NAVIDAD

Pensamientos

Este LISTADO pertenece al Grupo de Ciencias del Lenguaje

Abecedario para la Navidad

Agradecer a Dios el habernos regalado las personas con las que convivimos.
Buscar el bien común por encima de los intereses personales.
Dar lo mejor de uno mismo, poniéndose siempre al servicio de los otros.
Estimar a los otros sabiendo reconocer sus capacidades.
Facilitar las cosas dando soluciones y no creando más problemas.
Ganar la confianza de los otros compartiendo con ellos sus preocupaciones.
Heredar la capacidad de aquellos que saben ser sinceros con valentía y respeto.
Interceder por los otros a Dios, antes de hablarle de nuestras cosas.
Juzgar a los otros por lo que son, no por lo que tienen ni por lo que aparentan.
Limitar las ansias personales frente a las necesidades del grupo.
Llenarse con lo mejor que uno encuentra en el camino de la vida.
Mediar entre los compañeros que no se entienden.
Necesitar de los otros sin ningún prejuicio.
Olvidar el miedo al qué dirán dependiendo de la opinión de los demás.
Preocuparse por los más débiles o más necesitados.
Querer siempre el bien de las personas.
Respetar las opiniones de los demás, los derechos de las personas y de los animales.
Salir al encuentro del otro, no esperando que él dé el primer paso.
Tolerar los defectos y límites propios y ajenos con sentido del humor.
Unirnos todos para vivir en paz y armonía.
Valorarse con realismo sin creerse superior a los demás.
X es una incógnita que invita a la búsqueda constante de la verdad con mayúscula.
Yuxtaponer ilusiones y esperanzas, trabajos y esfuerzos por crear fraternidad.
Zambullirse sin miedo en el nuevo día que Dios regala cada mañana.

Estrella y camino, prodigio de amor,
de tu mano, Madre, hallamos a Dios.

Todos los siglos están mirando hacia ti,
todos escuchan tu voz temblando en un sí.
Cielos y tierra se dan en tu corazón
como un brazo de paz, ternura y perdón.

Tú nos lo diste en Belén, en pobre portal,
en tu regazo lo ven el rey y el zagal.
Tú nos lo diste en la cruz, altar de dolor,
muerto en tus brazos está un Dios redentor.

Toda la Iglesia con fe eleva un clamor,
puestos los ojos en ti, la Madre de Dios.
Puente y sendero de amor, sublime misión
la de traernos a Dios en tu corazón.

II

Hermanos, Dios ha nacido
sobre un pesebre, Aleluya.
Hermanos, cantad conmigo:
"Gloria a Dios en las alturas".

Desde su cielo ha traído
mil alas hasta su cuna.
Hermanos, cantad conmigo:
"Gloria a Dios en las alturas"

Hoy mueren todos los odios
y renacen las ternuras.
Hermanos, cantad conmigo:
"Gloria a Dios en las alturas"

III

Iba María, la muy delicada,
a pie, con sus grávidas santas entrañas,
subiendo las ásperas, altas montañas,
por no fatigar la asnilla cansada.
Contempla, cristiano, la Reina preñada,
cual iba propicia del parto del Rey;
y el viejo tras ella con un flaco buey
para el tributo y dispensa gastada.

Llegaron los pobres a la ciudad:
buscaban por ella mesón y posada;
fueles de todos ella denegada
considerando su gran pobredad.
Andaba la Virgen con gran humildad
por calles y plazas, asaz vergonzosa,
sus ojos en tierra, la más que graciosa,
muy más honesta que la honestidad.

Oh Madre preciosa de Dios verdadero!
Tú eres del mundo la propia Señora.
¿Y cómo te falta mesón a tal hora
viéndote pobre con el carpintero?
Oh, si yo fuera en Belén mesonero!
Cierto, Señora, por buena manera
a todos echara, a ti recibiera,
sin que pagaras un solo dinero.

¿Y cómo no visteis, oh ciegos pintores,
la gran hermosura de esta doncella?
Pudiérades cierto, sacar por aquella,
alguna figura de grandes primores.
Oh hembras preñadas y nobles señores!
¿Cuál ya crudeza os pudo tener,
viendo preñada tan tierna mujer
y no recibida con muchos honores?

Andando confusos buscando el hostal,
llegan a un pobre civil portalejo:
la Virgen reposa y el viejo
ata la asnilla y el buey animal.
Este que digo, muy pobre portal,
era el establo de muchos ganados
y a las de veces de muchos cuidados
cuando no hallan algún hospital.

Estaba la Virgen asaz encogida
en tierra, sin otro colchón acostada;
la lumbre de flaca toda apagada,
y más la cabaña muy oscurecida.
Vino la hora que fuese parida
la Reina del cielo en aquellos estrados
el suelo pajizo por seda y brocados:
mira qué pompa tan esclarecida!

IV

"Canción a Nuestra Señora". Nicolás Núñez (siglo XV)

Oh Virgen que a Dios pariste,
y nos diste
a todos tan gran victoria!
tórname alegre de triste
pues pudiste
tornar nuestra pena gloria.

Señora, a ti me convierte
de tal suerte,
que destruyendo mi mal,
yo nada tema la muerte
y pueda verte
en tu trono angelical.

Pues no nacida naciste
y mereciste
alcanzar tan grande memoria,
tórname alegre de triste,
pues pudiste
tornar nuestra pena gloria.

V

"Villancico". Juan del Encina (1469-1529)

(...)
Tanta fue tu perfección
y de tanto merecer
que de ti quiso nacer
quien fue nuestra redención;
no hay otra consolación,
vida mía,
sino a tí, Virgen María.

El tesoro divinal
en tu vientre se encerró
tan precioso que libró
todo el linaje humanal;
a quién quejaré mi mal,
vida mía,
sino a tí, Virgen María.

Tu sanaste nuestra fe
con el sello de la cruz,
tu pariste nuestra luz,
Dios de ti nacido fue;
nunca más llamaré,
vida mía,
sino a tí, Virgen María.

De clara virginidad
fuente de toda virtud,
no ceses de dar salud
a toda la cristiandad;
no pedimos piedad,
vida mía,
sino a ti, Virgen María.

VI

"Villancico a la Noche de Navidad" (Puerto Carrero)

Oh que nueva novedad,
novedad maravillosa!
que Virgen, Madre y esposa
de toda la Trinidad!

Hija de Dios poderoso
Madre de Dios uno y trino!
Qué parto tan glorioso!
Qué misterio tan divino!
Qué divina humanidad!
Divinidad tan hermosa!
Que obra tan milagrosa
de toda la Trinidad!

VII

"El sol de una estrella". Pedro de Padilla

Nacer el sol de una estrella
sólo se vio en este día,
que nace Dios de María,
quedando madre y doncella.

En la Virgen con tal arte
usó Dios de su primor,
que lo más en lo menor,
y el todo encerró en la parte,
y grandeza como aquella
hoy muestra lo que encubría,
y nace Dios de María,
quedando madre y doncella.

Que el sol de justicia salga
donde le podamos ver,
y que sola una mujer
a tan gran efecto valga;
extrañeza como ella
hoy sólo ver se podía
que nace Dios de María,
quedando madre y doncella.

Sólo de esta Virgen pura
esto se puede esperar,
que por humilde alcanzar
mereció tan gran ventura.
Llegad con su Hijo a ella,
y allí veréis, alma mía,
que nace Dios de María,
quedando madre y doncella.

VIII

"En el nacimiento del Salvador". Luis de Góngora (1561-1627)

Caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno.
Que glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!.

Cuando el silencio tenía
todas las cosas del suelo
y coronada de hielo
reinaba la noche fría,
en medio de la monarquía
de tiniebla tan cruel,
caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno.
Que glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!

De un solo clavel ceñida
la Virgen, aurora bella,
al mundo se le dio, y ella
quedó cual antes, florida:
a la púrpura ácida
sólo fue el heno fiel.

Caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno.
Que glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!.

El heno, pues, que fue lino,
a pesar de tantas nieves,
de ver en sus brazos leves
este Rosicler divino,
para su lecho fue lino,
oro para su dosel.
Caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno.
Que glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!.

IX

"La Virgen con el Niño". Lope de Vega (1562-1635)

La Niña a quien dijo el Ángel
que estaba de gracia llena,
cuando de ser de Dios madre
le trajo tan altas nuevas,
ya le mira en un pesebre,
llorando lágrimas tiernas,
que obligándose a ser hombre
también se obligó a sus penas.

¿Qué tenéis, dulce Jesús?,
le dice la niña bella;
¿tan prestos sentís, mis ojos,
el dolor de mi pobreza?

Yo no tengo otros palacios
en que recibiros pueda,
sino mis brazos y pechos
que os regalan y sustentan.

No puedo más, amor mío,
porque si yo más pudiera,
vos sabéis que vuestros cielos
envidiaran mi riqueza.

El niño recién nacido
no mueve la pura lengua,
aunque es la sabiduría
de su eterno Padre inmensa.

Mas revelándose al alma
de la Virgen la respuesta,
cubrió de sueño en sus brazos
blandamente sus estrellas.

Ella entonces desatando,
la voz regalada y tierna,
así tuvo a su armonía
la de los cielos suspensa.

(...)

X

"A vos, gloriosa Madre". Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631)

Vos, gloriosa Madre,
que le dais el pecho,
recogednos las perlas
que vierte gimiendo;
que por ser de sus ojos
no tienen precio.

Cuanto sus ojos miraren,
veremos fértil y lleno,
la tierra de alegres frutos,
de serenidad del cielo.

Cesará el rigor del rayo
y la amenaza del trueno;
pondrá a los pies de la paz
la venganza sus trofeos.

Obrad, lágrimas suaves,
nuestro general remedio,
y salgan de suspensión
la esperanza y el deseo.

Vos, gloriosa Madre,
que le dais el pecho,
recogednos las perlas
que vierte gimiendo;
que por ser de sus ojos
no tienen precio.

Niño divino y humano,
pues venís para volvernos
a la gracia, que al principio
nos quitó el primer exceso,
comience a esparcir sus glorias
la unión de los dos extremos;
porque el odio y el amor
no caben en un sujeto.

En vuestras lágrimas hierve
la calidad del afecto;
haced que el orbe se abrase
en tan amoroso incendio.

Vos, gloriosa Madre,
que le dais el pecho,
recogednos las perlas
que vierte gimiendo;
que por ser de sus ojos
no tienen precio.

XI

"¿Quien ha entrado en el portal de Belén?". Gerardo Diego (1896-1987)

¿Quién ha entrado en el portal,
en el portal de Belén?
¿Quién ha entrado por la puerta?
¿quién ha entrado, quién?

La noche, el frío, la escarcha
y la espada de una estrella.
Un varón -vara florida-
y una doncella.

¿Quién ha entrado en el portal
por el techo abierto y roto?
¿Quién ha entrado que así suena
celeste alboroto?

Una escala de oro y música,
sostenidos y bemoles
y ángeles con panderetas
dorremifasoles.

¿Quién ha entrado en el portal,
en el portal de Belén,
no por la puerta y el techo
ni el aire del aire, quién?

Flor sobre impacto capullo,
rocío sobre la flor.
Nadie sabe cómo vino
mi Niño, mi amor.

 

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