FABULAS-12

FRANCISCO EIXIMENIS

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Francesc Eiximenis (nacido en Girona entre el 1327 y 1332 y muerto en Perpinyà en 1409) fue un fraile franciscano que escribió literatura para divulgar de manera sencilla los principios fundamentales de la religión y la filosofía.

Su obra religiosa y moralista era leída especialmente por la gente de las ciudades, de la sociedad perteneciente a la burguesía. Trataba a través de sus escritos, de transmitir la doctrina. Era un hombre de sólida formación intelectual, además había viajado a Óxford, París, Tolosa. Retornó a la Corona de Aragón y no sólo realizaba la predicación, sino que fue encargado de efectuar gestiones políticas para los Ayuntamientos de Barcelona y de Valencia, adonde se radicó entre 1383 y 1408. Fue consejero del Rey.

Era un escritor de prestigio reconocido. Su obra más importante fue "Lo Crestià" (1382), que iba a constar de trece tomos, con todos los fundamentos del cristianismo. En 1383 publicó "Regiment de la cosa pública" que da una visión de la sociedad medieval; el "Libro De Natura Angélica" de la primera mitad del Siglo XV; el "Libro de las donas"; la "Vita Christi"; el "Tractat de regiment dels princeps e de comunitats", del que la Biblioteca de Catalunia posee un incunable del siglo XV; y "Fábulas".


LA ZORRA Y EL LEON
Había una vez un león que tenía hambre, y queriendo encontrar ocasión para comer, preguntó a la oveja cómo era su aliento. Y la oveja respondió la verdad, diciéndole que muy apestoso. El león, fingiéndose entonces ofendido, le dio un fuerte golpe en la cabeza y la mató diciéndole : - ¡Ahí va! porque no has sentido vergüenza de ofender a tu rey. ¡Ahora recibe eso!
Después preguntó el león lo mismo a la cabra , es decir, si su aliento olía bien. Y la cabra, viendo cuán mal lo había tomado con la oveja, le contestó que su aliento era maravilloso y olía muy bien.
Entonces el león le pegó un fuerte golpe en la cabeza y la mató exclamando :
- ¡Ahí va! porque me has adulado con falsedades. ¡Ahora toma eso!. Y después hizo aquella misma pregunta a la zorra, pidiéndole cómo tenía el aliento. Pero la zorra se alejó de él, recordando lo mal que les había ido a las otras y le contestó :
- ¡De buena fe, señor , le digo que no le puedo responder a su pregunta, puesto que me hallo resfriada y nada percibo de su aliento!.
Y así se escapó del león. Y los demás animales que se pusieron en el peligro, sin provecho murieron, ya que no supieron evadirse y alejarse de la respuesta.

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