirá alejarlo de ella; o incluso, sabiendo que
un amigo de este hombre ama a una rival de ella, que la odia, estima
que conseguirá alejar, a través de él, al amigo
de aquélla; o finalmente puede suponer, ya que es un inconstante,
que le hará comportarse como un calavera.
A un hombre así tanto el pithamarda como todos sus compañeros
le contarán que, la vez anterior, fue la maldad de la madre
de la prostituta la que acabó echándole, pues ella,
aunque lo quisiera, no podía hacer nada; y le explicarán
que ella ahora acompaña a su amante actual sin pasión
alguna, más bien odiándolo. Le convencerán
recordándole los antiguos gestos de afecto de la mujer, llenos
de recuerdos cada uno de ellos aparecerá unido a una atención
de él. Es la reconciliación con un amante ya disfrutado.
Algunos maestros sostienen que, entre un amante nuevo y uno frecuentado
con anterioridad, este último es mejor, porque ya se conoce
su carácter, ya se ha probado su pasión y resulta
fácil de complacer.
Vatsyayana considera, sin embargo, que un amante ya frecuentado,
dado que sus bienes han sido totalmente exprimidos, no ofrece demasiado
dinero, y es difícil conquistar su confianza, mientras que
el amante nuevo se enamora con facilidad. A pesar de todo, siempre
hay excepciones, según la naturaleza de los hombres.
Unas estrofas sobre el particular:
Se desea la reconciliación, para alejar a la rival del cliente,
o a este último de ella o para dar un golpe bajo al amante
actual.
Cuando el hombre es bastante apasionado, teme que ells se una con
otro, cierra los ojos ante las ofensas
y por miedo es muy generoso.
Dé placer a quien no es fiel, y maltrate al amante apasionado;
cuando viene el mensajero de otro persona muy importante, aunque
la mujer con el tiempo acabará dedicándose al primero
que se ofreció, no interrumpiendo la reconciliación,
pero sin abandonar al amante que le es fiel.
Mantenga relaciones con quien es apasionado y dulce, aunque atienda
también al otro; una vez que le haya sacado dinero, complazca
al hombre que la ama.
La mujer experta se reconcilie con un acompañante ya disfrutado,
examinando muy bien perspectivas, beneficios, gran amor y amistad.
DISTINTOS TIPOS DE GANANCIAS
Si una prostituta tiene numerosos clientes y gana mucho diariamente,
no puede limitarse a entretener a un solo amante; establezca el
precio por noche, teniendo en cuenta el lugar, tiempo y condiciones,
sus cualidades y su éxito, calculando también su valor
relacionándolo con las demás. En sus relaciones con
el cliente se valga de mensajeros y de personas cercanas a él,
y los envíe ella misma. Puede visitar al mismo hombre dos,
tres, cuatro veces para obtener unos ingresos extraordinarios; y
haga todo lo que sea necesario para complacerle.
Para algunos maestros, cuando se presentan a la vez varios clientes
y las ganancias son parecidas, hay que orientarse preferentemente
hacia el que le ofrece los bienes que ella desea. Sin embargo, Vatsyayana
opina que debe preferir al hombre que le entrega dinero en oro,
ya que no se puede devolver y es fuente de cualquier otra cosa.
Entre oro, plata, utensilios de cobre, bronce y hierro, ropa de
cama, colchas, vestidos, perfumes, especias, vajilla, flor de manteca,
aceite, cereales y animales hay que preferir siempre lo que precede.
En caso de que los objetos ofrecidos se parezcan, porque son más
o menos iguales, se llevará la palma, tras tener en cuenta
los consejos de un amigo, la precariedad del regalo, las perspectivas
de futuro, las cualidades del cliente y el afecto.
Según el parecer de algunos maestros, entre un hombre enamorado
y otro generoso evidentemente hay que dar preferencia al segundo.
En realidad, es posible suscitar tendencia a regalar en un hombre
enamorado, ya que incluso un avaro cede cuando se apasiona; pero
no se ha dicho que, si se persevera, el generoso no se inflame de
amor; es la opinión de Vatsyayana.
Más aún, entre el rico y el pobre se prefiere al rico;
entre el amante generoso y el que cumple lo que le interesa a la
mujer, está muy claro que hay que escoger a este último;
es lo que opinan algunos maestros.
Para Vatsyayana, el que cumple lo que le interesa a la prostituta,
una vez que lo ha hecho, se considera satisfecho; el hombre generoso,
por el contrario, no se fija en el pasado. En este caso la preferencia
se basa en las perspectivas de futuro.
Siguiendo la opinión de algunos maestros, entre un hombre
agradecido y otro generoso evidentemente hay que privilegiar al
segundo. El generoso, sin embargo, aunque haya sido durante mucho
tiempo el preferido, si descubre una simple ofensa o que otra cortesana
se le muestra hostil por equivocación, no tiene en cuenta
los anteriores servicios de esa mujer; pues los hombres generosos
son, por regla general, muy dignos, honestos y demasiado atentos.
El individuo agradecido, por el contrario, que tiene en cuenta los
servicios que se le han prestado, no se desenamora de un plumazo,
y, dado que se ha sometido su carácter a una prueba, no le
importa que alguien se muestra hostil sin motivo; es la opinión
de Vatsyayana. También en este caso, la preferencia debe
establecerse basándose en las perspectivas
futuras.
Para algunos maestros, entre la palabra de un amigo y la ganancia
en dinero, es obvio que se escoja lo último. Vatsyayana considera,
en cambio, que la ganancia siempre está a su alcance, mientras
que un amigo se puede enfadar, cuando no se respeta su palabra.
En este caso hay que inclinar la balanza basándose en lo
que parece más precario. Y en esas circunstancias la mujer
puede acallar a su amigo mostrándole los motivos y asegurándole
que lo que él desea puede tener lugar al día siguiente,
y así conseguir un dinero que en caso contrario se le escaparía.
Entre ganar a impedir perder hay que preferir, con toda claridad,
lo primero, afirman algunos maestros.
Pero las ganancias tienen proporciones limitadas, mientras que las
pérdidas, una vez puestas en movimiento, no se sabe a dónde
van a acabar; es la opinión de Vatsyayana. En un caso de
este tipo la decisión depende de la importancia relativa.
Basándose en el mismo principio, en relación con una
ganancia dudosa es preferible evitar un perjuicio.
Los ganancias extraordinarias de las cortesanas de rango superior
sirven para levantar templos y cuidar lagos y jardines, construir
presas y capillas para el Fuego sagrado, regalar un buen número
de vacas a los brahmanes a través de dignos intermediarios
y promover ceremonias y ofrendas a los dioses, o para conseguir
el dinero que se necesita para estos gastos.
Las prostitutas [más distinguidas] que viven de su belleza
destinen lo que excede de sus ganancias para cubrirse de joyas,
construirse una casa suntuosa y amueblarla espléndidamente
con muebles de gran valor y con servidumbre.
Los ingresos extraordinarios de las [mejores entre las llamadas]
"aguadoras" deben servir para llevar siempre vestidos
blancos, saciarse de comida y bebida, que no les falten nunca perfumes
y betel, y para conseguir adornos dorados.
Basándonos en algunos maestros, es posible conocer cómo
hay que emplear los ingresos excesivos de todas, incluidos los de
las prostitutas de categoría media o baja. Para Vatsyayana,
ésta no puede ser una regla, ya que las ganancias son inciertas
según el lugar, tiempo, riquezas, capacidades, pasión
y usos de la gente.
La prostituta puede aceptar una pequeña compensación
si desea mantener alejado al cliente de otra, o quiere robarle un
amante fiel, o incluso si pretende privar de las ganancias a su
rival. O, cuando considera que, estableciendo una relación
con aquel cliente, conseguirá una buena posición,
mayor bienestar, perspectivas de futuro y muchas visitas; en caso
de que quiera inducirlo a que le ayude a impedir una pérdida,
o si piensa ultrajar a otro hombre, apasionado, aparentando una
cortesía que tuvo con ella como si nunca lo hubiera hecho;
o simplemente por deseo de amor, con buena disposición de
ánimo.
No debe aceptar una compensación modesta, cuando se dirige
a un hombre para asegurar una oportunidad
o evitar un perjuicio.
Busque una ganancia inmediata del cliente, si proyecta abandonarlo
y reconciliarse con otro; si considera que está a punto de
dejarla, o de volver con su mujer; o si lo retiene en vísperas
de superar un momento difícil. Incluso, cuando piensa que
va a llegar el superior que lo dirige, o sea, el amo o el padre;
o si considera que está a un paso de perder su posición,
o es un inconstante.
Si existen estas perspectivas futuras: el hombre recibirá
un favor prometido por el soberano, o conseguirá un cargo
o un buen puesto; está muy cerca de conseguir recursos estables,
pronto llegará su barco [cargado de mercancías], va
a recoger su cosecha; lo que se hace por él no cae en saco
roto, o mantiene siempre las promesas; en estos casos, la prostituta
ponga la mirada en él y le haga de mujer.
Unas estrofas sobre el particular:
Mantenga bien alejados tanto para el futuro como en el presente
a los que se han enriquecido con esfuerzo y a los crueles, en cuanto
queridos por el rey.
Si evitando a unos hombres tiene perjuicios y bienestar en caso
de que los frecuente, se dirija a ellos, aunque le cueste esfuerzos,
y visítelos con algún pretexto.
A los hombres que de buena gana dan riquezas inmensas por el mínimo
servicio, son generosos y muy ardientes les visite incluso corriendo
con los gastos.
GANANCIAS Y PÉRDIDAS:
EXAMEN DE LAS CONSECUENCIAS Y DE LAS DUDAS, Y LAS DISTINTAS CATEGORIAS
DE PROSTITUTAS
Las ganancias perseguidas llevan consigo también pérdidas,
consecuencias y dudas. Éstas pueden
nacer de una inteligencia débil, de una presencia excesiva
de pasión, de la doblez, de la honestidad, de
la confianza o de la ira, por negligencia, por ligereza o por el
destino. El resultado es la inutilidad de las gastos realizados,
la falta de perspectivas, la evaporación de unas ganancias
esperadas, la pérdida de cuanto se ha conseguido; la mujer
se vuelve grosera, accesible a todos, contrae enfermedades, y, por
último, la pueden rapar el pelo, apresarla y mutilarla [porque
termina siendo culpable de algún delito].
Por este motivo ella debe hacer un esfuerzo por evitar desde el
principio estos defectos y procurar situaciones que esencialmente
prometen ganancias.
Los tres factores de las ganancias son: lo Útil, la Ley Sagrada
y el Amor, mientras que los tres factores de las pérdidas
son: el perjuicio, la inmoralidad y la aversión. Si, mientras
se ponen en práctica éstos, se consigue algún
otro, se trata de una "consecuencia". Cuando no estamos
seguros de alcanzar un determinado
objetivo, o sea no estamos seguros de que algo se realice, tenemos
la "duda pura". Si puede suceder algo o todo lo contrario,
se tiene la "duda mixta". Cuando se persigue un fin y
se consiguen dos, se tiene un "doble resultado"; en caso
de que se consigan resultados por varios caminos, se tendrá
un "resultado colectivo". Intentaremos ilustrar todo esto.
La naturaleza de los tres factores de las ganancias ha sido ya discutida(2);
lo contrario son los tres factores de las pérdidas.
Cuando una prostituta, que visita a un hombre de excelentes cualidades,
consigue un beneficio económico claro, una buena aceptación
general, perspectivas, visitas y solicitudes por parte de otros,
esto es algo útil que tiene como consecuencia lo Útil.
Visitar a otro hombre, del que se consigue sólo dinero, es
algo Útil, pero sin consecuencias.
Cuando se acepta dinero de otro, se rompen las perspectivas de un
amante fiel, se experimentan pérdidas financieras o le visita
alguien al que todos aborrecen, ínfimo, algo que destruye
cualquier posibilidad de futuro, estamos ante algo Útil que
tiene como consecuencia un perjuicio.
Frecuentar, cargando con los gastos, a un héroe o a un ministro
poderoso y tacaño, incluso cuando no hay compensación
alguna, para luchar contra una adversidad, hacer desaparecer las
causas de un grave
desastre económico y generar perspectivas futuras, es un
perjuicio que tiene como consecuencia o Útil.
Cuando se seduce, cargando con los gastos, a un avaro, a un hombre
que se cree irresistible, a un ingrato o a un mentiroso, y al final
no se consigue nada, es un perjuicio sin consecuencias. Cuando de
la misma forma se pretende seducir a un hombre, que es el favorito
de un soberano muy cruel a influyente, y al final no se consigue
nada, mientras que liberarse de él lleva consigo algunos
problemas, es un perjuicio que trae como consecuencia otro.
Según este principio se aplicarán las consecuencias
también a la Ley Sagrada y al Amor; además se combinarán
los distintos factores de forma apropiada. Éstas son las
distintas consecuencias.
Cuando la prostituta se pregunta si el hombre, aunque satisfecho,
será generoso o no, se tiene una duda sobre lo útil.
Cuando no hay seguridad de que sea justo, sin conseguir beneficio
alguno, abandonar a un amante que ya no da nada, porque se le ha
exprimido como a un limón, es una duda sobre la Ley Sagrada.
¿Nacerá el amor o no, si se frecuenta a un siervo
a otro hombre de baja condición, sin conocer sus intenciones?
Es la duda sobre el Amor.
Se tiene una duda sobre el perjuicio cuando no resulta nada claro
si un hombre poderoso y de baja condición, no satisfecho,
puede hacer daño o no. Si se abandona o se muere un amante
apasionado, que no ha proporcionado ventaja alguna, ¿es una
acción culpable o no? Es la duda sobre la inmoralidad.
Cuando no se entiende lo que el amante desea, ya que no expresa
ni siquiera pasión, ¿es acaso intolerancia? Es la
duda sobre la aversión. Éstas son las "dudas
puras".
Ahora expondremos las "dudas mixtas". Cuando se dedican
atenciones a un forastero de carácter desconocido, o a un
hombre poderoso llegado hace poco, relacionado con un favorito,
surge la duda si tendrá como resultado lo Útil o un
perjuicio. Un sabio sacerdote, un estudiante, y por tanto sometido
a la castidad, o un hombre que ha sido consagrado, ha hecho votos
o pertenece a una secta particular, después de ver a la cortesana,
se ha apasionado y está a punto de morir; si ella lo visita,
por la petición de un amigo o por benevolencia, la duda está
en saber si la acción es conforme a la Ley Sagrada o contraria
a la misma. Acercarse a un hombre sin conocer sus méritos,
simplemente porque se lo indican otros, que no están seguros
de cómo es, implica la duda: ¿surgirá amor
o aversión? Estas posibilidades se deben combinar unas con
otras: son las "dudas mixtas".
Si, al visitar a otro hombre, se saca una ventaja, y al mismo tiempo
se consigue otro tanto de un amante apasionado, por rivalidad, es
un útil por dos lados. Pero, si un encuentro, que se lleva
a cabo cargando con los gastos, resulta infructuoso, y el amante
apasionado se enfada y se lleva sus regalos, se consigue un perjuicio
por dos caminos. Cuando no se sabe si se sacará ventaja de
la visita, y si el amante apasionado, por competencia, se mostrará
generoso, es una doble duda sobre lo Útil. De un encuentro
que exige gastos, en caso de que sea imposible saber si un amante
anterior, hostil, encorajinado provocará algo desagradable
o no, o si el hombre fiel, indignado, retirará todo lo que
le ha regalado, se tiene una doble duda sobre el perjuicio. Son
los "resultados dobles", según Svetaketu.
Los discípulos de Babhravya, por el contrario, mantienen:
cuando del encuentro con un hombre se consiguen unas ganancias,
mientras que del amante apasionado se sacan ventajas, incluso sin
ir a visitarle, tiene lugar un doble Útil. Si, realizando
una visita, hay que correr con los gastos sin resultado alguno,
mientras que, si se le niega [al amante fiel], se derivan inevitablemente
unas pérdidas, se tiene un perjuicio
por dos caminos. Cuando uno no está seguro de que, al visitar
a un hombre, éste será generoso sin mirar gastos,
ni que, no recibiendo visitas, el amante apasionado se mantendrá
generoso, existe una doble duda sobre lo Útil. Cuando, por
último, en el caso de una visita que exige gastar dinero,
no es seguro de que el amante de un tiempo atrás se mostrará
hostil y muy duro, y tampoco es seguro de que [el hombre fiel],
privado de estas visitas, por despecho, ocasionará pérdidas,
se tiene una doble duda sobre el perjuicio.
Cuando se cruzan estas situaciones, el resultado es: de una parte
lo Útil, de otra el perjuicio; por una cara lo Útil,
por otra la duda sobre lo Útil; por un lado lo Útil,
por otro la duda sobre el perjuicio; por una parte perjuicio, por
otra la duda sobre lo Útil; por una cara perjuicio, por otra
la duda sobre el perjuicio; por un lado la duda sobre lo Útil
y por otro la duda sobre el perjuicio. Éstos son los seis
resultados mixtos.
En casos parecidos, después de haber reflexionado con los
amigos, se acepte la duda sobre lo Útil, cuando las ganancias
parecen muy consistentes o resulte posible amortizar un grave perjuicio.
De esta forma, basándose en un razonamiento parecido, se
pueden ponen ejemplos hasta de casos relacionados con la Ley Sagrada
y con el Amor. Éstos se combinan y se cruzan entre sí.
Son los "resultados dobles".
Varios vita juntos suelen recibir a una sola prostituta: es la selección
en compañía. Cuando una mujer tiene relaciones con
uno o con otro debe buscar sacar ventajas de cada uno por la rivalidad
que los separa. En la fiesta de primavera y en ocasiones parecidas
haga que la madre advierta: "Hoy mi hija se irá con
aquél que le satisfaga éste o aquel deseo". Luego,
en los encuentros que surgen de esta competencia, valore las ventajas.
Útil en un sentido, o en todos los sentidos; perjuicio por
una parte, o por todas partes; Útil a medias, o en cada caso;
perjuicio a medias, o en todos los casos: los "resultados colectivos".
Como antes, también aquí aplíquense las dudas
sobre lo Útil y sobre el perjuicio, y procúrese mezclarlas;
y prácticamente lo mismo se haga en relación con la
Ley Sagrada y con el Amor.
Es el examen de las consecuencias y de las dudas relacionadas con
las ganancias y las pérdidas.
Los distintas categorías de prostituta son: la aguadora,
la mujer infiel, la desinhibida, la danzarina, la artesana, la mujer
completamente corrompida, la que vive de su belleza y la cortesana.
Para todas éstas vale, en los términos adecuados a
cada una, los planteamientos sobre clientes y amigos, cómo
satisfacerlos,
métodos para sacar dinero, cómo descartar a los amantes
y reconciliarse con ellos, éxitos de los distintos tipos
de ventajas y examen de las consecuencias y dudas relativas a las
ganancias y pérdidas.
Ésta es la prostitución.
Como cierre, dos estrofas sobre el particular:
Ya que los hombres persiguen el placer, y éste tiene lugar
con las mujeres -es el punto fundamental del tratado-, aquí
hemos hablado de los éxitos femeninos.
Hay mujeres entregadas a la pasión y mujeres que buscan el
dinero; en otra parte de este libro se ha descrito la pasión,
en la dedicada a las prostitutas, los resultados que obtienen.
Apsaras rodeando a una pareja que se besa, Templo de Visvanaha
Notas Prostitución
1. Es probable que se aluda a la cortesana que depende directamente
del Estado (situación descrita en el Artbasastra), en el
que se indica que la suma necesaria para rescatarla es muy elevada,
24.000 pana, en relación con su salario anual de unas 1.000
pana.
2. En I,12.
LAS DOCTRINAS SECRETAS
COMO HACERSE ATRACTIVAS
El Kamasutra habría terminado aquí; sin embargo, aquellos
que no consiguen lo que van buscando con las normas expuestas en
el mismo pueden acudir a estas doctrinas secretas. Belleza, cualidades,
juventud, generosidad: en estos factores se funda la seducción.
Un ungüento de tagara, kustha y hojas de talisa hacen hechizos;
también se puede usar el negro de humo como colirio preparado
con los mismos ingredientes, bien triturados, en un craneo humano,
extendiendo la mezcla con aceite de aksa. Un bálsamo de eficacia
parecida es el aceite de sésamo cocido con [raíces
de] punarnava, sahadevu, sariva y amaranto amarillo, y con hojas
de loto azul; esto funciona también en las guirnaldas.
Un hombre queda fascinado si lame polvo de fibras secas de loto,
loto azul y naga, con miel y mantequilla
aclarada. Pasa exactamente igual si se consigue un ungüento
de estas fibras, mezcladas con flores
de tagara, talisa y tamala.
Tiene un efecto hechizante mantener con la mano derecha un ojo de
pavo real o de hiena cubierto de oro; lo mismo que un amuleto de
azufaifa y uno de conchas. En estos casos se deben aplicar los encantamientos
del Atharvaveda.
Un amo, que sigue las artes mágicas y su doctrina, puede
mantener alejada de los demás durante un año a una
sierva que haya alcanzado la pubertad; luego entregue la doncella
alejada a aquel candidato, apasionado porque es guapísima,
que se muestre dispuesto en la disputa a ofrecerle mucho: es un
medio para acrecentar la fascinación. Cuando su hija es doncella,
la cortesana invite con gran fastuosidad a los pretendientes adecuados
para ella por cultura, carácter y aspecto, la prometa en
matrimonio a aquél que pueda ofrecerle dones especiales,
y luego la mantenga escondida. La muchacha, fingiendo que se ausenta
a espaldas de la madre, puede entregarse a los placeres con acaudalados
jóvenes elegantes; pacte encontrarse con ellos cuando va
a clase, en la sala de conciertos, en casa de una monja o en otros
lugares. Y a uno de ellos, si paga lo convenido, la madre puede
concederle la mano.
Si llegado el momento no consigue el dinero previsto, lo ponga de
su bolsillo, y diga que ese hombre se lo ha regalado a su hija.
En caso contrario, sólo conceda la virginidad de la doncella
tras casarse. Si ella se ha unido con los enamorados a escondidas,
a espaldas de la madre, ésta puede denunciar al hombre [primer
responsable] ante los jueces, a los que conoce muy bien. Las cortesanas,
de todas formas, dejan libre a su hija, cuando ha perdido la virginidad
por culpa de una amiga o una esclava, ha estudiado bien el Kamasutra,
es experta en los artificios que se aprenden con la práctica
y tanto su edad como su fortuna amorosa ya son florecientes; son
procedimientos antiguos.
El matrimonio de una muchacha así durará un año,
sin traiciones, luego ya no habrá vínculos de amor.
Sin embargo, al acabar el año, si el hombre que la ha esposado
le invita, puede hacerle una visita esa noche incluso a costa de
perder sus ganancias. Es la regla de la boda de la prostituta, y
la manera de incrementar su fascinación. Este mismo argumento
vale para las hijas de la gente de teatro. Éstos, sin embargo,
pueden conceder una doncella al hombre al que sacarían ventajas,
porque destaca con un instrumento musical. Son las distintas maneras
de hacerse atractivas.
COMO SUBYUGAR
Tiene un efecto subyugante hacer el amor con el pene rociado con
polvo de datura, pimienta negra y pippali; y, también, rociar
[a la otra persona] con el polvo cogido de una hoja que lleva el
viento, de la corona de un muerto y de los huesos de faisán.
El mismo efecto se consigue con polvo, mezclado con miel, sacado
de una hembra buitre muerta de muerte natural; se deben añadir
frutos de amalaka y darse un baño.
Nudosidades de euforbio hechas pedacitos, mezcladas con polvo de
arsénico rojo y de azufre, secadas siete veces y desmenuzadas
finamente; cuando se extiende un compuesto así en el pene
con un poco de miel y se hace el amor, la mujer se convierte en
esclava. Si con esa misma mezcla se enciende un fuego de noche,
se consigue que, velada por este humo, la luna parezca de oro. En
caso de que una doncella se rocíe con estas mismas sustancias
reducidas a polvo y mezcladas con heces de mona, ya no se entregará
a ningún otro.
Hágase un agujero en el tronco de un árbol de simsapa,
se metan nudosidades de vaca, rociadas con aceite de mango, durante
seis meses; extráiganse después, y de esta forma tendremos
el ungüento de los dioses, que, dicen, tiene el efecto de subyugar.
Cuando se hace una incisión en el tronco de un árbol
y se coloca, siempre durante seis meses, resina de khadira en astillas
finas, éstas cogen el olor de las flores de aquel árbol,
de esta forma se consigue el ungüento amado por los Dandharva(1),
el cual, como se dice, hace esclavos. Si se hace un agujero en un
tronco de naga y se meten dentro, durante seis meses, flores de
priyangu mezcladas con tagara y desleídas con aceite de mango,
se consigue el ungüento que le gusta a los Naga(2), que, dicen,
tiene la propiedad de subyugar.
Un hueso de camello metido en jugo de bhrngaraja y quemado nos ofrece
un preparado para los ojos; si éste se pone en un hueso tubular
y, mediante un bastoncito siempre de hueso de camello, unido con
antimonio, se obtiene una sustancia purificadora, saludable para
los ojos y que, como afirman, hace esclavos. La misma explicación
vale para los colirios que se sacan de huesos de halcones, buitres
y pavos reales. Estas son las distintas maneras para subyugar.
LOS ESTIMULANTES DE LA VIRILIDAD
Un hombre estimula la virilidad si bebe leche azucarada, a la que
se añade una cabeza de ajo, pimienta cavya y regaliz. Se
consigue también vigor sexual tomando leche en la que se
han cocido testículos de carnero o de macho cabrío
endulzada con azúcar; el mismo efecto tiene una bebida de
svayamgupta, vidari, ksirika y leche, a igual si se prepara añadiendo
a la leche semillas de priyala, raíces de caña de
azúcar y vidari.
También se pueden moler srngataka, kaseruka y regaliz con
ksirakakoli, añadir leche endulzada y flor de manteca, y
cocer a fuego lento un dulce; el hombre que come de esto hasta saciarse
se puede unir con muchas mujeres; es lo que cuentan algunos maestros.
Lo mismo sucede, siempre según algunos maestros, cuando un
hombre se alimenta con un plato así preparado: coja unas
judías abiertas, las lave con agua y las ablande pasándolas
por flor de manteca caliente, luego las saque y las cocine con leche
de una vaca que tiene un ternero ya crecido, añadiendo miel
y flor de manteca. Consigue el mismo efecto, dicen los maestros,
el que come hasta saciarse un dulce hecho con vidari, svayamgupta,
azúcar, miel, flor de manteca y harina de trigo. Funciona
lo mismo tomando hasta saciarse una bebida de leche y arroz empapado
en huevos de gorrión, regada con miel y flor de manteca;
y adquiere el mismo vigor el que toma hasta hartarse un dulce así
cocinado: sésamo desgranado empapado en huevos de gorrión,
frutos de srngaraka, kaseruka y svayamgupta, con harina de trigo
y de judías, leche endulzada y flor de manteca.
Dos pala para cada uno de flor de manteca, miel, azúcar y
regaliz, un karsa de madhurasa, un prastha de leche(3): este néctar
compuesto de seis ingredientes, según los maestros, es una
poción purificadora, capaz de dotar de virilidad y larga
vida. Hay además un plato preparado con una cocción
de satavari, svadamstra y melaza, una pasta de pimienta y miel,
leche de vaca y flor de manteca de cabra; se debe tomar todos los
días, empezando cuando la luna entra en Pusya(4); los maestros
afirman que es una receta purificadora, capaz de dar vigor sexual
y de alargar la vida.
También se pueden cocinar satavari, svadamstra y algunos
frutos majados de sriparni con cuatro partes de agua hasta conseguir
la consistencia adecuada; se coma este plato muy de mañana,
empezando cuando la luna entra en Pusya; también a esto,
las autoridades competentes en esta materia, lo consideran una receta
purificadora, capaz de dotar de virilidad y larga vida.
Y, por fin, se pueden tomar todos los días por la mañana
temprano, nada más levantarse, dos pala de una mezcla de
harina de cebada y polvos de svadamstra a partes iguales; es, según
los maestros, un preparado que purifica y da potencia erótica.
Conviene aprender las distintas maneras que hay para suscitar amor
del Ayurveda y del Veda(5), de las artes mágicas y de personas
preparadas.
No se utilicen procedimientos dudosos ni que supongan un riesgo
para el cuerpo, ni que requieran la muerte de seres vivos ni unidos
a sustancias impuras.
El hombre adicto a acumular potencia use los métodos propuestos
por los sabios y aprobados con todas las bendiciones por los brahmanes
y por los amigos.
COMO DESPERTAR EL DESEO QUE
SE APAGA
Si un hombre no se siente capacitado para satisfacer a una mujer
ardiente, busque remedio. Al empezar el amor, acaricie con la mano
sus partes íntimas y, cuando ella ya haya conseguido el placer,
se une a ella; es una manera de acceder al deseo. A su vez, el amor
con la boca despierta los sentidos de un hombre de débil
pasión, ya no tan joven, obeso o cansado por otras uniones.
En caso contrario, se puede recurrir a mecanismos artificiales.
Éstos han de ser de oro, plata, cobre, hierro, marfil, cuerno
de búfalo, estaño o plomo, suaves, con un efecto refrescante
o violentos; son los distintos apoyos artificiales según
Babhravya. Para Vatsyayana, pueden ser de madera o como a cada uno
le plazca.
Un mecanismo artificial debe tener un agujero de la medida del pene,
la circunferencia rugosa con nódulos y ser bastante voluminoso.
Dos de este tipo forman la "esclavina"; tres o más,
a lo largo, constituyen el "brazalete"; el "brazalete
único" se obtiene enrollando, según las dimensiones,
una sola espiral. El mecanismo con un agujero en las dos partes
de la embocadura [para que se pueda pasar un lazo], rociado con
glóbulos variegados, duros y rugosos, que se ajusta a las
medidas y se ata a la cintura, es la "coraza" o la "red".
Si no se puede conseguir esto, se pueden utilizar un tallo de alabu
o una caña de bambú, bien empapada en aceite y ungüentos
y atada a la cintura con una cinta, o incluso un collar de madera
lisa, anudado y con muchos nódulos de amalaka. Son los distintos
instrumentos artificiales agujereados.
Dado que consideran que sin esta operación no se puede hacer
bien el amor, los habitantes del Sur, por el contrario, hacen un
agujero en el pene, como se hace en los lóbulos de la oreja
a un niño. Un joven pedirá que le hagan la incisión
con un cuchillo, luego se meterá en el agua mientras sangra;
para mantener abierta la herida, aquella noche dedicará mucho
tiempo al amor. Pasado un día, limpiará esa parte
con cataplasmas. Para dilatar el agujero lo sujetará, mientras
se ensancha, con costillas de hojas de vetasa y kutaja; y volverá
a limpiarlo con regaliz mezclado con miel. Luego intentará
ensancharlo con un trocito de plomo, y aplicará aceite de
anacardo. Son los distintos procedimientos para agujerear el pene.
Se pueden aplicar a esa abertura mecanismos artificiales fabricados
con distintas formas: como el "redondo", el "semicírculo",
el "mortero", la "flor", la "espina",
el "hueso de garza", la "trompa", los "ocho
discos", el "remolino", el "cruce" y más
aún, según la imaginación y la práctica.
Tienen que resistir perfectamente al uso y deben ser suaves o rugosos,
según las costumbres. Así se puede despertar el deseo
que se apaga.
COMO ENGORDAR EL PENE
Un procedimiento es el siguiente: se comprime el pene con los pelos
de algunos insectos que nacen en los árboles, luego se le
dan unos masajes con aceite durante diez noches, de nuevo se le
aprieta con los pelos y se le vuelve a dar masajes; de esta forma
un hombre consigue que le engorde; entonces se echa
en la cama boca abajo, dejando que le cuelgue por un agujero [entre
las cuerdas de la hamaca]. Es el engrosamiento típico de
los vita, que les dura toda la vida, y que se llama "con pelos".
El engrosamiento dura un mes, si se frota el pene con cada uno de
los líquidos sacados de exprimir: asvagandha, tubérculos
dulces, sanguijuelas, frutos de brhati, mantequilla fresca de búfala,
hastikarna y girasoles. Estos procedimientos y otros parecidos se
aprenden dirigiéndose a personas preparadas.
Son las distintas maneras de engordar el pene.
PRACTICAS PARTICUIARES
Si se rocía a una mujer con polvo de espinas de euforbio,
mezclado con punarnava, excrementos de mona y raíz de langalika,
ya no podrá amar a otro. Se le apaga la pasión al
hombre que hace el amor con una mujer que ha aplicado a sus partes
íntimas polvo de ruta, avalguja, bhrnga, orín y hormigas,
y exudación densa de vyadhighataka y del fruto de la jambu.
Lo mismo que si se une a una mujer que se bañó en
polvo sacado de estercoleros, menta y hormigas, con suero de búfala
aguado.
Hacen desafortunado al amor el ungüento o las coronas preparadas
con flores de nipa, amrataka y jambu. Un bálsamo de kokilaksa
hace que se contraiga una noche una mujer elefante. Polvos de loto,
loto azul, kadamba, sarjaka y sugandba, majados en miel, dan un
ungüento que dilata a la mujer cierva.
Los frutos de amalaka en zumo de euforbio, soma, arka y ftutos de
avalguja tienen el poder de blanquear el pelo. Un baño con
raíces de jazmín silvestre, de kutajaka, añjanika,
girikarnika y slaksnaparni devuelve al pelo su color. Si se echa
en el pelo aceite cocido con estos ingredientes se pone negro, luego
queda como antes. Se blanquean los labios pintados con laca empapada
en sudor de los testículos de un caballo blanco. El jazmín
silvestre y otros ingredientes ya enunciados los devuelven a su
color
natural.
Al hombre que toca un caramillo empapado en menta, kustha, tagara,
talisa, deodara y euforbio, se le somete la mujer que oye esa música.
Si se toma una bebida con frutos de datura, se vuelve loco; la melaza
o la digestión le devuelven a la normalidad. Si extiende
en la mano heces de un pavo real que ha comido arsénico amarillo
o rojo, los objetos que coca se hacen invisibles.
Agua con cenizas de carbón y de hierbas y con aceite se pone
tan blanca como la leche. La vajilla de hierro cubierta de sravana
y priyanguka majados en baritaka y amrataka toma el color del cobre.
Cuando encendemos una lámpara de aceite de sravana y de priyanguka,
con una mecha de seda y una camisa de serpiente, si se ponen cerca
trocitos de madera, se consigue que éstos parezcan serpientes.
Beber leche de una vaca blanca que tiene un ternero blanco produce
gloria y larga vida; lo mismo que la bendición de los brahmanes
venerables.
Examinados los tratados anteriores y cumplidas sus prescripciones,
con gran esfuerzo y de forma concisa he expuesto este Kamasutra.
Quien sabe sus doctrinas entiende la Ley Sagrada, lo Útil
y el Amor, tiene confianza, conoce el mundo y no obra sólo
según su pasión.
Las formas extrañas de encender la pasión perfectamente
argumentadas en el tratado, inmediatamente después, en estas
mismas páginas, han sido expresamente prohibidas.
Cuando no existe un tratado, sólo se contempla la práctica;
conviene saber que la teoría comprende todo, mientras que
las aplicaciones se refieren sólo a una parte.
Vatsyayana ha escrito este Kamasutra teniendo en cuenta todos los
cánones, después de analizado y sometido a examen
el contenido del ensayo de Babhravya.
Esta obra ha sido redactada en castidad y con una concentración
extrema, para que sirva para la vida cotidiana: no ha sido compuesta
fijándose sólo en la pasión.
Vence los sentidos el que conoce a fondo el mensaje de este tratado,
mientras concede a la Ley, a lo Útil y al Amor el puesto
que tienen en el mundo.
Por este motivo el sabio experto en este libro, que respeta la Ley
y lo Útil, sin ser esclavo de la pasión ciega, tiene
éxito, si se adecúa a él cuando ama.
Notas Las Doctrinas Secretas
1. Míticos músicos celestiales, como se ha insinuado
en la relación de las distintas formas de matrimonio (cfr.,
nota III, 5), en las que el Dandharva se funda en el simple acto
de amor consensual y, por canto, de alguna forma, sobre el "hechizo"
mutuo.
2. Divinidades serpientes, que viven en el subsuelo, cuyo culto
se encuentra dinfundido por todas partes de India desde los tiempos
más remotos.
3. Pala, karsa y prastha, medidas de peso equivalentes, respectivamente,
a 38, 9,5 y 600 gramos aproximadamente.
4. Pusya es uno de los veintisiete (o veintiocho) maksatra, especie
de "constelaciones" características de la astronomía
india; más bien se trata de las casas humanas, o de los distintos
grupos de estrellas junto a los que pasa la luna, por así
decir, en cada uno de los días de su ciclo mensual.
5. El Ayurueda ("Ciencia de la vida") es la medicina tradicional
india, una rama que comprende, entre otras cosas, la preparación
de los afrodisíacos; con Veda se entiende en este caso el
Atharvaveda (cuarto libro de los Veda).
LUGARES GEOGRAFICOS
ABHIRA
Región habitada por la tribú homónima, al este
de Delhi.
AHIOCHATRA
Región entorno a la actual Ratnnagar.
ANDHRA
Territorio del Deccan entre los ríos Godavari y Krishna.
ANGA
Antiguo reino, ocupaha parte de la actual Bengala.
AVANTI
Antiguo reino, en la región de Ujjayini.
BAHUKA
Región montañosa, comprendida entre el norte de Pakistán
y Afganistán.
COLA
Antiguo reino, asomado a la costa del Coromandel.
DRAVIDA
Región de la costa oriental del Deccan, corresponde a Tamil
Nadu.
GAUDA
"País del azúcar de caña", corresponde
al Bengala occidental.
GRAMANARI
Región de la fantasia, "Villas femeninas".
HIMAVAT
El "Nevoso", uno de los nombres de la cadena del Himalaya.
INDO
El gran río, forma en su curso superior el fértil
Punjab.
KALINGA
Reino comprendido entre los ríos Mahanadi y Godavari.
KASI
El actual Benares, ciudad sagrada sobre el río Ganges.
KOSALA
La antigua y moderna ciudad de Ayodhya.
KOTTA
"Fortaleza", antigua ciudad del actual Gujarat.
LATA
Reino que se extendía por la parte meridional del actual
Gujarat.
MADHYADPSA
"Región central" del none de India, que corresponde
a Uttar Pradesh.
MAHARASTRA
"Gran reino", nombre de un amplio territorio en el centro-occidental.
MALAVA
Probablemente la región de Malwa, al norte del río
Narmada.
PAÑCALA
Región al E de Delhi; en tiempos védicos habitada
por pueblo poderoso.
PATAHPUTRA
Antigua capital de Magadha, que corresponde a la actual Patna.
SAKETA
Otro nombre de la ciudad de Ayodhya; cfr, KOSALA.
STRIRAJYA
"Reino de las mujeres", colocado en el extremo norte.
SURASENA
Región de Mathura, en el norte de India.
SURASI'RA
Actual Kathiawar, peninsula de India occidental.
VANAVASA
Este reino ocupaba los boscosos Gatos occidentales, al E de Konkan.
VANGA
Antiguo reino del Bengala oriental, hoy Bangla Desh.
VATSAGULMA
Probablemente un reino del Deccan.
VIDARBHA
Reino al sur de los montes Vindhya, en el centro, corresponde a
Bera.
NOMBRES BOTANICOS.
Lista de plantas y árboles de India, de los que hemos conservado
los términos originales. Junto al nombre sánscrito,
va el equivalente botánico oficial:
aguimantba (Premna spinosa o Clerodendrom phlomoides); aksa (Terminalia
beIlerica); alabu (Lagenaria vulgaris); aluka (Arum campanulatum);
amalaka (Emblica officinalis Gaenn.); amrataka (Spondias mangifera);
afjanika; arka (Calotropis gigantea); asoka (Jonesia asoka Roxb.);
asuagandba (Physalis fexuosa o Withania somnifera); atmlguja(Vemonia
anthelminthica); bbrnga, bbrngaraja(Eclipta prostrata o alba); brbatf,;
cavya (Piper chaba); coraka (Trigonella corniculata); girlkarnika
(Clitoria tematea); baritaka (Temtinalia chebula); bastikarna(Alocasia
macrorrhiza); jambu(Eugenia jambolana); kadamba (Nauclea cadamba
o Anthocephalus indicus); kapittba (Feronia elephantum); kaseruka
(Scirpus kysoor); kbadira (Acacia catechu); kokilaksa (quizdu, Asteracantha
longifolia); ksirakakoli; ksirlka; kustha(Costus speciosus oSaussurea
lappa); kutaja, kutajaka (Wrightia antidysenterica); laugalika (Methonia
superba o Jussiaea repens); madburasa (Sanseviera Roxburghiana);
rurga (Mesua Roxburghii); randyauarta; nipa (cfr., kadamba); pqpali
(Piper longum); priyala (Buchanania latifolia); prlyangu, priyanguka
(Panicum italicum); punarnaua(Boerhavia procumbens); sabadevi(Sida
cordifolia o Vernonia cinerea); sala (Vatica o Shorea robusta);
salmali (Bombax eptaphyllum o Salmalia malabarica); sariaa (Ichnocarpus
frotescens); sarjaka (quizás, Terminalia tormentosa); satavarl
(Asparagus racemosus); simsapa (Dalbergia sissoo); slaksnaparni;
soma; sravana; sriparni (Gmelina arborea); srngaraka; srngataka
(Trapa bispinosa); sugaudba (Andropogon schoenanthus); sukauasa;
surana, valaka (Amorphophallus campanulatus); svndamstra (Asteracantha
longifolia o Pedalium murex); svayamgupta (Mucuna proritus); tagara
(Tabemaemontana coronaria); talisa (Flacounia cataphracta o Abies
Webbiana); tamala (Xanthochymus pictorius o Cinnamomum tamala);
tilaparnika (quizás, Gmelina arborea); tumbi (Lagenaria vulgaris);
usiraka (Andropogon muricatus); vaca (Acorus calamus); vetasa (Calamus
rotang); vidart (Batatas paniculata o Hedysarum gangeticum); uyadbigbataka
(Cathanocarpus fistula).
Acerca de esta obra
Apsara dialogando con maestro religioso
Uno de los más antiguos tratados del amor y la sexualidad.
Durante Siglos este tipo de literatura ha sido rechazada por Occidente,
a tal punto que llegan a nuestras manos solo unos cuantos fragmentos
escritos por varias generaciones de sabios. Kamasutra presenta un
universo de placeres creados y narrados en el seno de una cultura
donde la sexualidad poseía un rol central e integral. Esta
obra intenta ser una brújula en el laberinto del amor y el
sexo. El relato va más allá de un catálogo
de consejos para obtener placeres y nos muestra particularidades
de una forma de vida diferente. No espere un manual de trucos sexuales
para el año 2000 sino un interesante ejemplo acerca de cómo
una cultura diversa concibió las relaciones integrales entre
hombre y mujer. Eso si, no se lo pierda, algo le va a enseñar.
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